Garganta, nariz y oídos en alerta por los bruscos cambios de temperatura
Edición Impresa | 10 de Febrero de 2026 | 04:05
Con el verano avanzado y jornadas marcadas por el calor intenso, el uso permanente de ventiladores y aires acondicionados se vuelve casi inevitable. Sin embargo, ese alivio térmico puede traer consecuencias para la salud. Así lo advierte el doctor Heraldo Tavella, especialista platense en Otorrinolaringología, quien explica que muchas de las enfermedades típicamente asociadas al invierno también se presentan con fuerza durante los meses de calor, impulsadas por los cambios bruscos de temperatura.
“El principal problema son los cambios bruscos de temperatura, ya sea en verano o en invierno”, señala Tavella. Según explica el médico egresado de la Universidad Nacional de La Plata, pasar de un ambiente muy frío a uno muy caluroso, o al revés —una situación habitual en días de altas temperaturas— “puede afectar la vía aérea superior, predisponiendo a cuadros de rinitis, rinosinusitis, faringoamigdalitis, faringitis y, asociado a esto, otitis medias agudas”. No se trata solo de una molestia pasajera: el impacto térmico altera mecanismos clave de defensa del organismo.
El especialista, con especialización y cursos en Harvard, Instituto Otológico García Ibáñez (España) e Institute Portmann (Francia), detalla que estos cambios influyen directamente sobre la mucosa de la vía aérea superior, que funciona como primera barrera frente a agentes externos. “Esto sucede porque se altera la primer barrera de defensa de la mucosa, con sequedad y parálisis de las cilias de las células”, explica. Esas cilias, describe Tavella, “son como unos pequeños pelitos que tienen las células para enviar la mucosidad hacia la faringe”. Cuando dejan de funcionar correctamente, aumenta el contacto con virus, bacterias, alérgenos y sustancias tóxicas, lo que desencadena una reacción inmunológica que se traduce en inflamación.
En ese contexto, el rol del aire acondicionado resulta central. “El papel de los aires acondicionados en esto tiene mucho que ver, ya que generalmente el aire que emiten es un aire seco, por tanto seca las mucosas”, advierte el médico. Esa sequedad reproduce el mismo mecanismo de debilitamiento de las defensas naturales de las vías respiratorias. En cuanto a los ventiladores, aclara que “quizás el aire es un poco menos nocivo”, pero también puede generar problemas “si está en forma directa a la persona, por ejemplo cuando está durmiendo, porque también seca las mucosas”.
Para reducir los riesgos, Tavella enumera una serie de medidas preventivas simples pero efectivas. “Primero, tener los filtros del aire acondicionado bien limpios, para que no vehiculicen sustancias alergénicas”, recomienda. También sugiere que la temperatura esté regulada en torno a los 24 grados y que el ambiente no sea excesivamente seco. “Es fundamental mantenerse hidratado para que las mucosas estén húmedas y tratar de que el ambiente esté humidificado”, insiste.
La humedad, subraya el especialista, cumple un rol clave en la protección de la vía aérea. “Las mucosas cuando están secas predisponen a la penetración de bacterias, virus y alérgenos y, como dije antes, provocan una inflamación que puede terminar en un cuadro de rinitis, sinusitis, faringitis, etcétera”, afirma.
Finalmente, Tavella remarca cuáles son los síntomas que no deben pasarse por alto durante el verano y que justifican una consulta médica. “El dolor de oído, sobre todo cuando está acompañado de una sensación de disminución auditiva, es un motivo claro de consulta”, señala. A eso se suman la supuración, la congestión nasal con mucosidad purulenta, la cefalea frontal u orbitaria y la odinofagia, es decir, el dolor de garganta. “Todos esos síntomas son indicación de consulta con un otorrinolaringólogo”, concluye, en un llamado a no subestimar señales que, en pleno verano, muchas veces se confunden con molestias menores.
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