Cuán efectivo es hacer ayuno intermitente para bajar de peso

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El ayuno intermitente (AI) se convirtió en los últimos años en una de las estrategias nutricionales más populares, tanto en consultorios como en redes sociales. Prometido como método eficaz y práctico para adelgazar, su crecimiento fue meteórico. ¿Pero tiene más respaldo científico que las dietas hipocalóricas tradicionales?

Una nueva revisión sistemática del Centro Cochrane Asociado del Hospital Italiano de Buenos Aires aporta datos para responder esa pregunta y llama a la cautela. El análisis incluyó 22 estudios con 1995 adultos con sobrepeso u obesidad y evaluó las tres modalidades más difundidas: el ayuno en días alternos (24 horas de ayuno seguidas de 24 de alimentación), la dieta 5:2 (dos días de ayuno o ingesta muy reducida por semana) y la alimentación con restricción horaria, como el esquema 16:8.

El hallazgo central surge de la comparación con la restricción calórica continua —comer menos todos los días—. Según los datos, el ayuno intermitente podría no generar una diferencia clínica significativa en la pérdida de peso a corto plazo (entre 3 y 12 meses). En promedio, quienes practicaron ayuno y quienes redujeron calorías diariamente bajaron una cantidad similar de kilos.

El AI sí mostró ventaja frente a no hacer cambios en la dieta habitual: en ese caso, permitió reducir entre el 3% y el 5% del peso corporal. Sin embargo, no se detectaron mejoras relevantes en parámetros metabólicos asociados al perfil lipídico. En colesterol total, HDL y triglicéridos —evaluados en estudios que incluyeron entre 899 y 989 participantes—, el ayuno intermitente puede tener poco o ningún efecto medido en mg/dL.

Los autores advierten además que la certeza de la evidencia es baja a moderada. Muchos ensayos tuvieron muestras pequeñas y seguimientos cortos. No existen datos consistentes sobre qué ocurre más allá de los 12 meses.

En cuanto a la seguridad, los efectos adversos reportados fueron leves —cefalea, mareos, náuseas o irritabilidad—, pero la forma desorganizada en que se notificaron dificulta evaluar con precisión su impacto a largo plazo.

En suma, el ayuno intermitente puede ser una herramienta más dentro del abanico terapéutico, pero no muestra superioridad metabólica frente a una dieta hipocalórica bien diseñada. La clave estaría en la adherencia. Si una persona logra sostener mejor una ventana horaria restringida que el conteo diario de calorías, el método puede resultar válido, siempre con supervisión profesional.

 

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