Verano en carpa: una opción que pierde terreno

En campings tradicionales de la costa bonaerense cayó hasta un 30% el público más popular. Afirman que no migró a otros destinos: este año directamente no pudo viajar

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El mapa del verano cambió esta temporada en los campings históricos de la costa bonaerense. Donde antes predominaban las carpas familiares, hoy se imponen motorhomes, casillas rodantes y camionetas nuevas. La postal es clara: el acampe tradicional retrocede y el perfil del visitante es otro.

En el Camping Miguel Lillo, en Necochea, la merma fue contundente. Sólo en enero hubo casi ocho mil viajeros menos que el año anterior, una caída interanual del 30%. Las parcelas que solían estar ocupadas en un 70% por carpas ahora muestran el fenómeno inverso: el 80% del espacio lo ocupan vehículos de mayor porte y apenas un 20% corresponde al acampe clásico.

Rafael Mugica Lázaro, concesionario del predio, descarta que el público haya optado por otros destinos. “No es que la gente se haya ido a Brasil; es que este año ni siquiera pudieron llegar hasta Necochea”, afirma. A su entender, el problema “no es que el camping sea caro”, sino que “el costo de vida y el transporte han dejado al público popular sin margen de maniobra”.

LOS COSTOS

Los números acompañan esa lectura. Acampar en Necochea cuesta en efectivo alrededor de $12.500 por persona. Una pareja que llega en casilla rodante paga $32.300. En Santa Teresita, en Estancia El Carmen —un predio activo desde 1974—, la parcela para dos personas con auto cuesta $33.000 por día; si arriban en motorhome, $37.000 en efectivo. Con otros medios de pago, la tarifa aumenta 15%. En el Camping Splash, también en esa localidad, dos personas en carpa abonan $20.500 y en casilla rodante, $23.000.

Aun así, la tendencia es desigual. En Estancia El Carmen la temporada 2026 cerró con números superiores a los del año pasado, tras un ajuste tarifario que no superó el 15% y una estrategia enfocada en redes sociales. “No habíamos tenido una buena temporada en 2025, porque las tarifas no estaban bien”, señaló Pablo Domínguez, su propietario. Sin embargo, incluso allí el número de carpas cayó 10% y las cabañas fueron lo primero en ocuparse.

El impacto es más fuerte en los campings orientados a un público masivo. Según Domínguez, el quiebre se percibe en el Conurbano bonaerense y en grandes ciudades del interior como Bahía Blanca o en provincias como Santa Fe. Comerciantes y trabajadores que antes cargaban el auto para una quincena hoy reducen la estadía: en Necochea, el promedio bajó de siete días a apenas dos.

El resultado es un paisaje fragmentado. En las zonas arboladas se alinean vehículos de alta gama; en el resto, parcelas vacías. El camping, tradicional refugio de los sectores populares, enfrenta un verano con menos carpas y estancias más breves. No hubo migración masiva a otros destinos: para muchos, simplemente no hubo vacaciones.

 

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