La medusa fantasma que habita el océano profundo

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Durante más de un siglo, la Stygiomedusa gigantea ha sido poco más que una aparición fugaz en las profundidades del océano. Registrada por primera vez en 1910, esta enigmática criatura se ganó el apodo de “medusa fantasma” porque sus encuentros con humanos han sido tan raros como breves. Y eso que no pasa desapercibida: sus brazos planos pueden superar los diez metros de longitud, lo que la convierte en uno de los cnidarios más grandes jamás observados. Científicos del Monterey Bay Aquarium Research Institute lograron filmarla en contadas ocasiones y describen su desplazamiento como lento y elegante, casi hipnótico. A diferencia de otras medusas, no posee células urticantes conocidas, un detalle que desconcierta a los biólogos y refuerza su singularidad. Sus cuatro brazos no cazan con picaduras, sino que envuelven suavemente pequeños peces y crustáceos en la oscuridad del abismo. Tradicionalmente se la ubicaba entre los 1.000 y 3.000 metros de profundidad, pero observaciones recientes la detectaron mucho más arriba, incluso a menos de 100 metros, en aguas frías cercanas a la Antártida. Estos avistamientos, logrados con sumergibles modernos, ampliaron su mapa de distribución. Pese a los avances, gran parte de su vida sigue siendo un misterio: no se sabe con certeza cómo se reproduce ni cuánto vive. La Stygiomedusa gigantea permanece como un recordatorio fascinante de cuánto queda aún por descubrir en los océanos del planeta.

 

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