Faustino Oro, el prodigio argentino del ajedrez mundial, vive en Barcelona y mantiene su pasión por Vélez
| 3 de Febrero de 2026 | 09:18
La consolidación de Faustino Oro como el maestro internacional más joven de la historia representa un cambio de paradigma en el ajedrez profesional. A los 10 años, 8 meses y 16 días, el jugador argentino superó el récord mundial de precocidad durante un certamen magistral en Barcelona, un hito que sitúa su evolución técnica por encima de la que mostraron leyendas como Magnus Carlsen o Bobby Fischer a su misma edad. Este ascenso meteórico tuvo su origen en una circunstancia accidental durante el confinamiento de 2020, cuando sus padres introdujeron el juego en su rutina diaria para compensar el cierre de las escuelas.
El traslado de la familia desde Buenos Aires hacia Badalona, en la periferia de Barcelona, fue una decisión estratégica para potenciar su carrera en el circuito europeo, donde la densidad de torneos de alto nivel es mayor. Actualmente, el joven dedica 55 horas semanales al perfeccionamiento de su juego, bajo la supervisión de cuatro entrenadores que trabajan de forma remota desde Argentina. Este equipo técnico se divide las tareas de análisis, enfocándose en aperturas específicas y en la revisión de partidas previas para depurar la técnica del menor.
A pesar de su profesionalismo frente al tablero y de una formación influenciada por algoritmos de inteligencia artificial, el entorno de Oro destaca que el niño mantiene sus intereses personales intactos. Entre ellos, sobresale su vínculo inalterable con Argentina a través de su pasión por el club Vélez Sarsfield, equipo al que sigue con atención desde Europa. Sus padres enfatizan que, fuera de las horas de entrenamiento, Faustino conserva la identidad de un niño de su edad, con una marcada preferencia por los dulces y una fuerte conexión emocional con su país de origen.
El esquema de vida de la familia en España se organiza hoy en torno a la búsqueda de un equilibrio entre la alta competencia y la formación académica. Mientras Alejandro Oro, su padre, se desempeña en la Federación Catalana de Ajedrez y busca reinsertarse en el sector farmacéutico, la prioridad es que Faustino inicie el ciclo escolar en una institución que permita compatibilizar los estudios con su calendario deportivo. Según sus allegados, el objetivo primordial es que el joven siga encontrando placer en el juego, sin perder la socialización y la inocencia propias de su etapa vital.
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