Khamenei, el final del temible líder iraní que fue cazado en las sombras

Durante décadas gobernó con puño de hierro, aplastó protestas y desafió a Occidente. Pero esta vez su suerte estaba echada

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Alí Khamenei no era un líder más. Desde 1989, cuando sucedió al ayatollah Ruhollah Jomeini, se convirtió en el dueño absoluto del poder en Irán. Ningún presidente, ningún parlamento, ningún clérigo estuvo por encima suyo. Su palabra era ley.

Con su turbante negro —símbolo de descendencia directa del profeta Mahoma— y su espesa barba blanca, construyó una imagen de austeridad y firmeza. Pero detrás de esa apariencia sobria operó una maquinaria represiva que sofocó una y otra vez cualquier desafío interno.

Reprimió las protestas estudiantiles de 1999, aplastó las masivas manifestaciones tras las polémicas elecciones de 2009 y ordenó una dura ofensiva contra las movilizaciones de 2019. El movimiento “Mujer, Vida, Libertad”, desatado por la muerte de Mahsa Amini en 2022, también fue contenido con detenciones masivas y, según organismos de derechos humanos, miles de muertos.

Khamenei siempre resistía. Siempre sobrevivía.

La guerra que lo obligó a esconderse

En junio de 2025, un ataque sin precedentes de Israel desató una guerra de 12 días que expuso la vulnerabilidad del sistema iraní. Los servicios de inteligencia israelíes demostraron una penetración profunda en las estructuras del régimen.

Por primera vez en años, el líder supremo desapareció de la escena pública. Bajo máxima protección, sin transmisiones en vivo ni anuncios previos, sus apariciones se volvieron aún más esporádicas. El hombre que nunca salió de Irán desde que asumió el poder quedó recluido en su propio territorio.

Aun así, reapareció desafiante. Calificó a los manifestantes como “vándalos” apoyados por Estados Unidos e Israel y prometió no retroceder ante los “saboteadores”. Su mensaje fue claro: la República Islámica había nacido con sangre y estaba dispuesta a derramar más.

El ataque que cambió todo

Pero ayer el escenario dio un vuelco dramático. En medio de una operación conjunta de Estados Unidos e Israel, el nombre de Khamenei volvió a ocupar el centro del tablero mundial.

El presidente Donald Trump anunció en su red Truth Social que el líder iraní estaba muerto, calificándolo como “una de las personas más malvadas de la historia”. La declaración cayó como una bomba diplomática.

El hombre que había superado cárceles en tiempos del sha, un atentado en 1981 que le dejó el brazo derecho paralizado y décadas de conflictos internos y externos, habría sido finalmente sorprendido por el golpe coordinado de sus enemigos históricos.

De preso político a líder supremo

Hijo de un imán y nacido en una familia humilde, Khamenei pasó años en prisión durante las décadas de 1960 y 1970 por su activismo contra el sha Reza Pahlavi, aliado de Washington. Su lealtad a Jomeini lo catapultó al corazón del nuevo régimen tras la Revolución Islámica de 1979.

Fue presidente y, tras la muerte de su mentor, terminó al frente del sistema teocrático en un episodio cargado de tensión interna. Desde entonces, consolidó un poder casi absoluto y profundizó la confrontación con el “Gran Satán” estadounidense y la negativa a reconocer a Israel.

Durante más de tres décadas trabajó con seis presidentes, pero siempre fue él quien tuvo la última palabra. Cuando las reformas amenazaban con abrir el sistema, se alineó con los sectores más duros.

Un poder que ya mostraba grietas

En los últimos años, analistas internacionales advertían que, pese a la represión, el control de Khamenei era más frágil que nunca. El descontento social, la crisis económica y la presión externa erosionaban la estabilidad del régimen.

Su avanzada edad —86 años— y las constantes especulaciones sobre su salud también alimentaban la incertidumbre sobre la sucesión. Entre bambalinas, el nombre de su hijo Mojtaba comenzaba a sonar como posible heredero de un poder que oficialmente no admite dinastías.

Su muerte representará un terremoto político en Irán y un punto de inflexión en el conflicto con Estados Unidos e Israel.

 

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