Solari, el “Indio” que llegó a La Plata para dar a luz una tribu inexplicable
Edición Impresa | 1 de Marzo de 2026 | 23:24
El 17 de enero pasado cumplió 77 años. Y sería desacertado decir que el Indio Solari “pasó” por La Plata, sino que sus años en nuestra ciudad fueron los que lo formaron como artista y lo catapultaron a la fama nacional e internacional.
El Indio Solari está casado con Virginia Mones Ruiz desde 1988. La pareja mantiene una relación de larga data y perfil bajo, viviendo juntos hace más de 30 años. Tienen un hijo en común, llamado Bruno Solari, nacido alrededor del año 2000.
En 1949, en la capital entrerriana, nació Carlos Alberto Solari del matrimonio conformado por José y Celina Estela Choy, quienes se mudaron a la ciudad de Santa Fe para posteriormente radicarse en La Plata, cuando el futuro “Indio” comenzaba a transitar su infancia.
Luego, el artista, ya con cierta fama, se trasladó con su banda a vivir en Capital Federal. Actualmente y desde hace años reside en una imponente mansión dentro del Parque Leloir, uno de los barrios más exclusivos del partido de Ituzaingó.
La residencia familiar en La Plata fue un amplio departamento en la calle 41 entre 6 y 7.
Cursó la primaria en la Escuela N° 33, en donde se hizo gran amigo de Isa Portugheis, quien luego sería baterista de Los Redondos; el secundario lo comenzó en el Albert Thomas y como de ese establecimiento fue expulsado por su conducta, completó el ciclo en el Normal 3.
En 1967 ingresó a la escuela de Bellas Artes (luego transformada en facultad), para estudiar Pintura, pero de allí también fue expulsado. Seguidamente hizo la “colimba” en el Distrito Militar La Plata, situado en diagonal 77 y 10, cumpliendo tareas de oficina.
LAS EXPULSIONES ESCOLARES
Con respecto a sus expulsiones de distintos establecimientos educativos, una vez manifestó que “cuando me echaban de todos los colegios, yo no me ponía contento. Uno no se jactaba de algo así, porque dolía. Además, había que bancarse a los padres remachando eso de que con la guitarrita y con la escritura me iba a cagar de hambre. Y la realidad parecía darles la razón: tus compañeros se habían recibido y vos seguías amurado en un cuartucho, escribiendo, pintando con pintura regalada; y mientras tanto, mirabas al cielo y te rebelabas, pensando: ¿Por qué me despertás esta ambición si no tengo posibilidades?”.
GALLINAS EN LA SALA
Las primeras presentaciones de su banda, antes de denominarse “Patricio Rey y los redonditos de ricota”, se llevaron a cabo en el Teatro Lozano de 11 entre 45 y 46 y cada actuación tenía elementos extravagantes y disruptivos; “contraculturales”, según él mismo.
“Un día fuimos a comprar gallinas para tirarlas al público en un show en el Lozano, pero todo salió mal; las gallinas se atacaron entre sí... esos eran los tipos de cosas que intentábamos, con resultados desastrosos a veces”.
La anécdota, como otras tantas, está incluida en su libro autobiográfico “Recuerdos que mienten un poco, las memorias del Indio Solari”.
Para esa época ya era considerado en La Plata como un músico excéntrico, “un renegado de la clase media”, decía, lo que le hizo ir ganando fans en forma creciente en la Ciudad.
FUGA DE LA COMISARÍA 1ª
En el mismo libro, recordó una insólita anécdota de aquellos años; “andábamos en seis coches de madrugada, todos borrachos. Robamos verduras y fuimos hasta la confitería París y nos revoleábamos zapallos en la esquina de 7 y 49”. A los pocos minutos llegó la policía arrestando al grupo y llevando a todos a la comisaría Primera de 53 entre 9 y 10. “Nos entregamos. Cuando se me pasó el pedo me quería rajar. Éramos como 40, pero estábamos alojados en la parte trasera, como en un patio. Había un portón de hierro, y fuimos hasta ahí con el plan de escaparnos. Nos trepamos y nos tiramos (hacia la vereda de calle 54). Fue una locura, cosas platenses y es una ciudad donde pasan cosas muy chifladas”.
“La Plata -añadió- es una ciudad estudiantil, la mayoría de tus amigos son gente que piensa, y eso te da una cierta visión del mundo. La mayoría de las bandas de esa época quería firmar con compañías internacionales, mientras que nosotros decidimos no hacerlo”.
MELONEROS
En sus “memorias”, y hablando de nuestra ciudad, sostuvo que en La Plata “hay mucha gente que vivió la cultura rock sin compromiso profundo. Los platenses éramos meloneros, una fauna pequeña pero interesante. Cuando entrás a escarbar en el melón, descubrís estímulos interminables. Por eso tendíamos a producir un arte disruptivo, irritante. La única revolución que está verdaderamente a tu alcance es lo que hacés de la mañana a la noche, tu manera de vivir”.
“La mayoría de los artistas de La Plata tienen mucho talento, muchísimos pintores y músicos, pero son cagones. Les cuesta salir de la Circunvalación, le tienen miedo a venir a probarse acá en Buenos Aires, que es, desgraciadamente, donde hay que venir a probarse. No hay otro lugar en el país que tenga el poder de decir ‘somos nosotros los que te premiamos y te damos la cucarda’”, dijo en su libro.
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