Con Lalo Herrera, La Plata heredó un canto puro a la tierra y a la vida

El entrañable compositor, folclorista y violinista llegó desde Catamarca a nuestra ciudad para estudiar en la UNLP y de inmediato se transformó en un animador de lujo de las tantísimas peñas y guitarreadas de las décadas de los ‘60 y ‘70

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Decía siempre que a su violín lo afinaba el viento y que era por eso y no por su inmenso talento creativo que produjo unas trescientas composiciones folclóricas, con música y letra, que fueron grabadas por varios artistas de fuste y que muchas siguen siendo interpretadas por solistas y conjuntos de la actualidad ya que forman parte del cancionero popular argentino.

Lalo Herrera fue una de las grandes figuras del arte musical folclórico platense, porque además de compositor, era poeta, músico y creador de grupos musicales que se desarrollaron por su iniciativa y bajo su dirección, como Los Zorzales y Las Alondras.

Si bien respiraba y transpiraba folclore, su sólida y académica formación musical le permitió acceder por concurso a integrar la orquesta estable del Teatro Argentino como primer violinista.

Ángel Nicolás Herrera nació en la ciudad de Catamarca a fines de la década de 1940, pero toda su infancia y gran parte de la adolescencia transcurrieron en la localidad de Esquiú, en el Este de aquella provincia norteña, hasta que decidió radicarse en La Plata para seguir la carrera de Diseño Industrial en Bellas Artes.

Pero lo suyo era la música, la poesía y los amigos, en el entrelazamiento de una sana bohemia en la que destacaba su franca, amable y transparente personalidad.

TALENTO Y DEDICACIÓN

Desde chico en Esquiú, Lalo estudió música por solfeo y aprendió a tocar la guitarra y el violín, aunque no esquivaba, de darse la ocasión, una caja, un bombo y hasta algún teclado.

Cuando se estableció en La Plata, según contó una vez, sintió llegar a un “paraíso de guitarreadas y peñas”, de esas juntadas que sólo tienen horario de inicio.

Anduvo años de pensión en pensión dado que siempre terminaban echándolo porque no podía dejar de tocar el violín en sus largas y musicalmente fértiles madrugadas.

Hacia 1967 ingresó como trabajador no docente en el turno vespertino de la oficina de mesa de entradas de la facultad de Odontología, la que por entonces ocupaba el viejo edificio de 44 entre 8 y 9. Por las tardes el movimiento administrativo en esa casa de estudios era muy tranquilo y él aprovechaba para ensayar con su violín con la venia de sus compañeros de trabajo.

En 1969 creó e integró como primera guitarra el grupo folclórico Los Fogoneros, que pronto trascendió el ámbito platense con presentaciones en Buenos Aires e incluso en el gran festival de Cosquín, el que por aquel entonces era para la música nativista el escenario “mayor” de la Argentina.

A principios de la década de los ‘70, como se dijo, ingresó a la orquesta del Teatro Argentino de nuestra ciudad en donde su talento fue muy valorado. También tuvo un par de invitaciones en la sinfónica del Colón.

COMPOSITOR Y DIRECTOR MUSICAL

Herrera componía música con violín y luego la llevaba a la guitarra. Su producción fue inmensa; entre los temas de su autoría más grabados por múltiples folcloristas, incluidos, como se dijo en el comienzo del artículo, Los Chalchaleros, se destacan “Zamba del Retoño”; “Gatito para una Copla”; “El Agua pasa, las piedras no”; “Allá en La Puna”; “Para Quedarme en Vos”; “Misterios del Corazón”; “P`al Tiempo del Carnaval”; “Amaneciendo Ilusiones”; “De un Duende”; “Por qué Será”; “Cosas Nomás”; “Zamba de mi churita”, y desde luego, “Cuando Me vuelva Tierra”.

Debido a su cercanía con “Los Chalchas”, en 1975 Lalo convocó a los hijos de Juan Carlos Saravia, Facundo, Santiago y Juan Carlos (h) y Ramiro Manzanares, para conformar el recordado conjunto folclórico Los Zorzales, al cual dirigió musicalmente durante cinco años.

El grupo tuvo mucho éxito, grabó varios discos y tuvo actuaciones en todo el país y en canales televisivos porteños.

Lidiando ya y desde hacía tiempo con una grave patología, en 1980 el catamarqueño, siempre con gran entusiasmo, conformó el grupo de música nativista Las Alondras, sólo integrado por mujeres; ellas eran Roxana y Patricia Bertolino, María Angélica Cabello y Cecilia Depaoli.

El 22 de septiembre de ese mismo año Lalo se fue al “cielo de las peñas”.

A principios de 2010 en la Peña La Salamanca, de nuestra ciudad, se realizó un homenaje a la figura de Lalo Herrera, con una nutrida presencia de familiares, amigos y numerosos folkloristas, entre ellos Federico de La Vega, Facundo Saravia, Beto Fernández Valdez, Patricia y Roxana Bertolino, quienes interpretaron muchos de sus temas.

 

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