Una gloria internacional de la lírica y su casa de descanso en Berisso

María Barrientos fue una célebre soprano catalana. Pasaba largas temporadas en una lujosa quinta que había adquirido en la zona de Los Talas

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“No fue su tierra natal, pero creo que todos estaremos de acuerdo en otorgarle la ‘carta de ciudadanía berissense’”.

Con esa simple y muy acertada frase, Raúl Filgueira, el recordado escritor e historiador de la vecina ciudad, se refirió en su libro “Música y musicantes de Berisso”, a la mundialmente famosa soprano María Alejandra Barrientos Llopis, quien en 1908 adquirió una magnífica y amplia propiedad en Los Talas, en la que, durante varios años, pasaba prolongadas temporadas veraniegas escapando de los gélidos inviernos del hemisferio norte.

Nacida en Barcelona el 4 de marzo de 1884, fue conocida como la “diva bambina” porque triunfó en el siempre difícil mundo de la ópera desde los 13 años y apenas dos años después, su fama se había extendido por todo el Viejo Continente, al punto de que en 1901, cuando contaba tan sólo con 17 años fue contratada por el Teatro Politeama de la ciudad de Buenos Aires, sala que, mientras se construía el nuevo edificio del Teatro Colón en su actual ubicación, era el principal escenario artístico porteño. En esa primera actuación en Argentina, el público quedó encandilado por la jovencita catalana y ella se enamoró de nuestro país.

Tanta era la fama de la novel soprano que en su edición del 29 de octubre de 1901 en su columna de noticias sociales, EL DIA publicó que en esa misma jornada, la cantante de ópera se embarcaba de regreso a Europa.

 

Nacida en Barcelona el 4 de marzo de 1884, fue conocida como la “diva bambina”

 

Al año siguiente volvería a presentarse en el Politeama capitalino con gran suceso, comenzando un largo y sorprendente romance con nuestro país, el que tendría como uno de los epicentros a Berisso.

EN LOS TALAS

Si bien se encuentra detalladamente documentada la presencia de esta brillante figura internacional de la lírica en el ámbito berissense, se ignoran a ciencia cierta los motivos por los que la artista eligió a Los Talas, distante a miles de kilómetros de sus diferentes residencias europeas, para encontrar un lugar para el descanso. No obstante, se han tejido a lo largo de los años distintas hipótesis acerca de esta cuestión.

Pero algunas pistas hay.

María Alejandra siguió siendo contratada prácticamente todos los años para presentarse en Buenos Aires y sus estadías en el país comenzaron a prolongarse más allá de las duraciones de sus contratos. Se había relacionado con la alta sociedad porteña y en ese marco, hacia 1905 conoció al estanciero Jorge Keen (hijo), con quien contrajo enlace en 1907 y de quien se separó un tiempo después, luego del nacimiento de su hijo.

Previamente a su enlace, según biografías de Barrientos, habría recorrido distintas zonas de nuestra provincia, visitando brevemente La Plata para dirigirse con sus amistades a la zona ribereña de Berisso, en donde quedó fascinada con el paisaje costero y selvático, las grandes cantidades de distintas aves, y la tranquilidad, todo lo cual contrastaba palmariamente con las salas teatrales abarrotadas de público de París, Milán, Barcelona, Berlín, Londres, Moscú y Nueva York.

Por todo ello, y también por la cercanía con La Plata, ciudad con fuerte vida musical que le permitía mantener contacto con círculos intelectuales y artísticos, luego de su enlace, dejó por un tiempo su carrera artística y en 1908 compró, mediante un crédito hipotecario del Banco Belga de Préstamos Territoriales, un amplio predio de varias hectáreas y una suntuosa y amplia residencia en Los Talas, edificación que amplió y refaccionó lujosamente, destacándose un salón musical íntimo, donde recibía amistades y jóvenes músicos, convirtiendo la casa en un pequeño centro cultural.

En 1909 retomó la actividad lírica en Europa pero durante los inviernos de aquella parte del mundo, volvía a Los Talas durante algunos meses para disfrutar del “monte de las violetas”, según definía la propia María a su residencia berissense.

 

María Alejandra Barrientos Llopis en 1908 adquirió una amplia propiedad en Los Talas

 

Filgueira refiere en su crónica que “la estancia tenía hermosas fuentes y estaba circundada por montes y malezas, lugares que su dueña recorría en sulky, siguiendo el camino abierto, guiada por su capataz, Gómez de Saravia. Un ambiente de ensueño envuelve a María quien, aún en el campo, se rodea de lujo y confort. Muebles suntuosos y vajillas y cubiertos con su nombre adornan la casa principal”.

A poco de inaugurarse el Teatro Colón, Barrientos comenzó allí una larga lista de actuaciones operísticas siempre muy aplaudidas, como la de 1916. Pero para esa época la artista tenía demasiados compromisos en las principales ciudades europeas, sin contar con tiempo para volver a Los Talas, por lo que en 1917 dejó de pagar el crédito y el banco ejecutó la hipoteca.

María Barrientos siguió actuando hasta promediar la década de los años 30 y falleció en 1946 en la localidad francesa de Ciboure. En Madrid, Málaga y Barcelona hay calles que llevan su nombre.

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