Virus infantil puede influir en la demencia: cuál es y cómo reducir el riego
Edición Impresa | 15 de Marzo de 2026 | 07:05
Durante años se creyó que la varicela era simplemente una enfermedad de la infancia que quedaba atrás después de unos días de fiebre y erupciones. Sin embargo, hoy se sabe que el virus responsable de esa infección -el varicela-zóster- nunca desaparece del todo del organismo. Permanece latente en el sistema nervioso y puede reactivarse décadas después, dando lugar al herpes zóster, una afección dolorosa conocida popularmente como “culebrilla”.
Ahora, una investigación reciente aporta una nueva dimensión al tema: esas reactivaciones del virus podrían estar vinculadas con un mayor riesgo de demencia en la adultez mayor. Al mismo tiempo, el trabajo sugiere que la vacunación contra el herpes zóster podría ayudar a reducir ese riesgo.
El estudio, publicado en la revista científica Nature Medicine, analizó uno de los conjuntos de datos más grandes reunidos hasta ahora para investigar esta relación. Los investigadores examinaron historias clínicas electrónicas de más de 100 millones de personas en Estados Unidos entre 2007 y 2023. Tras considerar unas 400 variables -entre ellas enfermedades crónicas, edad, tratamientos médicos y hábitos de atención sanitaria-, encontraron que quienes se vacunaron contra el herpes zóster tuvieron entre un 27% y un 33% menos probabilidades de desarrollar demencia durante los tres años posteriores a la inmunización.
EL VIRUS Y LA REACTIVACIÓN
El virus varicela-zóster provoca la varicela en la infancia, pero luego se “esconde” en el sistema nervioso. Con el paso del tiempo, especialmente a partir de los 50 años, puede reactivarse. Cuando esto ocurre aparecen síntomas característicos: ardor, hormigueo, erupciones con ampollas dolorosas y un sarpullido que suele afectar un lado del cuerpo.
Según los investigadores, muchas reactivaciones del virus son controladas rápidamente por el sistema inmunológico y pasan inadvertidas. Pero en otros casos se produce un brote completo de herpes zóster.
El trabajo halló que las personas que sufrieron varios episodios de culebrilla presentaron un riesgo mayor de desarrollar demencia en comparación con quienes tuvieron un solo brote. En concreto, el riesgo aumentó entre un 7% y un 9% entre tres y nueve años después del segundo episodio.
Este hallazgo refuerza la idea de que la actividad recurrente del virus podría tener efectos a largo plazo en el cerebro.
QUÉ OCURRE EN EL CEREBRO
La demencia es un trastorno complejo en el que intervienen múltiples factores, desde la genética hasta el estilo de vida. Las infecciones virales también comenzaron a estudiarse como posibles desencadenantes o aceleradores de procesos neurodegenerativos.
Los vacunados tuvieron hasta un 33% menos probabilidades de desarrollar demencia
Sin embargo, el mecanismo exacto por el cual el virus varicela-zóster podría influir en el deterioro cognitivo aún no está completamente claro. Existen varias hipótesis.
Una de ellas plantea que el virus podría afectar directamente ciertas regiones del cerebro relacionadas con la memoria y otras funciones cognitivas. Otra teoría apunta a la respuesta inflamatoria del organismo. Cada vez que el sistema inmunológico combate una infección se produce inflamación, y algunos especialistas creen que esa reacción, repetida a lo largo de los años, podría tener efectos tóxicos en el tejido cerebral.
También se analiza si los tratamientos utilizados para aliviar el dolor intenso del herpes zóster podrían tener algún papel indirecto en este proceso, aunque todavía no hay conclusiones firmes.
EL PAPEL DE LAS VACUNAS
Las vacunas contra el herpes zóster ya se recomiendan en muchos países para adultos mayores de 50 años y para personas con sistemas inmunológicos debilitados. Existen dos tipos principales: una más antigua, elaborada con virus vivos debilitados, y otra más reciente que utiliza fragmentos inactivos del virus.
El estudio comparó ambas estrategias de inmunización y observó que quienes recibieron dos dosis de la vacuna más moderna tuvieron mejores resultados. En ese grupo, el riesgo de demencia fue un 18% menor cinco años después de la vacunación en comparación con quienes recibieron una sola dosis de la vacuna más antigua.
Los datos también mostraron beneficios particularmente marcados en mujeres mayores. Entre las mayores de 50 años que recibieron la vacuna tradicional se observó una reducción del 35% en el riesgo de demencia a los tres años. En el grupo de mujeres de entre 80 y 89 años que recibieron dos dosis de la vacuna más reciente, la reducción alcanzó el 39%.
Los especialistas advierten que estos resultados no significan que la vacuna contra el herpes zóster sea una solución definitiva para prevenir la demencia. Sin embargo, sí aportan evidencia relevante en un campo donde las herramientas de prevención todavía son limitadas.
Foto: Amanda Mills, USCDCP; Pixnio
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