Por qué comprar frutas cortadas y cubiertas en film puede ser un riesgo grave para la salud
Edición Impresa | 15 de Marzo de 2026 | 07:07
El escenario se repite cada verano en miles de barrios: bajo el sol de la tarde, cajones en la vereda exhiben mitades de sandías de un rojo intenso o trozos de melón listos para consumir, protegidos apenas por una fina capa de papel film. Para el consumidor, esto representa una solución práctica: permite comprar solo lo necesario, ver el estado de maduración de la fruta y ahorrar dinero. Sin embargo, lo que parece una ventaja comercial es, según los expertos, una “ruleta rusa” bromatológica.
La Licenciada en Nutrición Rocío Hernández (MP 904 – MN 9648) encendió las alarmas en un reciente diálogo con Conclusión, advirtiendo que la compra de frutas previamente fragmentadas y expuestas a temperatura ambiente rompe con las barreras básicas de seguridad alimentaria.
EL ENEMIGO INVISIBLE: LA CONTAMINACIÓN CRUZADA
El principal riesgo al comprar una fruta ya cortada es el desconocimiento total sobre el proceso de manipulación previo. “No sabemos cómo ha sido cortada esa fruta”, sentencia Hernández.
El problema radica en la infraestructura de muchos comercios de barrio o autoservicios donde conviven distintos rubros. “Hay veces que las verdulerías comparten espacio con las carnicerías y puede haber contaminación cruzada”, explica la profesional.
El mecanismo de contaminación es silencioso y peligroso:
El utensilio compartido: Si el comerciante utiliza el mismo cuchillo (o la misma tabla) para trozar un corte de carne y luego cortar un melón sin una higienización profunda intermedia, las bacterias de la carne cruda migran a la fruta.
El ingreso a la pulpa: Al cortar la fruta, el cuchillo arrastra también la suciedad de la cáscara (tierra, fertilizantes, bacterias del suelo) hacia el interior húmedo y dulce de la pulpa, que es lo que finalmente comemos.
La diferencia es vital: mientras que la carne se cocina (eliminando las bacterias con calor), la fruta se consume cruda, permitiendo el ingreso directo de patógenos al organismo.
ESCHERICHIA COLI Y EL RIESGO DEL SUH
La mayor preocupación de las autoridades sanitarias no es una simple gastroenteritis, sino cuadros mucho más complejos. Hernández advierte explícitamente sobre el riesgo de contraer Escherichia coli, la bacteria responsable del Síndrome Urémico Hemolítico (SUH).
“Esta variante está vinculada a la carne cruda nada más, pero por esta contaminación cruzada puede aparecer en las frutas o verduras”, detalla la nutricionista.
Si bien toda la población está expuesta, existen grupos de alto riesgo donde las consecuencias pueden ser fatales o dejar secuelas renales permanentes:
• Niños pequeños.
• Mujeres embarazadas.
• Ancianos.
• Personas inmunodeprimidas o con patologías de base.
EL MITO DEL PAPEL FILM: UN “INVERNADERO” DE BACTERIAS
Existe la falsa creencia de que si la fruta está envuelta en film, está “sellada” y segura. La realidad es opuesta.
La nutricionista es contundente: “Este material no impide que lo que ingresó al momento del corte siga contaminando. Lo bueno que quizás tiene, entre muchas comillas, es que es un aislante de la persona que gira alrededor de esa fruta o la toca, pero nada más. No confiaría en el papel film”.
El verdadero problema es lo que ocurre debajo del plástico. Las bacterias necesitan tres factores para reproducirse exponencialmente:
• Agua (la sandía y el melón tienen mucha).
• Sustratos energéticos (los hidratos de carbono o azúcares de la fruta).
• Temperatura (el calor ambiente del verano).
Al dejar la fruta cortada fuera de la heladera, se crea un “caldo de cultivo” perfecto. El papel film genera un efecto invernadero microbiano, reteniendo la humedad y el calor, permitiendo que las bacterias se multipliquen sin que el consumidor lo note, ya que muchas veces esto ocurre sin alterar el olor o el aspecto visual del producto.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE