Dolor en La Plata por la muerte de Raúl Fernández, contador y ex funcionario bonaerense

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Con profundo pesar, familiares, amigos y dirigentes de distintos ámbitos despidieron a Raúl Fernández, contador público, docente y ex funcionario provincial, cuya trayectoria dejó una marca en la vida institucional y social de la región.

Nacido el 22 de febrero de 1945 en Olavarría, hijo de Rafael Fernández y Estela Elena Herrera, pasó buena parte de su infancia en el campo. Cursó sus estudios en su ciudad natal y los finalizó de manera anticipada gracias a su capacidad. A los 16 años comenzó la carrera de Contador Público Nacional en la Universidad Nacional de La Plata, donde se graduó a los 21 con el mejor promedio de su promoción.

En La Plata conoció a Stella Maris Sansone, “Cielo”, el amor de su vida. Se casaron el 2 de julio de 1970 y formaron una familia de cuatro hijos - Gastón, Andrés, Rocío y Enrique - que con los años se amplió con ocho nietos. En 2020 celebraron sus bodas de oro. Vivieron casi dos años en Barcelona gracias a una beca obtenida a mediados de los 70, aunque siempre eligieron City Bell como hogar definitivo.

Su carrera profesional combinó la actividad privada y la función pública. Trabajó desde joven en el Ministerio de Gobierno bonaerense y desarrolló su estudio contable junto a colegas y amigos. En 1987 asumió como Subsecretario de Asuntos Municipales durante la gobernación de Antonio Cafiero, y continuó su labor en las gestiones de Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf. Participó en la creación de municipios del Conurbano y asesoró a distintos dirigentes a lo largo de su trayectoria. En paralelo, fue profesor titular de Auditoría en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP, donde formó a generaciones de profesionales.

Amante del deporte, jugó al básquet en su juventud y, con el tiempo, encontró en el golf una pasión que compartió con hijos y nietos. Hincha de River y asistente habitual del Monumental, disfrutó también de la navegación y de la vida social .

Comprometido con su fe, participó activamente en la iglesia evangélica junto a su esposa y colaboró en proyectos educativos y solidarios. Desde 2003 residió en el Club de Campo Los Ceibos, donde mantuvo su espíritu participativo.

Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre inteligente, generoso y siempre dispuesto a tender una mano. Su legado perdurará en su familia, en sus alumnos y en cada ámbito donde dejó su huella.

 

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