El calvario de vivir sin luz ni agua y con residuos en las calles

Edición Impresa

Las quejas vecinales reflejadas en las reiteradas notas realizadas por este diario dejan en claro que los pobladores de La Plata, Berisso y Ensenada padecen un calvario cotidiano, a partir de las deficiencias con que reciben servicios públicos esenciales.

Se habla de los principales –como los de las redes eléctricas, la recolección de residuos y la distribución domiciliaria del agua- que son definitorios para medir la calidad de vida de cualquier población.

En primer término cabe destacar que, entre las características propias de los servicios públicos, los especialistas mencionan la regularidad y continuidad con que se prestan, es decir que se ofrezcan sin interrupciones; su generalidad, en el sentido que se brinden a toda la población y su obligatoriedad, consistente en que el Estado asegure su existencia. Condiciones que no están cumpliendo las empresas concesionarias a cargo, si se tiene en cuenta los múltiples reclamos de los vecinos.

Sin cumplir con estas condiciones –y esto es lo que viene ocurriendo desde hace mucho en la Región, puesto que no se brindan cabalmente en nuestra zona, en una situación que se agrava año tras año- las prestaciones se ven desnaturalizadas como tales ya que perdieron confiabilidad.

Las protestas de habitantes del casco urbano, de los barrios, de localidades y distritos vecinos encuentran plena justificación. No es posible suponer que se puede vivir bien sin disponer de luz en los domicilios, sin que los residuos sean manejados con eficacia y la basura no se apodere de las calles y veredas y sin recibir normalmente la distribución de agua domiciliaria.

Cabe recordar que años atrás las deficiencias se acentuaban de acuerdo a las condiciones climáticas. Ahora se presentan por igual a lo largo de los doce meses del año.

En las últimas jornadas arreciaron los reclamos por el mal manejo de los residuos y por la suciedad que invade calles, veredas, paseos y plazas. También fueron múltiples las quejas por los cortes de luz, que suelen ser virtualmente inmediatos a la primer ráfaga de viento que se presente y que también se caracterizan por la demora con que el servicio eléctrico es restaurado.

No es preciso enumerar los trastornos que origina una prestación deficiente de servicios públicos o la ausencia de ellos. La seguridad, la alimentación, la actividad económica y profesional, la dinámica comercial, las condiciones sanitarias, un mínimo confort y otras condiciones esenciales de vida se ven transgredidas por las fallas que sufren los servicios públicos en nuestra zona.

Es verdad que en estos años la población está pagando culpas, injustamente, por las décadas de desinversión en estas áreas, en la que cayeron las sucesivas administraciones.

Una imprevisión política indisculpable volvió obsoletas a muchas de las estructuras de los servicios públicos. Es el Estado el que debe corregir una falencia que, además, se acentúa a medida que crece la cantidad de habitantes.

Mientras tanto, es de esperar que las empresas se esfuercen por ajustarse a los parámetros que marca la mejor doctrina del derecho administrativo –en el sentido de reocobrar eficiencia en sus cometidos- y que los entes de contralor y demás autoridades del Estado se ocupen por garantizarles a la población contar con estos servicios en todo lugar y a toda hora.

 

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE