UNLP rumbo a la Luna: el satélite platense se prepara para despegar

Más de medio siglo después de que la última tripulación del programa Apolo volara a la Luna, una dotación compuesta por cuatro astronautas se preparan para un viaje al satélite natural de la Tierra que se perfila como una nueva página en la exploración espacial .

La esperada misión Artemis II de la NASA está programada para despegar desde el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, el próximo 1 de abril. Los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto con el canadiense Jeremy Hansen, realizarán el viaje de aproximadamente 10 días.

El descomunal cohete de color naranja y blanco está diseñado para hacer varios viajes de regreso a la Luna en los próximos años, con el objetivo de establecer una base permanente que ofrecerá un punto de partida para exploraciones posteriores.

El programa Artemis, nombrado en honor a la diosa hermana gemela de Apolo, tiene como objetivo probar las tecnologías necesarias para poder enviar humanos a Marte, un viaje mucho más largo. Una ambición de por sí desafiante, que también enfrenta la presión de que China no lo haga antes.

En la misión viajará Atenea, un CubeSat científico de clase 12U desarrollado con participación de investigadores, docentes y estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la UNLP. El dispositivo forma parte de un conjunto internacional de nanosatélites que compartirán el lanzamiento junto a proyectos provenientes de Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita, lo que posiciona al desarrollo platense en un escenario científico global de primer nivel.

El envío de Atenea representa un avance significativo para la investigación espacial argentina y, en particular, para la comunidad científica de La Plata, que sigue con expectativa cada paso hacia el despegue. De concretarse en marzo, el lanzamiento marcará un hecho inédito: un satélite con participación directa de la UNLP rumbo a la órbita lunar.

El lanzamiento sufrió varias postergaciones a raíz de problemas técnicos. Durante uno de los últimos ensayos, se registró una fuga de hidrógeno líquido y fallas en una válvula del sistema de presurización de la nave Orion, lo que llevó a la agencia a detener el cronograma para realizar ajustes adicionales y garantizar la seguridad de la primera misión tripulada del programa Artemis.

EL ROL LOCAL TRAS EL DESPEGUE

Tras el lanzamiento, el trabajo del equipo platense no se concentrará en el lugar del despegue, sino en el seguimiento técnico del satélite desde Argentina. “Desde la Facultad de Ingeniería de la UNLP vamos a monitorear, junto con la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la operación del satélite: si está transmitiendo información correctamente y si ocurre algún inconveniente”, detalló López La Valle.

Incluso se evalúa la posibilidad de recibir datos directamente desde La Plata. Para eso, la Universidad trabaja en conjunto con el Instituto de Astronomía, que se encuentra acondicionando equipamiento para la recepción de señales del satélite. En paralelo, la CONAE recibirá información desde sus estaciones en Córdoba y Tierra del Fuego.

“Poder recibir datos desde la Facultad sería un objetivo ideal”, señaló el investigador. “Sería información del satélite Atenea, en cuyo diseño y construcción participamos de manera muy activa”, agregó.

OBJETIVOS DE ATENEA

El satélite argentino tendrá una órbita altamente elíptica y alcanzará distancias inéditas para un desarrollo universitario nacional. Será lanzado a unos 50 mil kilómetros de la Tierra, llegará a un punto máximo cercano a los 70 mil kilómetros y luego descenderá a pocos cientos de kilómetros, en un recorrido que servirá para validar múltiples tecnologías.

Uno de los objetivos centrales es verificar el sistema de comunicaciones. “Transmitir datos desde una distancia tan grande es un desafío enorme. Queremos comprobar que el enlace funciona y que la información llega correctamente a la Tierra”, explicó López La Valle. Esa información incluye la telemetría, es decir, el estado de salud del satélite y de cada uno de sus subsistemas.

El segundo objetivo es validar un receptor GNSS —similar al GPS— desarrollado íntegramente en la Facultad de Ingeniería. Ese sistema permitirá determinar posición y velocidad del satélite, un logro tecnológico de alto impacto para futuras misiones espaciales.

El tercer eje es la carga útil científica, orientada a medir radiación espacial y su efecto sobre distintos componentes electrónicos. Esos datos serán enviados a la Tierra y analizados por los equipos científicos participantes.

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