Cirugías estéticas: los riesgos detrás de la búsqueda del “cuerpo ideal”

Intervenciones como la liposucción y la lipotransferencia son operaciones que conllevan alertas y precauciones. Desde molestias leves a complicaciones graves

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Las cirugías estéticas como la liposucción, la lipoescultura o la lipotransferencia —procedimientos que implican extraer grasa de una parte del cuerpo para eliminarla o reubicarla en otra— se volvieron cada vez más habituales en los últimos años. Impulsadas por estándares de belleza amplificados en redes sociales y por el efecto de celebridades e influencers, estas intervenciones suelen presentarse como soluciones rápidas para “mejorar” el cuerpo. Sin embargo, detrás de esa aparente simplicidad se esconden prácticas quirúrgicas complejas, con riesgos concretos que la medicina viene señalando desde hace tiempo.

La liposucción consiste en aspirar grasa localizada para moldear el contorno corporal, no para bajar de peso. La lipotransferencia o injerto de grasa autóloga, en cambio, agrega un paso adicional: esa grasa extraída se procesa y se vuelve a inyectar en zonas como glúteos, mamas o rostro con el objetivo de aumentar volumen o corregir irregularidades. En su versión más popular, el llamado “Brazilian Butt Lift” combina ambos procedimientos en una sola intervención.

Aunque muchas veces se las asocia a tratamientos estéticos menores, lo cierto es que estas prácticas requieren quirófano, anestesia y una manipulación profunda del organismo. No son procedimientos superficiales ni inocuos. Como toda cirugía, implican un estrés fisiológico considerable y dependen de múltiples factores, desde la técnica utilizada hasta el estado de salud del paciente.

En ese contexto, distintos organismos médicos internacionales, como la Mayo Clinic o la American Society of Plastic Surgeons, vienen advirtiendo que el crecimiento de estas intervenciones no siempre fue acompañado por una comprensión adecuada de sus riesgos. Y esos riesgos existen, incluso en pacientes jóvenes y aparentemente sanos.

ENTRE LO FRECUENTE Y LO TOLERABLE

Las complicaciones más comunes suelen aparecer en el período postoperatorio inmediato. Hinchazón, dolor, moretones y molestias generales forman parte de la recuperación habitual. A esto se suman alteraciones en la sensibilidad de la piel, que pueden ser transitorias o, en algunos casos, persistentes.

También son frecuentes las irregularidades en el resultado estético. La piel puede quedar ondulada, con depresiones o asimetrías producto de una extracción desigual de la grasa o de una mala adaptación de los tejidos. En muchos casos, esto genera la necesidad de nuevas intervenciones para corregir lo que no salió como se esperaba.

Otra complicación habitual es la formación de seromas, acumulaciones de líquido debajo de la piel que requieren drenaje, así como hematomas o pequeñas infecciones localizadas. Aunque en general son tratables, implican molestias adicionales, prolongan la recuperación y pueden afectar el resultado final.

A esto se suma un aspecto menos visible pero no menor: la insatisfacción. Las expectativas poco realistas, alimentadas por imágenes idealizadas, suelen chocar con resultados que no siempre coinciden con lo imaginado. Esa brecha puede derivar en frustración e incluso en la repetición de cirugías.

CUANDO LA CIRUGÍA DEJA DE SER ESTÉTICA

Más allá de los efectos habituales, existen complicaciones médicas de mayor gravedad. Infecciones que requieren antibióticos o nuevas cirugías, hemorragias, cicatrices anómalas y daños en nervios o tejidos forman parte del abanico de riesgos documentados.

Entre las complicaciones más serias aparece el tromboembolismo venoso, que incluye la formación de coágulos en las piernas que pueden viajar hacia los pulmones. Este tipo de eventos representa un porcentaje significativo de las muertes asociadas a estas cirugías y está vinculado, entre otras cosas, a la duración de la intervención y al tiempo de inmovilización del paciente.

También pueden producirse daños en órganos internos, especialmente cuando se trabaja en zonas cercanas al abdomen. La introducción de cánulas durante la liposucción, si no se realiza con la técnica adecuada, puede lesionar vasos sanguíneos o estructuras profundas.

Las infecciones graves, aunque menos frecuentes, pueden derivar en cuadros de sepsis, una respuesta inflamatoria generalizada que compromete el funcionamiento de órganos vitales. En estos casos, lo que comenzó como una cirugía estética puede convertirse en una emergencia médica.

Pero el riesgo más temido es otro: la embolia grasa. Se produce cuando fragmentos de grasa ingresan al torrente sanguíneo y bloquean vasos en los pulmones, el corazón o el cerebro. Es un evento poco frecuente, pero altamente letal, capaz de provocar la muerte en cuestión de minutos.

EL BBL, EN EL CENTRO DE LA PREOCUPACIÓN MÉDICA

Dentro de este universo, el Brazilian Butt Lift ocupa un lugar particular. Se trata del procedimiento con mayor tasa de mortalidad entre las cirugías estéticas, según coinciden diversas sociedades médicas internacionales. La razón principal es el riesgo de embolia grasa asociado a la inyección en la zona glútea.

Los glúteos contienen vasos sanguíneos de gran calibre que conectan directamente con la circulación central. Si la grasa se inyecta en el plano muscular —una práctica hoy desaconsejada— puede ingresar a esas venas y viajar rápidamente hacia los pulmones o el corazón.

Las estimaciones históricas hablaban de una muerte cada 3.000 procedimientos, una cifra extremadamente alta para estándares quirúrgicos. A partir de cambios en la técnica, como la obligación de inyectar solo en el tejido subcutáneo y el uso de ecografía intraoperatoria, el riesgo disminuyó, pero sigue siendo superior al de otras intervenciones estéticas.

Aun así, el procedimiento continúa siendo popular, especialmente en el ámbito de las celebridades y redes sociales, donde los resultados se muestran como naturales y sin consecuencias. Esa exposición contribuye a minimizar la percepción del riesgo en el público general.

INTRUSISMO, PRESIÓN ESTÉTICA Y UNA DECISIÓN QUE NO ES MENOR

Un factor determinante en la seguridad de estas cirugías es quién las realiza y en qué condiciones. En distintos países se registraron casos de muertes y secuelas graves vinculadas a intervenciones hechas por profesionales sin la especialización adecuada o en centros sin infraestructura suficiente.

Las investigaciones judiciales y los cambios regulatorios recientes apuntan precisamente a ese problema: el intrusismo. Hay elementos que incrementan de la probabilidad de complicaciones.

A esto se suma el fenómeno del llamado “turismo estético”, donde pacientes viajan a otros países atraídos por costos más bajos, muchas veces a expensas de estándares de seguridad más laxos. En esos contextos, el seguimiento postoperatorio también suele ser insuficiente.

Por otro lado, la presión social y cultural juega un rol clave. El ideal de cuerpo promovido en redes y medios genera la ilusión de que estos procedimientos son simples, rápidos y sin riesgos. Esa percepción, reforzada por figuras públicas, tiende a invisibilizar los aspectos médicos y las posibles consecuencias.

En definitiva, aunque la liposucción y la lipotransferencia pueden ofrecer resultados satisfactorios cuando se realizan en condiciones adecuadas, están lejos de ser prácticas triviales. Son cirugías reales, con riesgos que van desde molestias pasajeras hasta complicaciones graves e incluso mortales. La decisión de someterse a ellas, por lo tanto, no debería tomarse a la ligera, sino con información completa, evaluación médica rigurosa y una comprensión clara de lo que está en juego.

 

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