Una asamblea para el escándalo, con un Milei original y ayuda opositora

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Mariano Pérez de Eulate

mpeulate@eldia.com

Volvió el Milei original, el gritón, el que agravia, el cultor de la grieta, con el reciente discurso de inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso pronunciado el último domingo por el Presidente.

Lejos, totalmente olvidada y sepultada, quedó la promesa de moderación y cambios en las formas que el propio Milei realizó cuando La Libertad Avanza perdió las elecciones para legisladores provinciales en la populosa Buenos Aires, allá por septiembre del año pasado. El posterior triunfo en los comicios nacionales, que re-configuró el Congreso que el domingo lo albergó, marcó el inicio de la muerte de aquel compromiso de mesura.

El discurso reciente fue la confirmación de que muy raramente las personas cambian.

Está claro que la confrontación es para Milei un instrumento de liderazgo político. No es algo inédito en ese mundillo en el que él sigue siendo casi un iniciado. La brutal traslación a lo verbal es, acaso, lo más novedoso: es casi imposible rastrear una apertura se sesiones tan desprolija y casi bizarra como la del domingo.

Su último discurso no estuvo tan plagado de insultos de taberna, malas palabras o improperios que sí ha usado en el pasado en otros contextos. Pero si hubo medio centenar de agravios directos. Sobre todo a algunos exponentes del kirchnerismo duro y a la izquierda en un recinto al que, en verdad, la mayoría del peronismo no alineado con la Casa Rosada prefirió no asistir. Pero eso no quedó tan claro en la transmisión oficial porque se prefirió fijar la cámara sólo en el Presidente y no mostrar a sus rivales dialécticos para restarles entidad.

Conviene posarse en este punto. Porque, es verdad, Milei ofreció un espectáculo más propio de un barra brava que de un jefe de Estado pero la oposición no se le quedó atrás, presa de esa pulsión adolescente de insultar al mandatario, de agraviarlo, de prepotearlo, al borde de comprar el discurso de esa minoría golpista que dice a los cuatro vientos que un presidente elegido democráticamente debe irse antes, que “hay que sacarlo”, porque no está de acuerdo con lo que hace.

La mano opositora

En definitiva, la oposición dura que también gritó e insultó hizo lo que Milei quería: darle letra para responder desde la desmesura improvisada (o no tanto) con epítetos como “ignorantes”, “delincuentes”, “cavernícolas” y demás.

“Tambien soy el presidente de ustedes, delincuentes. Por eso la suya está presa”, espetó al puñado de kirchneristas que fueron a escucharlo y aludiendo, claro, a Cristina Kirchner, en lo que pareció una estudiada estrategia de no dejar morir la lógica de la “grieta”, que le ha dado tan buen resultado a Milei: le hizo ganar dos elecciones, incluyendo la que lo depositó en Balcarce 50.

Como todo mandatario puesto a contar “el estado de la unión” (término tomado de la misma ceremonia anual que hace el presidente de los Estados Unidos) Milei pintó un país ideal, repleto de cifras favorables y pista de despegue hacia horizontes aún mejores.

La supuesta corrupción, la economía del bolsillo que aún no arranca, la posible “estanflación” (caída de actividad económica más algo de inflación, realidad que muchos economistas dicen que ya acecha a la Libertad Avanza) no fueron ni siquiera aludidos. Como se dijo, no sorprende. Pero, la verdad, tampoco hubo grandes anuncios, salvo el dato de que enviará al Congreso una pila de proyectos de más reformas estructurales que están siendo elaborados por los diferentes ministerios. Faltó algún detalle.

Lo dicho: por cómo se desarrolló el espectáculo del domingo en el Parlamento acaso terminó siendo lo que la Rosada buscaba. Esto es, la noticia más convocante de las siguientes horas; el título principal de tapa, según la lógica de los viejos diarios de papel; el tema más arriba en los portales.

Tal vez si Milei sólo hablaba y no encontraba una contraparte verborrágica y pendenciera su mensaje hubiera quedado opacado en términos periodísticos por el insólito regreso al país vía trámite de la vidriosa AFA del gendarme Nahuel Gallo, prisionero del régimen chavista-madurista de Venezuela por más de un año, o la amenaza global que supone la tensión por el cruce de bombazos entre Estados Unidos e Israel, por un lado, y el régimen teocrático de Irán, por el otro.

 

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