El drama con la entrega de bidones de agua aún perdura en la zona Norte
Edición Impresa | 5 de Marzo de 2026 | 02:14
A la espera aún de un funcionamiento total del nuevo acueducto, la situación que atraviesan los vecinos de Villa Castells y Gonnet con el suministro de agua potable ha dejado de ser un inconveniente técnico para transformarse en un cuadro de vulnerabilidad social y desatención desde la empresa, con un servicio tan esencial. A pesar de existir una disposición judicial que obliga a ABSA a entregar un bidón diario de 8 litros a aquellos usuarios que no pueden consumir el agua de red, la realidad en el centro de entrega de calle 501 entre 15 y 16 cada vez más dista mucho de ser una solución efectiva.
Lo ocurrido recientemente, tal como se quejan los vecinos, es el reflejo de una gestión que parece ignorar la urgencia de los usuarios. Vecinos esperando en la vereda bajo la incertidumbre, oficinas cerradas varias veces sin un solo cartel explicativo y la entrega discrecional de “lo que hay” hasta agotar stock, no solo son irregularidades operativas; son una falta de respeto a la dignidad de los ciudadanos afectados por esta situación. Que más de 20 personas se agolpen en una vereda sin recibir respuestas oficiales es una imagen con la cual se puede definir la desidia.
La explicación posterior de la empresa —atribuyendo el problema a un camión repartidor— resultó insuficiente y tardía. Para cuando el servicio se “normalizó”, el stock se esfumó en minutos, dejando a muchas familias de las zonas que se habían movilizado a pie o en bicicleta con las manos vacías.
El sistema actual, que ya lleva años, parece diseñado, al menos, para el agotamiento del vecino. La obligatoriedad de asistir diariamente en horarios acotados, en medio de altas temperaturas que no ayudan, genera un trastorno logístico inasumible para quienes trabajan. Como relatan los frentistas, tener que salir de casa dos veces —una para asegurar el agua y otra para ir a trabajar— convierte un derecho básico en un “dolor de cabeza” cotidiano.
A esto se suma la reciente exigencia de presentar el DNI y factura al día para retirar el bidón, lo cual ha sido interpretado por los afectados, con justa razón, como una provocación. Es paradójico —y profundamente injusto— que se exija el pago puntual de un servicio que la propia Justicia ha determinado que no es apto para el consumo humano.
Lo cierto es que los damnificados, ubicados en el cuadrante que va desde la calle 496 hasta el Arroyo Rodríguez y de Belgrano a Centenario (sumado al sector de 485 a 505 y de 2 a 13), están rehenes de una infraestructura deficiente y una logística de parches.
No se trata solo de un camión roto. Se trata de una cadena de incumplimientos que obliga a los vecinos a destinar recursos propios para comprar un elemento vital que ya pagan en sus facturas. ABSA debe entender que el agua potable no es una mercancía sujeta a la disponibilidad de un transporte, sino una obligación legal y humana que no admite más demoras ni persianas bajas.
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