Lucía Zicos: “El arte es arte y no una cuestión de género”
Edición Impresa | 7 de Marzo de 2026 | 02:34
María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com
Lucía Zicos, directora de orquesta con más de dos décadas de trayectoria en podios del país y del exterior, es una invitada frecuente de la Orquesta Estable del Teatro Argentino. Esta noche, desde las 20, en la sala Alberto Ginastera, se pondrá nuevamente al frente del organismo para dirigir “Compositoras”, un programa dedicado a autoras argentinas enmarcado en el 8M que se presenta como oportunidad poco habitual: escuchar obras que rara vez llegan a los escenarios.
En diálogo con EL DIA, la directora nacida en Avellaneda señala que la programación de autoras a nivel mundial ronda el 5% en los conciertos de música académica. Según considera, ahí mismo radica el doble valor del programa que se ofrecerá en La Plata: “Primero como hecho artístico y, segundo, como una reivindicación que abre un espacio que todavía necesita mucho recorrido para que llegue el día en que hablemos solo de la obra y no del hecho de que la compuso una mujer”.
Sobre el concierto -que incluirá piezas de Claudia Montero, Nelly Gómez, Rosa Nolly, María Suárez, Agustina Crespo y Adriana Figueroa Mañas-, la directora adelanta una experiencia de escucha “muy interesante” con obras que incluyen sonidos que viajan entre la tradición y la experimentación. En todos los casos, habrá contexto de presentación a su cargo en porque entiende que “el artista no es solamente la nota o el sonido que produce: también es hijo o hija de su tiempo, de la estética, la filosofía, la política, la sociedad de un momento”.
Zicos, que a fines de marzo volverá a la Ginastera para dirigir la reposición de la ópera “Estaba la madre” del fallecido Oscar Luis Bacalov, dialogó con EL DIA sobre este concierto, celebró la pluralidad de la Orquesta Estable y reveló detalles sobre su experiencia con la batuta y su elogiado recorrido en un ambiente que la supo mirar de reojo pero en el que se fue abriendo paso por su arte.
-¿Cómo vivís las particularidades de este concierto? ¿Sentís que tienen una carga simbólica especial?
-Desde luego que preparar un concierto que conmemora a artistas o que quiere homenajear a artistas que a lo largo de la historia fueron olvidadas o relegadas por circunstancias culturales es algo muy significativo. Hubo épocas en las que no estaba bien visto que una mujer tuviera actividad pública: no estaba bien visto que tocara el violonchelo porque tenía que poner el instrumento entre sus piernas, o que tocara el piano en público. Lo primero que se empezó a aceptar fue que las mujeres cantaran, pero recordemos que antes de ello existieron los castrati justamente para cubrir los roles de voces agudas y femeninas y evitar que las mujeres estuvieran arriba de un escenario. En el caso de las compositoras hay además algo muy impúdico para mostrar, que es su mente: la creación a través del pensamiento. Por eso siempre es muy significativo preparar un programa con este contenido.
Y en cuanto a la carga simbólica, no la siento tanto frente a la orquesta sino hacia la audiencia, porque ahí todos coincidimos en que es un homenaje a las mujeres artistas. Pero el homenaje lo hace una orquesta que tiene una pluralidad de géneros. En la orquesta hay maestras y maestros, todos excelentes, que nos unimos para hacer este homenaje. Eso es lo rico y lo lindo de estos conciertos cuando los hacemos en conjunto, porque también muestra que el arte es valorado como arte y no como una expresión de género (...).
-La dirección de orquesta fue durante mucho tiempo un espacio muy asociado a los hombres. Después de más de veinte años de carrera, ¿sentís que ese panorama cambió?
-Cuando empecé la carrera no había muchas referentes mujeres. Estaba la maestra Ligia Amadío y la maestra Marta Ruiz, pero en general las directoras que uno podía ver estaban en los escenarios, no en las cátedras ni en las clases. Recuerdo haber visto a Ligia Amadío dirigir en el Teatro Colón y eso era un gran estímulo. Pero cuando yo empezaba a dirigir muchas veces me encontraba con frases como “es la primera vez que viene una mujer”, o “nunca vimos una mujer dirigiendo”. Eso de a poco va cambiando. Hoy veo que en la universidad y en los conservatorios hay cada vez más alumnas mujeres y también se empiezan a incluir directoras en las programaciones de las orquestas profesionales. Creo que hay cambios, pero todavía queda camino por recorrer para que llegue el momento en que simplemente hablemos de la música y no de la oportunidad.
-Cómo comenzó tu camino hacia la dirección orquestal?
-Yo quise estudiar música desde muy chiquita porque en mi casa se escuchaba mucho folclore. Me fascinaba cómo Carlos Di Fulvio tocaba la guitarra y cantaba. Yo tenía cuatro o cinco años cuando les dije a mis padres que quería hacer eso. A los seis me llevaron al Instituto de Música de la Municipalidad de Avellaneda. Con el tiempo empecé a ir al Teatro Roma, que estaba al lado, y escuché por primera vez una orquesta sinfónica. Ahí dije: “esto me fascina”. En mi casa había un violín que era de mi tía y decidí estudiar violín porque quería formar parte de la orquesta. También estudié piano complementario y con el tiempo entendí que lo que realmente me gustaba era la dirección. Cuando era adolescente y decía que quería ser directora de orquesta, muchas personas me preguntaban por qué elegía una carrera de hombres. Yo ni siquiera me había planteado que las carreras podían tener género, pero esa era una respuesta muy habitual (...) Tuve la fortuna de entrar a la Orquesta Académica del Teatro Colón tocando viola, donde me dieron la oportunidad de dirigir conciertos didácticos. Después fui asistente de maestros directores, hice cursos, concursos y empecé a trabajar con orquestas del interior. Para los directores la experiencia con las orquestas es fundamental, porque nuestro instrumento no está en casa: es la orquesta misma.
-Al no haber tenido referentes mujeres en el podio. ¿Cómo influyó eso en tu propio estilo?
-Cuando empecé, las pocas directoras que existían estaban en las salas de concierto pero no en la formación académica. En ese sentido, creo que la construcción del estilo propio se dio como en la formación de cualquier artista: primero uno imita a sus maestros y luego va tomando lo que le sirve y va definiendo su propia voz. Pero hubo un momento de quiebre cuando empecé a dar clases. Ahí me di cuenta de que muchas de las herramientas pedagógicas que yo estaba replicando tenían imágenes muy masculinas. Por ejemplo, se decía “empujá como un hombre” o “hacé el gesto como si dieras una trompada”. Ese fue un momento de deconstrucción.
Empecé a repensar la dirección desde un lugar más universal, entendiendo que cada cuerpo maneja las fuerzas de manera distinta y que la dirección no necesita apoyarse en imágenes asociadas a un género. Recuerdo que cuando dirigía bien algunos compañeros me decían “parecías un varón”, y eso era considerado un halago. Desarmar esas ideas fue parte de un proceso personal y profesional (...) Con el tiempo la dirección se convirtió en mi estilo de vida. Fue un sueño que perseguí y para el cual trabajé mucho. También hubo momentos fortuitos -ganar concursos, cubrir a un director enfermo en una producción- que me dieron experiencia y me permitieron seguir creciendo.
Además tengo la fortuna de haber formado una familia que me acompaña. Tengo un compañero que es realmente un par al lado mío, y sin el cual yo no podría hacer la carrera que hago viajando, yendo de aquí para allá, llegando tarde a mi casa, yéndome temprano, y él me hace de soporte y también arrulla a nuestro hijo en esos momentos en que mamá anda de aquí para allá, y eso también es importante.
-Si una chica joven te ve dirigir y piensa que ese podría ser su camino, ¿qué le dirías?
-Si hay una chica joven en el público que quiera ser directora, astronauta o científica le diría que ningún camino es fácil pero que siempre vale la pena ir detrás de aquello que nos impulsa. Si hay una vocación, es importante darle curso porque puede convertirse en nuestra pulsión de vida, en la posibilidad de nuestra mejor versión y nuestro más sincero legado. La dirección de orquesta requiere estudio constante, disciplina y organización. El instrumento del director es la orquesta, que es una suma de voluntades con las cuales hay que convivir y trabajar para que den lo mejor de sí. Es un trabajo profundamente colectivo. Y es una profesión muy noble porque uno se expresa a través de otros, los músicos, para alguien más: la audiencia.
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