Se supo: así eran las "Propo Fest" con drogas robadas de hospitales
| 1 de Abril de 2026 | 13:37
La muerte de un joven anestesista destapó una trama oscura dentro del sistema de salud porteño: fiestas privadas en las que se consumían drogas de uso estrictamente hospitalario, como fentanilo y propofol, sustraídas ilegalmente de centros médicos.
El caso salió a la luz tras el hallazgo sin vida de un residente de 29 años en su departamento, donde se encontraron ampollas y elementos de aplicación intravenosa. A partir de allí, la investigación avanzó sobre un circuito clandestino que involucraría a profesionales de la salud y el desvío de medicamentos desde el ámbito hospitalario.
Según reconstruyeron los investigadores, las reuniones eran organizadas en ámbitos privados y convocaban principalmente a personal médico. Allí, los asistentes consumían anestésicos mediante vías intravenosas, en lo que describían como “viajes controlados”.
El consumo no era improvisado: se utilizaban bombas de infusión —equipos médicos diseñados para administrar drogas en hospitales— y se establecían roles entre los participantes. En algunos casos, una persona quedaba encargada de asistir a quienes entraban en estado de apnea, es decir, paro respiratorio producto del efecto de las sustancias.
El nivel de riesgo era extremo. Tanto el propofol como el fentanilo son fármacos que deprimen el sistema nervioso central y requieren monitoreo constante en entornos clínicos. Su uso fuera de ese contexto puede provocar la muerte en cuestión de minutos.
Drogas robadas y distribución interna
La investigación determinó que las sustancias utilizadas en estas fiestas no se consiguen de manera legal fuera del sistema sanitario. Las ampollas halladas estaban identificadas como pertenecientes a un hospital de la Ciudad de Buenos Aires, lo que confirmó el desvío ilegal.
En ese marco, la Justicia puso bajo la lupa a un anestesiólogo y a una médica residente, sospechados de sustraer y distribuir los fármacos entre colegas de distintos centros de salud. Ambos fueron señalados en denuncias internas que derivaron en medidas administrativas y judiciales.
Fiestas, excesos y un desenlace fatal
Las reuniones combinaban consumo de sustancias con encuentros sociales e incluso versiones sobre contextos sexuales, según surgió de testimonios y material incorporado a la causa.
El fallecimiento del anestesista marcó un punto de quiebre. Fue encontrado con una vía colocada y signos de haber intentado administrarse las drogas por su cuenta, sin asistencia, lo que habría derivado en una sobredosis fatal.
A partir del escándalo, se inició una investigación interna en el hospital involucrado y se dio intervención a la Justicia. También hubo allanamientos y pedidos de documentación a entidades vinculadas a la anestesiología para determinar responsabilidades.
Desde la institución médica señalaron que se adoptaron medidas para esclarecer lo ocurrido y reforzar los controles sobre medicamentos sensibles.
El caso expone no solo un posible circuito ilegal de drogas dentro del sistema de salud, sino también prácticas extremadamente peligrosas entre profesionales que, paradójicamente, conocen en detalle los riesgos de las sustancias que consumían.
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