VIDEO.- Siguen las amenazas de tiroteo en La Plata: familias con dudas y protocolos escolares

Aunque las clases se retomaron con cierta “normalidad”, aún persiste la inquietud entre padres y alumnos. En algunas instituciones aseguran que los mensajes intimidatorios continuaron y reforzaron medidas de prevención

En medio de la escalada de violencia escolar y las amenazas de tiroteos registradas en distintas escuelas de la Ciudad y la Región, las clases retomaron cierta “normalidad”, aunque bajo un clima atravesado por la incertidumbre de las familias y la aplicación de estrictos protocolos institucionales.

Si bien las autoridades educativas buscan llevar tranquilidad y sostener la continuidad pedagógica, en las puertas de los colegios el escenario es otro: padres en alerta, alumnos con miedo y una comunidad educativa que intenta adaptarse a una situación que, lejos de disiparse, en algunos casos todavía persiste.

Otro caso alteró la tranquilidad en una escuela de La Plata

Una nueva denuncia por posibles amenazas de tiroteo en ámbitos escolares se registró en la ciudad de La Plata. El caso involucra a estudiantes de la Escuela Nuestra Señora de Luján y se encuentra bajo investigación de la Fiscalía de Menores, a cargo de Carmen Ibarra. La situación se originó a partir de un intercambio entre alumnas que incluyó la frase “entre las dos matamos a alguien”, difundida a través de redes sociales y estados de WhatsApp.

Según la denuncia policial, un grupo de familias se presentó este domingo en la Comisaría 9.ª luego de tomar conocimiento de publicaciones realizadas por una estudiante de segundo año. Entre los mensajes difundidos figuraban expresiones como “mañana la ayudo a la wacha de 5°”, “chau colegio, hola narcotráfico” y “entre las dos matamos a alguien”. Las publicaciones se produjeron en un contexto marcado por otros episodios recientes dentro del mismo establecimiento.

El último viernes, un alumno asistió al colegio con dos armas de utilería. Días antes, se había detectado una amenaza escrita en un baño del establecimiento que advertía sobre un posible tiroteo previsto para el lunes. El mensaje incluía la frase “no es joda”, escrita en letra imprenta.

La institución educativa emitió un comunicado en el que informó las medidas adoptadas. Entre ellas, se incluyen la realización de denuncias formales en la Comisaría 9.ª, la notificación a inspectores del área y la convocatoria a las familias de los estudiantes involucrados. Asimismo, se dispuso que los alumnos señalados no asistan temporalmente al establecimiento.

Como parte de las acciones preventivas, la escuela implementó la exhibición de mochilas y pertenencias de los estudiantes del nivel secundario al momento del ingreso. Además, se indicó que la problemática será abordada en el aula mediante proyectos pedagógicos y dinámicas a cargo del cuerpo docente. En el comunicado, la conducción del establecimiento señaló que el abordaje de estos hechos requiere la participación conjunta de la escuela, las familias y los estudiantes.

preocupación en las comunidades educativas

En la Escuela Secundaria Nº31 - 46 entre 4 y 3 -, una madre aseguró que las amenazas no cesaron. “Siguen. No sabemos si son verdad o mentira, si es un juego o una broma, pero es algo malo”, expresó Carmen, quien contó que su hija le manifestó temor al momento de asistir a clases. “Me decía ‘mami, noquiero ir’, pero igual tiene que cumplir con las tareas y venir”, relató.

Según detalló, los mensajes no se limitan a un solo ámbito, sino que circulan principalmente a través de redes y grupos de estudiantes. “Van pasando videos, cosas que vienen de otros colegios, de otros lugares. No es solo de acá”, explicó, marcando la dificultad para identificar el origen de las amenazas.

En ese contexto, destacó que dentro del establecimiento se implementaron medidas de control. “Lo bueno es que revisan cuando ingresan”, señaló, aunque remarcó que la tranquilidad todavía no volvió por completo. “Esperemos que se resuelva por el bienestar de los chicos y para la tranquilidad de nosotros como padres”, agregó.

Sin embargo, no todas las familias perciben el impacto de la misma manera. Emiliano, padre de una alumna del mismo establecimiento, sostuvo que su hija no manifestó miedo, aunque admitió que el tema se instaló entre los jóvenes. “La preocupación está, pero los chicos lo toman de otra manera, como algo más natural. Ahí está el problema”, indicó.

En la misma línea, Fernando, también padre de una estudiante de la Secundaria Nº31, recordó que en un primer momento decidió no enviar a su hija. “Nos preocupó, como a cualquier persona. Al otro día no la mandamos porque muchos padres habían tomado la misma decisión”, explicó.

Después de una reunión con directivos, dijo que las autoridades intentaron llevar tranquilidad. “Nos dijeron que habían hecho la denuncia y que la escuela estaba atenta. Que iban a reforzar la vigilancia, incluso con preceptores en los baños”, detalló. Aun así, reconoció que el temor sigue latente. “Tratamos de minimizarlo para que no sea un trauma”, afirmó.

La inquietud también se repite en otras instituciones. En el Albert Thomas - 1 entre 57 y 58 -, padres de alumnos de primer año explicaron que el principal canal de información hoy son los grupos de mensajería entre familias y la comunicación con preceptores. “Como padres estamos pendientes todo el tiempo de lo que se dice en los grupos. Es reciente y todos estamos atentos”, señalaron.

En ese establecimiento, además, algunos padres advirtieron que las amenazas aparecen en un contexto de creciente conflictividad entre adolescentes. “Una vez por semana pasa algo violento. Peleas, videos, desafíos. Los profesores intentan intervenir, pero muchas veces no alcanza”, comentó uno de ellos.

Para varias familias, el temor ya no pasa solamente por una amenaza puntual, sino por un clima más amplio de violencia que comenzó a instalarse dentro y fuera de las escuelas. “Hay muchas horas dentro del colegio y después están los celulares, los videos, los retos. Muchas peleas empiezan para grabarlas y compartirlas”, describieron.

Frente a este escenario, las instituciones vienen reforzando un protocolo común ante amenazas: aviso inmediato a Inspección, intervención policial, comunicación con las familias, radicación de la denuncia judicial y seguimiento interno de los estudiantes involucrados. En algunos casos también se sumaron controles en los accesos, presencia de personal en sectores sensibles y restricciones de circulación dentro del edificio.

Así, aunque las aulas volvieron a poblarse y el dictado de clases continúa, la rutina escolar ya no es la misma. Ahora la “normalidad” convive con un nuevo escenario: el de una comunidad educativa que busca recuperar calma en medio de una preocupación que todavía no termina de irse.

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