Trump agita la guerra: redobla sus amenazas a Irán

El estadounidense volvió a contradecirse: mencionó un posible acuerdo para hoy, pero al mismo tiempo lanzó advertencias extremas y elevó la tensión al máximo

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a elevar al máximo la tensión con Irán al lanzar una nueva y dura amenaza contra su infraestructura estratégica, en medio de un conflicto que ya sacude a toda la región. En un mensaje cargado de agresividad y groserías, el mandatario advirtió que intensificará los ataques si Teherán no reabre el estrecho de Ormuz dentro del plazo fijado. “Estarán viviendo en el infierno”, escribió, al tiempo que prometió atacar plantas eléctricas, puentes y otros objetivos clave si no se restablece el tránsito marítimo.

Tempranó en la mañana, había dicho a la cadena Fox que había una “buena posibilidad” de llegar a un acuerdo con Irán hoy lunes, en otra muestra de su constante contradicción sobre el conflicto.

La advertencia a Irán, difundida en redes sociales y seguida de la frase “Alabado sea Alá”, marcó un nuevo punto de escalada en la retórica de Washington. No es la primera vez que Trump impone plazos, aunque en ocasiones anteriores los extendió ante avances diplomáticos. Sin embargo, el tono actual refleja una mayor presión en un contexto donde los precios del petróleo se disparan y los mercados globales sienten el impacto del conflicto.

RESPUESTA DE TEHERÁN

Desde Teherán, la respuesta fue inmediata y contundente. La misión iraní ante la ONU calificó las amenazas como “clara evidencia de intención de cometer crímenes de guerra”, elevando el tono diplomático al máximo. En paralelo, el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, lanzó una advertencia directa: “Toda nuestra región arderá”, en un mensaje dirigido a Trump en el que lo acusó de actuar bajo la influencia del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.

“Sus acciones insensatas están sumiendo a Estados Unidos en un auténtico infierno para todas y cada una de las familias, y toda nuestra región arderá”, escribió Qalibaf, dejando en claro que Irán no solo responderá, sino que podría ampliar el conflicto a una escala regional aún mayor. En la misma línea, el mando militar iraní advirtió que intensificará ataques contra la infraestructura petrolera y civil si Washington y sus aliados continúan con bombardeos sobre objetivos sensibles.

El ministro de Cultura iraní, Sayed Reza Salihi-Amiri, también criticó la conducta del líder estadounidense y sostuvo que “Trump se ha convertido en un fenómeno que ni los iraníes ni los estadounidenses pueden analizar plenamente”, señalando sus constantes cambios de postura. Este clima de incertidumbre añade un componente impredecible a una crisis ya de por sí volátil.

ORMUZ, LA PIEZA CLAVE

En el centro de la disputa está el estratégico estrecho de Ormuz, una de las principales arterias del comercio energético mundial. Por allí transita una parte significativa del petróleo y gas que abastece a Europa y Asia.

Irán dejó entrever que su reapertura podría depender de compensaciones económicas por los daños sufridos, mientras que algunos buques ya habrían pagado para poder transitar, según versiones que circulan en la región.

Pero la presión no se limita a Ormuz. Un asesor cercano al poder iraní advirtió que Teherán también podría restringir el paso por el estrecho de Bab el-Mandeb, otra vía clave que conecta con el canal de Suez. Esta posibilidad encendió alarmas internacionales, ya que implicaría un golpe aún mayor al comercio global y a las cadenas de suministro.

Mientras tanto, los esfuerzos diplomáticos intentan evitar una escalada irreversible. Omán volvió a desempeñar su rol de mediador, con reuniones entre funcionarios iraníes y omaníes para discutir el tránsito marítimo. Egipto, Turquía, Pakistán y Rusia también participan en contactos para contener la crisis, aunque sin avances concretos hasta ahora.

EN EL TERRENO

En el terreno, la guerra continúa dejando huellas profundas. En Emiratos Árabes Unidos, la caída de restos de proyectiles interceptados provocó incendios en instalaciones petroquímicas, obligando a detener operaciones.

n Kuwait, ataques con drones iraníes dañaron plantas eléctricas y una desalinizadora, afectando el suministro de agua en plena escalada del conflicto.

Bahréin también fue blanco de ataques, con incendios en depósitos de la compañía nacional de petróleo, mientras que en Israel equipos de rescate buscaban víctimas tras el impacto de un proyectil en un edificio residencial en Haifa. La violencia, lejos de contenerse, se expande a distintos puntos del mapa regional.

El costo humano es cada vez más dramático. Más de 1.900 personas han muerto en Irán desde el inicio de la guerra, mientras que en los países del Golfo, Israel y territorios ocupados se registran decenas de víctimas adicionales.

En Líbano, el saldo supera los 1.400 muertos y más de un millón de desplazados, reflejando la magnitud de una crisis humanitaria en expansión.

En este contexto, el cruce de amenazas entre Washington y Teherán no solo intensifica la retórica, sino que alimenta un conflicto que ya tiene consecuencias devastadoras sobre el terreno. La posibilidad de que nuevas rutas marítimas queden bloqueadas y de que los ataques se amplíen a infraestructuras civiles clave mantiene en vilo a la comunidad internacional, ante el riesgo de una escalada aún mayor en una región estratégica para el equilibrio global.

El titular del Parlamento iraní le retrucó a Trump, diciendo que “toda la región arderá”

 

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