Estupor por un supuesto abuso a un menor en un ámbito religioso
Edición Impresa | 14 de Mayo de 2026 | 03:42
No es la primera vez que un ámbito religioso se convierte en escenario de un infierno. Y no nos referimos a los destinos que reflejan las consecuencias de los actos y decisiones tomadas en vida, sino al drama de los abusos. Es que en las últimas horas salió a la luz otra historia aberrante, que llegó a la Justicia de La Plata para intentar poner luz en medio de tantos interrogantes.
De acuerdo a fuentes seguras, una congregación evangélica que funciona en la zona oeste de la Ciudad habría sido el ámbito donde se registró el hecho.
La víctima sería un menor de 6 años, quien pudo poner el suceso en palabras. Fue frente a sus padres y en un ámbito propicio para sortear cualquier obstáculo, temor o vergüenza.
Según la presentación, la madre del pequeño expresó que un domingo, durante una actividad, su hijo fue blanco de un ataque siniestro.
Es que quedó en shock cuando escuchó al pequeño decir que le había pedido permiso a un profesor para ir al baño y, cuando estaba en ese sector del inmueble, ingresó una persona adulta con el rostro cubierto por una máscara. Solo se le veían los ojos.
Seguidamente, la mujer expresó que, siempre en base al testimonio de su hijo, una persona de sexo femenino “se bajó los pantalones, le exhibió sus genitales y le pidió que la tocara”. Y como el chiquito se negó, directamente “intentó bajarle los pantalones”, agregó la denunciante.
La escena era aterradora. Mucho más cuando escuchó una serie de amenazas contra los padres. El nene debía quedarse en silencio. No podía hablar de lo sucedido. Igual nada de eso ocurrió.
Los mismos voceros expresaron que el menor también contó que no era la primera vez que pasaban “cosas raras” en el lugar, aunque no se conocieron otros detalles.
Tras los hechos, trascendió, el nene expresó conductas inhabituales dentro de su hogar, de contenido sexual manifiesto, que llamaron mucho la atención.
Respecto de la agresora, se conoció que tendría cabello rubio hasta los hombros, sería delgada y vestía ropas oscuras.
En ese contexto, no se pudo precisar si pertenece o no a la institución. La cobertura del rostro impidió cualquier aproximación en ese sentido.
Se supo que en la iglesia funcionan varias salas por edades y que le pequeño tiene al menos cinco compañeritos.
LA PESQUISA
Ahora será el tiempo de los hombres. De la Justicia. Seguramente con una serie de diligencias probatorias, entre ellas la llamada Cámara Gesell, se intentará comprobar si el relato es verosímil o fabulado.
Habrá informes psicológicos y se dispondrán varias testimoniales, entre distintas medidas que buscarán llegar a la verdad material.
Este caso se suma a otros episodios de abusos sexuales en ámbitos religiosos que han conmocionado a la sociedad argentina en los últimos años.
Se sabe que los abusos en ámbitos religiosos son situaciones complejas donde se utiliza la autoridad espiritual, la confianza o las creencias para manipular, controlar o dañar a otras personas.
Estos episodios no se limitan a agresiones físicas o sexuales, sino que engloban una estructura de poder que a menudo dificulta su detección y denuncia.
Si bien en el evento denunciado se desconoce quién lo cometió -y si existió-, los pesquisas no descartan hipótesis. Entre ellas figuran que haya participado alguien con vínculos con la entidad y que pudo tratarse de un tercero o extraño, que se aprovechó de algún punto vulnerable en los accesos para ingresar al recinto.
Es común que los espacios espirituales o de retiro suelen dificultar la detección temprana de estos episodios.
El temor, la culpa, las amenazas, el miedo a no ser creídos o, incluso la presión de los demás, pueden convertirse en obstáculos para quienes intentan contar lo sucedido.
En incidentes donde las presuntas víctimas son menores de edad, la intervención judicial y profesional resulta fundamental para garantizar contención y evitar las tan temidas revictimizaciones.
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