Niños que fascinaron a Trump, lujo imperial y un banquete con Xi

Pato pekinés, langosta y tiramisú marcaron una cena repleta de gestos diplomáticos y momentos virales en Beijing

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La llegada de Donald Trump a Beijing tuvo todos los ingredientes de una superproducción cuidadosamente diseñada para impresionar. Ayer, el presidente estadounidense fue recibido con una fastuosa ceremonia organizada por Xi Jinping que convirtió la Plaza de Tiananmen y el Gran Salón del Pueblo en el escenario de una jornada cargada de símbolos, color y protocolo milimétrico.

El momento más comentado de la bienvenida no fueron los cañones de saludo ni la impecable guardia militar que marchó a paso lento frente a los mandatarios, sino los cientos de niños de primaria vestidos con colores brillantes que salieron al encuentro de Trump y Xi. Las niñas agitaban flores mientras los niños levantaban pequeñas banderas de China y Estados Unidos, saltando y vitoreando al paso de ambos líderes. En medio de los enormes escalones alfombrados de rojo y las gigantescas banderas de ambos países colgadas en el salón de mármol, la escena aportó una cuota inesperada de calidez.

Trump pareció disfrutar especialmente ese recibimiento. Durante el recorrido, se mostró relajado, dio varias palmadas amistosas en la espalda de Xi y luego confesó ante la prensa que los chicos habían sido lo más impactante de la ceremonia. “Los niños fueron increíbles”, dijo sonriente. Incluso definió el recibimiento como “un honor como pocos que haya presenciado antes”.

La jornada avanzó con una reunión bilateral en el Gran Salón del Pueblo y luego con una visita al histórico Templo del Cielo, el complejo religioso del siglo XV que simboliza la unión entre el cielo y la tierra. Todo ocurrió bajo un calor inusual para mayo en Beijing, con temperaturas de hasta 33 grados y una espesa capa de contaminación que cubría la ciudad. Hasta las botellas de agua repartidas durante la cumbre terminaron convirtiéndose en un fenómeno viral en las redes sociales chinas.

Y es que la visita desató una auténtica fiebre digital. Circularon montajes creados con inteligencia artificial donde Trump aparecía compartiendo brochetas y cerveza con Xi Jinping, Elon Musk (dueño de Tesla) y Tim Cook (director de Apple) en tradicionales hutongs (callejones) pekineses. Uno de los momentos más comentados fue protagonizado justamente por Musk, captado girando sobre sí mismo en las escaleras del Gran Salón del Pueblo para grabar un video de 360 grados de la ceremonia.

UN GRAN BANQUETE

Sin embargo, el gran cierre del día llegó con el banquete de Estado organizado por Xi Jinping. La cena fue una exhibición de gastronomía china adaptada parcialmente al gusto del mandatario estadounidense. El menú incluyó langosta en sopa de tomate, costillas de res crujientes, salmón cocinado lentamente con salsa de mostaza y verduras de temporada guisadas.

El plato estrella fue el tradicional pato laqueado al estilo Beijing, considerado uno de los símbolos culinarios de la capital china. También se sirvió un bollo de cerdo frito, una especialidad muy popular en Shanghái y asociada incluso a Xi Jinping desde que años atrás fue fotografiado comiéndolo en un restaurante popular.

Los postres combinaron sabores chinos y occidentales: tiramisú, frutas frescas, helados y un curioso pastelito con forma de trompeta o caracola que llamó la atención de los invitados.

A diferencia de otras giras internacionales, Trump mantuvo un perfil sorprendentemente moderado durante toda la visita.

Habló poco, publicó menos mensajes de lo habitual en Truth Social y adoptó un lenguaje corporal más sobrio. Pero entre niños agitando flores, banquetes imperiales y videos virales, la cumbre consiguió exactamente lo que Beijing buscaba: transformar la política internacional en un espectáculo global.

 

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