Está en juego que el derecho a saber no sea un privilegio

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Lionel Chiarella *

eleconomista.com.ar

Cuando tenía 18 años, hice las valijas en Venado Tuerto y me fui a Rosario a estudiar Abogacía en la Universidad Nacional. Era un pibe del interior con un sueño y sin mucho más que eso. La universidad pública me abrió la puerta. Sin arancelarme, sin preguntarme de dónde venía ni cuánta plata tenía mi familia. Me recibí porque este país, hace más de cien años, tomó una decisión histórica: que el saber no iba a ser un privilegio de pocos.

Eso es lo que está en juego hoy.

No es una discusión abstracta sobre presupuesto. Es una discusión sobre qué país queremos ser. Y el gobierno de Javier Milei eligió su bando con claridad: en dos años, recortó el financiamiento a las universidades nacionales en un 45,6 por ciento en términos reales.

No es mi número: es el dato del propio Ministerio de Capital Humano. Le dio a las universidades públicas de todos los argentinos menos de la mitad de lo que necesitan para funcionar. Los salarios de los docentes perdieron cerca del 50% de su poder adquisitivo. Las becas de los estudiantes están congeladas. Los directores de los hospitales universitarios ya advirtieron que en poco tiempo no van a poder seguir atendiendo.

Y cuando el Congreso —con la firma y el voto de diputados y senadores de todo el país— aprobó la Ley de Financiamiento Universitario, Milei la vetó. Y cuando los legisladores la sostuvieron con dos tercios, con fallos judiciales favorables, el Ejecutivo simplemente la ignoró. A casi 200 días de su aprobación, la Ley sigue sin aplicarse. Eso no es un desacuerdo político. Es una afrenta institucional.

Hay que tener mucha distancia de los argentinos reales para no entender lo que significa la universidad pública. Hay que estar muy cómodo en la cúspide del poder para no ver lo que ven los datos del propio gobierno. Según el Anuario de la Secretaría de Políticas Universitarias —elaborado por el Ministerio del Gobierno Nacional— el 89% de los ingenieros del país se forman en universidades públicas. El 88% de los veterinarios. El 86% de los agrónomos. El 73% de los médicos. La misma cadena agroexportadora que genera el grueso de las divisas del país existe porque, entre otras cuestiones, durante décadas la universidad pública formó a los profesionales que la sostienen.

La Reforma Universitaria de 1918 fue la respuesta de los estudiantes argentinos a una universidad cerrada y elitista. La Argentina que emergió de esa disputa entendió que la grandeza de una Nación se mide en las oportunidades que les abre a sus hijos, no en las que les cierra. Esa misma convicción llevó a los argentinos a las calles en los noventa cuando quisieron arancelar las universidades. Y esa misma convicción llenó las plazas de todo el país para rechazar el veto de Milei.

Yo salí de esa universidad. La que le abrió la puerta a un pibe de Venado Tuerto para que pudiera estudiar, formarse y después servir a su comunidad. Y así, miles de jóvenes a lo largo y ancho de la República Argentina. No vamos a quedarnos callados mientras la desmantelan.

Ahora volvemos a las calles. Porque si hay algo que los argentinos tenemos claro desde hace más de un siglo, es que cuando nos tocan la educación pública, salimos a defenderla. Y esta vez no va a ser distinto.

* Presidente la Unión Cívica Radical

 

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