Amor a ciegas bajo el mar: el secreto de los ocho brazos
Edición Impresa | 17 de Mayo de 2026 | 01:51
Los pulpos, esos enigmáticos habitantes del océano, llevan una vida más bien solitaria. Solo se encuentran con otros de su especie en momentos muy puntuales: el apareamiento. Y justamente allí es donde la naturaleza vuelve a sorprender. Un estudio publicado en Science revela que uno de sus brazos tiene una habilidad increíble: puede detectar y fecundar a la hembra sin necesidad de verla. Este brazo especializado, llamado hectocotilo, no solo transporta el esperma, sino que también “siente” el entorno. Según explica Nicholas Bellono, de la Universidad de Harvard, su función va mucho más allá de lo que se creía. En lugar de explorar como los otros tentáculos, se reserva para el momento del encuentro. Lo más curioso es cómo funciona: las ventosas del hectocotilo detectan sustancias químicas, en particular la progesterona de la hembra. Solo cuando reconocen esta señal, el pulpo libera el esperma. Es decir, no necesita contacto visual ni interacción directa completa para reproducirse. Experimentos demostraron que incluso separados por barreras o en completa oscuridad, los machos pueden encontrar a las hembras guiándose únicamente por señales químicas. Así, el pulpo confirma que, en el mundo natural, a veces “sentir” es mucho más importante que ver.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE