La Plata, capital de las pensiones: un fenómeno que no pierde su vigencia

Históricamente asociado con la vida universitaria, no se agota allí y aporta rasgos propios a muchos barrios, del Centro a la periferia

Edición Impresa

En La Plata, detrás del auge contemporáneo de las residencias universitarias “premium”, sigue vigente un circuito menos llamativo pero fuertemente demandado en épocas de vacas flacas: el de las pensiones tradicionales. Esas viviendas fraccionadas en múltiples habitaciones, a veces precarias, a veces diminutas, improvisadas en altillos, patios o terrazas, llenas de tabiques y con sanitarios y cocinas, en general, compartidos.

Habita esa trama un universo de residentes heterogéneo y poco estridente que en los últimos meses creció empujado por la crisis. Si bien en general se alojan estudiantes del interior, y muchos lugares son exclusivos para éstos, en ocasiones los noveles universitarios conviven con turistas, jubilados, trabajadores “golondrina”, familias desplazadas del mercado formal de alquileres, personas que por diferentes vicisitudes necesitan una salida habitacional rápida y sin demasiados requisitos, y un variado etcétera, pero con algo en común. Todos hacen equilibrio con presupuestos ajustados.

El alojamiento parte de unos $170 mil mensuales y puede pasar los $780 mil en modo “premium”

Aunque no existen registros oficiales precisos sobre la cantidad real de pensiones que funcionan actualmente en nuestra región -no todas están dentro del marco formal-, en el sector coinciden en que la demanda en los últimos meses creció, sobre todo en zonas cercanas a las facultades, la Terminal, la Estación de 1 y 44, el micro y macrocentro, y el corredor del Tren Universitario.

El fenómeno no es marginal. Según las principales plataformas del sector, La Plata y alrededores disponen de unas 80 residencias y pensiones activas publicadas simultáneamente. Y alrededor del 80 por ciento de esas residencias están ubicadas dentro del casco urbano fundacional; a diferencia de los modernos “campus” privados, con salas de estudio y “amenities”, en casonas céntricas renovadas o viejos hoteles prolijamente reciclados, con atractivas páginas web y cuidada presencia en las redes sociales, muchas de estas pensiones funcionan todavía bajo lógicas que no cambiaron en generaciones: cuartos diminutos individuales o compartidos con camas cucheta, baños compartidos, cocinas comunes y códigos de convivencia que se nutren de reglamentos escritos pero sobre todo de acuerdos tácitos para el uso de cocinas y baños.

La flexibilidad, por sobre todo

Los alquileres se realizan a través de contratos renovables, por treinta días, tres o seis meses, en un esquema cuya virtud está en su flexibilidad, dado que garantía propietaria, depósitos, recibos de sueldo y gastos administrativos, siguen siendo filtros imposibles para gran parte de quienes llegan a la ciudad.

En algunas casas, las condiciones son aceptables. En otras, más precarias. Sin embargo, para muchos, siguen siendo la única alternativa posible frente a un mercado inmobiliario a veces desafiante. “Un pibe si tiene que alquilar un monoambiente hoy, que está a 400 mil pesos, más 100 mil de expensas, se va a 500. Tiene que vivir, al menos unos 300 mil pesos más, algún gasto de traslado, etcétera”, explica el corredor inmobiliario platense Ramón Penayo: “Hay quienes, ante este volumen, pueden preferir la pensión. Con todo, no advertimos aún que se esté dando un crecimiento explosivo de estos casos”.

El centro platense cuenta con más de sesenta residencias y pensiones activas del circuito “formal”

Penayo entiende que parte del atractivo de las pensiones radica en que obvian algunos de los filtros de acceso del mercado formal. “Muchas veces no piden garantía, no conllevan gastos de honorarios ni depósito. Algunas lo exigen, pero no todas”, señala.

En una construcción adosada sobre el fondo de una vieja propiedad, en el barrio que media entre la Terminal y la Estación se aloja Tomás Incalletti, un estudiante de Diseño Industrial de veinticuatro años que comparte pensión con otros inquilinos. El lugar funciona en una antigua casona subdividida donde una familia ocupa buena parte de los espacios comunes. Él alquila una pequeña pieza armada con chapas y madera en una planta alta improvisada. Para sobrellevar el invierno tuvo que llevarse una estufa eléctrica. “Si no, de noche es imposible. El frío entra por todos lados”, cuenta. Allí también viven dos amigos suyos, una pareja de adultos mayores y otros inquilinos temporarios que entran y salen según la temporada universitaria o laboral.

Valores de referencia

Lejos del lujo y la decoración chic, la propiedad condensa las huellas de varias generaciones de pensionistas y la fatiga de los materiales. Los valores de estos hogares provisorios varían enormemente según la ubicación y las comodidades. Parten de unos $170.000 mensuales y pueden alcanzar los $780.000, según las instalaciones y los servicios que incluyan. Se ofrecen habitaciones individuales, dobles, triples o cuádruples. En una pensión algo alejada del microcentro se puede obtener una habitación individual en el orden de los 190 mil pesos, con servicios que mensualmente rondan entorno a los 32 mil pesos.

Otros espacios oscilan entre $225.000 mensuales (cuádruples con camas cucheta) y $380.000 para las individuales, algunas con baño privado. Las más caras incluyen en la tarifa los servicios de luz, gas y agua. En el segmento premium, en lo que son casi apart-hoteles juveniles, los precios arrancan de donde los dejan las pensiones tradicionales y un cuarto individual puede cotizar más caro que un monoambiente, sumando seguridad, luz, gas, limpieza, wi-fi, “coworking” y otras amenities.

El mapa de las pensiones también acompaña la dinámica económica de la ciudad. Hay barrios en los que prácticamente cada manzana tiene una o más pensiones, una fotocopiadora, un kiosco 24 horas o un local gastronómico pensado específicamente para estudiantes. Si bien no existen datos censales exactos, las estimaciones llevan a unas veinte mil las personas que habitan la ciudad bajo estos esquemas.

El factor académico

En corredores como 1 y 60, 7 y Plaza Rocha, diagonal 80 o las inmediaciones de Medicina, Bellas Artes y Humanidades, la demanda suele intensificarse entre febrero y abril, coincidiendo con el inicio del ciclo lectivo universitario. Propietarios y administradores aseguran que durante esos meses gran parte de las plazas disponibles se ocupan rápidamente, mientras que en invierno o durante recesos académicos aumenta la rotación. En muchas propiedades, además, los espacios comunes fueron adaptados al máximo para ganar capacidad: antiguos comedores convertidos en dormitorios, patios techados con durlock y divisiones internas levantadas de manera precaria para incorporar más camas en superficies reducidas.

Los datos que circulan entre estudiantes muestran además otro fenómeno: el traslado progresivo de la demanda hacia sectores de Berisso -Villa Argüello-, Ensenada -El Dique- y localidades como Villa Elvira o Los Hornos. Allí, se ofrecen camas desde los 80 mil pesos. El encarecimiento del casco urbano empujó a muchos ingresantes hacia zonas periféricas donde todavía pueden encontrarse alquileres y pensiones más accesibles. En Reddit, estudiantes que planean mudarse a la ciudad ya hablan de presupuestos mensuales superiores a los 400 mil pesos solamente para alojamiento y gastos básicos, y aun así reciben respuestas advirtiendo que “no alcanza”.

En este mercado, la heterogeneidad es la norma. Hay pensiones que funcionan en casas viejas de barrio con paredes húmedas -tanto que el factor humedad intrahogareña es un tema recurrente en los foros- y residencias de diseño que parecen sacadas de una serie de Netflix universitaria. En el lado B de este circuito, la relativa informalidad abona conflictos de convivencia, robos menores, problemas de higiene y de mantenimiento.

La Plata tiene una particularidad histórica que explica el enorme tamaño de estos fenómenos. La UNLP es una de las casas de altos estudios más prestigiosas y convocantes del país. En foros y comunidades digitales aparecen testimonios de jóvenes provenientes de Salta, Tucumán, San Luis, Tierra del Fuego o Misiones que describen a la ciudad como un gigantesco ecosistema estudiantil donde “la mitad de la ciudad viene del interior”.

 

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE