Otra vez el corazón roto: Pampita, separada, se fue a Miami “a pasar las penas”
Edición Impresa | 4 de Mayo de 2026 | 01:21
La bomba la tiró Yanina Latorre, como siempre, con capturas en mano y sin anestesia: Pampita confirmó tras semanas de versiones que se separó de Martín Pepa, el polista al que le había abierto la puerta de su vida —y de sus viajes— después de la debacle con Moritán. Y lo peor: no lo vio venir. El mensaje filtrado fue lapidario: ”Sí, me separé. No me lo esperaba”.
La relación había arrancado en octubre de 2024, con el barro de la separación mediática todavía fresco. Ocho meses de enamoramiento público, presentaciones familiares, fotos de viajes. La postal del amor que se arma cuando dos personas quieren convencerse —y convencer al mundo— de que todo va bien. Pero la geografía fue implacable: él no vive en Argentina, ella tiene cuatro hijos y una agenda que no para. “Mucha, mucha videollamada. Comemos haciendo videollamada cada uno en un país distinto”, había reconocido ella en “LAM” el año pasado. No hace falta ser sociólogo para entender que eso no es una relación, es una performance del deseo.
El golpe final llegó a fines de abril. Y según Latorre, la decisión fue de él. ”La dejó él... como la otra vez”, dijo la panelista, con esa precisión quirúrgica que tiene para meter el dedo en la llaga.
Es que Pampita y Pepa ya se habían separado, justamente acusando los problemas de distancia. En agosto, él habría dicho basta, también para sorpresa de ella, que, de todos modos, en mayo ya contaba que la cosa era difícil a distancia: “Es muy difícil. Vamos lentamente. Porque obviamente no vivimos en el mismo país. No nos vemos todos los días”, expresó entonces la modelo.
FUGA AL SOL
La reacción de Pampita esta vez fue la de siempre: escape hacia adelante. Destino: Miami, con amigos, “a pasar las penas”. El detalle que le agrega picante al asunto es que en esa misma ciudad está “Cochito” López, el expiloto con el que ya la vincularon más de una vez. Casualidad, dicen. Claro que sí.
Porque desde que se separó de Roberto García Moritán en 2024 —el divorcio más ruidoso del año, el político en caída libre, los rumores de crisis económica y deslealtad—, Pampita no encontró dónde anclar. Pepa parecía ser la respuesta: pintón, de otro mundo, lejos de la política y el escándalo. Pero lo que está lejos, en algún momento, simplemente se va.
El historial post-Moritán es el de una mujer que intenta rearmarse en público, con toda la exposición que eso implica. Cada ilusión, cada foto romántica, cada “vamos lentamente” dicho en cámara, termina convirtiéndose en munición. Pampita lo sabe. Y aun así, después de mil escándalos, después de agarrarse de las mechas con Isabel Macedo, del Palta-Gate y los años de aguantarse a La China Suárez orbitando su familia, después de los líos de Moritán para mantener, al parecer, los pantalones puestos en su tarea polícia, Pampita sigue apostando al amor. A eso se fue a Miami: a recargar pilas para su próxima apuesta romántica.
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