Mileísmo sin Milei

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Alberto Nofel

El desgaste político que viene acumulando el Gobierno en las últimas semanas empezó a producir un fenómeno que hasta hace poco parecía impensado dentro del oficialismo: la aparición de dirigentes y sectores que buscan preservar el rumbo económico libertario, pero tomando distancia de la lógica de confrontación permanente que encarna Javier Milei. En ese contexto comenzaron a leerse los pronunciamientos de figuras como la senadora Patricia Bullrich y el ex jefe de Gabinete Guillermo Francos, movimientos que ya generan expectativas y especulaciones más allá de la interna oficialista.

La crisis desatada por las sospechas sobre el patrimonio y los gastos de Manuel Adorni terminó funcionando como catalizador de esa discusión. Lo que comenzó como un episodio vinculado a cuestionamientos por transparencia derivó en algo más profundo: un debate silencioso dentro del oficialismo sobre hasta qué punto el proyecto libertario puede sostenerse si la figura presidencial empieza a perder centralidad política o capacidad de conducción.

Ese es hoy el verdadero trasfondo del episodio. Porque mientras Milei eligió blindar a Adorni con una defensa total y sin matices, comenzaron a aparecer señales de otro fenómeno dentro del universo libertario: la necesidad de construir una versión más pragmática, menos confrontativa y políticamente más amplia del oficialismo.

La discusión ya no pasa solamente por defender o no a un funcionario cuestionado. Lo que empieza a insinuarse es algo más delicado para la Casa Rosada: la posibilidad de un “mileísmo sin Milei”.

EL COSTO POLÍTICO DEL BLINDAJE

La decisión de Milei de sostener a Adorni a cualquier precio sorprendió incluso dentro del oficialismo. El Presidente ya había demostrado en el pasado que no tiene reparos en desplazar funcionarios importantes cuando considera que afectan su estrategia política. Ocurrió con Nicolás Posse y también con Guillermo Francos, ambos alejados sin grandes contemplaciones pese a que sobre ellos no pesaban sospechas públicas de irregularidades.

Sin embargo, en el caso Adorni el comportamiento es distinto. Milei convirtió su defensa en una cuestión personal y política. El mensaje hacia adentro del gabinete fue inequívoco: nadie puede despegarse del funcionario cuestionado. Y esa decisión terminó arrastrando al conjunto del oficialismo a una crisis que ya impacta sobre la imagen pública del Gobierno.

En ese contexto apareció Patricia Bullrich con una intervención quirúrgica. La senadora no pidió la renuncia de Adorni ni reclamó una licencia, pero sugirió públicamente que adelante su declaración jurada para despejar dudas. La propuesta pareció moderada, aunque en realidad encerraba otra señal: la necesidad de ofrecer una salida política antes de que el desgaste se vuelva irreversible.

Bullrich no sólo buscó diferenciarse. También insinuó una alternativa de conducción dentro del espacio oficialista, una versión más pragmática y menos confrontativa del universo libertario.

EL PROBLEMA DE FONDO

Hasta hace pocos meses Milei mantenía una ventaja política decisiva: era visto por buena parte de la sociedad como la única alternativa posible frente al kirchnerismo. Esa lógica le permitía absorber tensiones internas, errores de gestión y episodios polémicos sin pagar costos demasiado altos.

Pero el escenario cambió. El kirchnerismo aparece debilitado, fragmentado y sin capacidad real de construir una alternativa inmediata de poder. Y esa transformación generó un fenómeno nuevo: el corrimiento de gran parte del sistema político hacia posiciones de centroderecha y liberalismo económico.

“El kirchnerismo aparece debilitado y sin capacidad de construir una alternativa inmediata”

En otras palabras, Milei dejó de tener el monopolio de ese electorado.

La consecuencia es incómoda para la Casa Rosada. Porque ahora empiezan a emerger dirigentes, sectores y aliados que imaginan la posibilidad de sostener las reformas económicas y el rumbo general del Gobierno, pero con otro estilo político, menos agresivo y más dispuesto a negociar. Justamente, un “mileísmo sin Milei”.

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA ALTERNATIVA

No se trata todavía de una ruptura abierta ni de una conspiración interna. Mucho menos de una rebelión organizada. Lo que empieza a insinuarse es algo más sutil: la construcción gradual de una opción oficialista que conserve las banderas económicas libertarias pero reduzca el nivel de confrontación permanente que caracteriza al Presidente.

El episodio Adorni funciona como catalizador de esa discusión.

Mientras Milei interpreta cualquier cuestionamiento como un ataque directo contra su autoridad, otros sectores del oficialismo parecen evaluar que el problema central ya no es sólo defender al Gobierno, sino evitar que el desgaste presidencial termine arrastrando al conjunto del proyecto político.

“Javier Milei convirtió la defensa de Manuel Adorni en una cuestión personal y política”

Por eso algunos dirigentes comienzan a ensayar movimientos autónomos, medir posicionamientos propios y mostrar capacidad de iniciativa frente a una Casa Rosada cada vez más encerrada en su núcleo duro.

2027 YA EMPEZÓ

Aunque faltan todavía más de dos años para las elecciones presidenciales, la política ya empezó a moverse en función de ese horizonte. Y en ese tablero el caso Adorni podría transformarse en algo más importante que un simple escándalo administrativo o patrimonial.

Podría convertirse en el primer gran episodio donde parte del oficialismo empezó a pensar qué hacer si Milei deja de ser electoralmente invencible.

La paradoja es evidente: el Presidente enfrenta hoy las consecuencias de su propio éxito. Fue él quien corrió el eje ideológico argentino hacia la derecha, quien impuso la agenda económica y quien obligó a gran parte del sistema político a adaptarse a sus ideas. Pero justamente por eso comenzaron a aparecer actores que imaginan que ese rumbo puede continuar aun sin él como conductor excluyente.

Ese fantasma —el de un mileísmo sin Milei— es probablemente el que más inquieta hoy a la Casa Rosada.

 

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