Insólita historia del joven que engañó a Córdoba
| 7 de Mayo de 2000 | 00:00
Un joven estudiante de ingeniería electrónica de la Universidad Tecnológica de Córdoba se convirtió en protagonista de un insólito engaño que involucró a toda la prensa de esa provincia y hasta al propio gobierno cordobés.
Marcos Castagno, de 22 años, contó a las autoridades de esa universidad que había inventado, junto a unos amigos, una máquina de café que podía operarse en forma oral. Uno ponía una moneda y le ordenaba a la máquina, en voz alta, 'un café cortado' o 'un capuccino amargo'. Y eso alcanzaba para que la cafetera lo sirviera automáticamente. Su relato incluía un premio de la Fundación Motorola y una beca para estudiar dos años en Japón.
La historia se convirtió en la gran noticia en todos los medios periodísticos de Córdoba. El estudiante, de un día para el otro, resultó un héroe y hasta fue homenajeado en su ciudad natal, Las Varillas, por una multitud que salió a las calles a aplaudirlo.
El gobernador José Manuel De la Sota lo recibió en una audiencia para felicitarlo en nombre de toda la provincia.
En las radios, los diarios y los canales de TV de Córdoba se peleaban por entrevistar al talentoso inventor.
Nadie había tomado la elemental precaución de pedirle al joven alguna prueba de su invento. El decía que la máquina ya había viajado hacia Japón. ¿No tenía fotos, planos, ni siquiera una descripción técnica del invento? ¿No había iniciado un trámite para el patentamiento de la máquina? Nadie, aparentemente, se hizo ninguna de estas preguntas. Por lo menos, hasta que fue demasiado tarde.
El joven Castagno apareció un día ante los periodistas contando una extraña historia. Dijo que en viaje a Japón lo asaltaron en el baño de un aeropuerto y lo amenazaron para que entregara la clave de su invento. El relato sonaba disparatado. Y efectivamente lo era.
Así se descubrió que el estudiante había inventado todo, desde el principio hasta el final. Y que el gran invento nunca había existido en ningún otro lado que no fuera en su propia imaginación.
Ahora, la prensa cordobesa enfrenta un reclamo de autocrítica por no haber verificado la información y hasta el propio gobierno mediterráneo y la Universidad Tecnológica han quedado atrapados en un módico papelón.
El joven, mientras tanto, sufre un estado de inquietante depresión por haber quedado su engaño al descubierto. Y algunos temen por su salud.
Marcos Castagno, de 22 años, contó a las autoridades de esa universidad que había inventado, junto a unos amigos, una máquina de café que podía operarse en forma oral. Uno ponía una moneda y le ordenaba a la máquina, en voz alta, 'un café cortado' o 'un capuccino amargo'. Y eso alcanzaba para que la cafetera lo sirviera automáticamente. Su relato incluía un premio de la Fundación Motorola y una beca para estudiar dos años en Japón.
La historia se convirtió en la gran noticia en todos los medios periodísticos de Córdoba. El estudiante, de un día para el otro, resultó un héroe y hasta fue homenajeado en su ciudad natal, Las Varillas, por una multitud que salió a las calles a aplaudirlo.
El gobernador José Manuel De la Sota lo recibió en una audiencia para felicitarlo en nombre de toda la provincia.
En las radios, los diarios y los canales de TV de Córdoba se peleaban por entrevistar al talentoso inventor.
Nadie había tomado la elemental precaución de pedirle al joven alguna prueba de su invento. El decía que la máquina ya había viajado hacia Japón. ¿No tenía fotos, planos, ni siquiera una descripción técnica del invento? ¿No había iniciado un trámite para el patentamiento de la máquina? Nadie, aparentemente, se hizo ninguna de estas preguntas. Por lo menos, hasta que fue demasiado tarde.
El joven Castagno apareció un día ante los periodistas contando una extraña historia. Dijo que en viaje a Japón lo asaltaron en el baño de un aeropuerto y lo amenazaron para que entregara la clave de su invento. El relato sonaba disparatado. Y efectivamente lo era.
Así se descubrió que el estudiante había inventado todo, desde el principio hasta el final. Y que el gran invento nunca había existido en ningún otro lado que no fuera en su propia imaginación.
Ahora, la prensa cordobesa enfrenta un reclamo de autocrítica por no haber verificado la información y hasta el propio gobierno mediterráneo y la Universidad Tecnológica han quedado atrapados en un módico papelón.
El joven, mientras tanto, sufre un estado de inquietante depresión por haber quedado su engaño al descubierto. Y algunos temen por su salud.
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