Nació el 7mo hijo varón y será ahijado del presidente
Es de Gonnet y se llama Bautista. Su mamá dio a luz en el Hospital Italiano
| 2 de Mayo de 2003 | 00:00
Bautista, con tres días de vida, se convirtió en el séptimo hijo varón de María Mercedes (39) y José Valentini (39), un matrimonio de Gonnet que no se amedranta frente a las complicaciones de una familia numerosa. La pareja espera, como es tradición en el país, que el padrino del bebé sea el presidente de la Nación y en estos días hará las averiguaciones y los trámites necesarios para celebrar el bautismo como se acostumbra en estos casos.
"No sé muy bien cómo se hace ese trámite, pero me gustaría que el padrino de Bautista sea el presidente", confió ayer a este diario María Mercedes Lombardi de Valentini, que acababa de amamantar al "benjamín" de la familia, un hermoso bebé de 3,250 kilos y, al igual que sus seis hermanos, simpatizante de Estudiantes de La Plata, según adelantó, fanático pincharrata, el padre de los siete varones, José Valentini.
Para el matrimonio Valentini, que vive en una confortable casa de 28 entre 499 y 500, cambiar pañales, hacer mamaderas y levantarse a la madrugada para atender bebés forma parte de una rutina ajetreada desde hace años. Y sino, basta con ver el remolino de pibes que ayer rodeaba a su pequeño hermano: Lautaro (13), Octavio (12), Alejo (11), Augusto (8), Conrado (7) y Felipe (2); aunque la mayoría de esas tareas recae en María Mercedes, porque como ella misma comentó, "con tantas bocas para alimentar, mi marido se la pasa trabajando". José, contador de profesión, es empleado bancario y docente en colegios secundarios nocturnos. "Yo soy maestra jardinera, pero ejerzo en casa", aclaró la mujer entre risas.
¿Y la nena para cuándo? fue la pregunta obligada. "No habrá nenas. Este es el último hijo. Es cierto que ya lo dije muchas veces, pero esta vez va en serio. Mi marido y yo estamos en la edad límite. Después que nació el quinto (Conrado) para nosotros ya era suficiente. Después de cinco años llegó Felipe, y ahora Bautista. Ya está. Por otra parte, después de que tuve tres varones supe que siempre iba a tener varones. No me inquieta no tener una nena", dijo la prolífera madre.
UNA TRADICION QUE VIENE DE ESPAÑA
El padrinazgo presidencial del séptimo hijo varón es una tradición cuyos orígenes en el país se discute, pero los antecedentes más remotos la ubican en España, donde se otorgaban condiciones de "hidalgo" al padre de siete hijos varones. Mientras hay quienes aseguran que la costumbre nacional se inició con los presidentes Manuel Quintana y José Figueroa Alcorta, durante la primera década de 1900, también existe otra versión histórica que atribuye la paternalidad de la idea a Juan Manuel de Rosas, quien aceptó el padrinazgo de hijos de negros. Al mismo tiempo, se afirma que la tradición surgió como forma de ahuyentar la inquietante leyenda de que el séptimo hijo varón se convirtiera en lobizón los viernes a la noche.
En esta ciudad hay antecedentes de padrinazgos presidenciales. En 1990 y en 1994 le tocó a Carlos Menem apadrinar a bebés que se convertían en el séptimo hermano varón. Como lo marca la tradición, el ex mandatario obsequió en las dos oportunidades una medalla de oro grabada con el nombre del pequeño.
"No sé muy bien cómo se hace ese trámite, pero me gustaría que el padrino de Bautista sea el presidente", confió ayer a este diario María Mercedes Lombardi de Valentini, que acababa de amamantar al "benjamín" de la familia, un hermoso bebé de 3,250 kilos y, al igual que sus seis hermanos, simpatizante de Estudiantes de La Plata, según adelantó, fanático pincharrata, el padre de los siete varones, José Valentini.
Para el matrimonio Valentini, que vive en una confortable casa de 28 entre 499 y 500, cambiar pañales, hacer mamaderas y levantarse a la madrugada para atender bebés forma parte de una rutina ajetreada desde hace años. Y sino, basta con ver el remolino de pibes que ayer rodeaba a su pequeño hermano: Lautaro (13), Octavio (12), Alejo (11), Augusto (8), Conrado (7) y Felipe (2); aunque la mayoría de esas tareas recae en María Mercedes, porque como ella misma comentó, "con tantas bocas para alimentar, mi marido se la pasa trabajando". José, contador de profesión, es empleado bancario y docente en colegios secundarios nocturnos. "Yo soy maestra jardinera, pero ejerzo en casa", aclaró la mujer entre risas.
¿Y la nena para cuándo? fue la pregunta obligada. "No habrá nenas. Este es el último hijo. Es cierto que ya lo dije muchas veces, pero esta vez va en serio. Mi marido y yo estamos en la edad límite. Después que nació el quinto (Conrado) para nosotros ya era suficiente. Después de cinco años llegó Felipe, y ahora Bautista. Ya está. Por otra parte, después de que tuve tres varones supe que siempre iba a tener varones. No me inquieta no tener una nena", dijo la prolífera madre.
UNA TRADICION QUE VIENE DE ESPAÑA
El padrinazgo presidencial del séptimo hijo varón es una tradición cuyos orígenes en el país se discute, pero los antecedentes más remotos la ubican en España, donde se otorgaban condiciones de "hidalgo" al padre de siete hijos varones. Mientras hay quienes aseguran que la costumbre nacional se inició con los presidentes Manuel Quintana y José Figueroa Alcorta, durante la primera década de 1900, también existe otra versión histórica que atribuye la paternalidad de la idea a Juan Manuel de Rosas, quien aceptó el padrinazgo de hijos de negros. Al mismo tiempo, se afirma que la tradición surgió como forma de ahuyentar la inquietante leyenda de que el séptimo hijo varón se convirtiera en lobizón los viernes a la noche.
En esta ciudad hay antecedentes de padrinazgos presidenciales. En 1990 y en 1994 le tocó a Carlos Menem apadrinar a bebés que se convertían en el séptimo hermano varón. Como lo marca la tradición, el ex mandatario obsequió en las dos oportunidades una medalla de oro grabada con el nombre del pequeño.
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