"La Patagonia rebelde" tres décadas después
| 30 de Septiembre de 2003 | 00:00
Un homenaje al filme "La Patagonia rebelde" efectuado en Río Gallego, capital santacruceña, en el marco de un ciclo de los cronistas de cine azuzó recuerdos, reflexiones e inevitables comparaciones en su director, Héctor Olivera, el cineasta argentino más veterano (72 años) de los que están en actividad.
Olivera, quien en las casi tres décadas que mediaron entre el rodaje de "La Patagonia..." (1974) y estos días había vuelto a Río Gallegos hace algunos años y de pasada, comentó en conversación con Télam que "el filme tenía una enorme actualidad cuando se lo repuso con el retorno de la democracia y sigue teniéndola ahora".
Regresar unos días a Río Gallegos permitió a Olivera brindar una charla sobre "La Patagonia..." y presentar la película al público antes de una exhibición en la única sala comercial del lugar, todo en el marco del ciclo Proyección 2003 organizado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina.
Hace 29 años, cuando su rodaje y su accidentado lanzamiento, "La Patagonia..." devino uno de los casos más patentes de cine argentino que buscó funcionar dentro de los típicos lineamientos de la difusión comercial aunque su contenido y su significación la tornaban posible presa de trabas y vetos desde ciertas estructuras de poder.
En 1973, Olivera había coescrito un guión sobre "Los vengadores de la Patagonia trágica", libro de Osvaldo Bayer que echaba luz sobre un hecho casi olvidado: la sangrienta represión por parte del Ejército, en 1973, de los huelguistas de estancias patagónicas, conducidos por militantes anarquistas.
"En el filme se hablaba de cosas que tuvieron vigencia luego de estrenado -detalló Olivera-: amenaza de conflictos limítrofes con Chile, barcos de guerra ingleses en Malvinas, radicalismo en el gobierno. Y lo más importante: el militar actuado por Alterio que decía 'podré ser un oficial sanguinario pero no desobediente'. El film instalaba, dos años antes del golpe de Videla, el concepto de 'obediencia debida' que aún hoy está en el candelero".
Olivera imaginaba que a algunas mentes les caería "incómoda" la exhumación de una acción militar no precisamente honrosa, pero avanzó con el rodaje, que se consumó en locaciones santacruceñas en el verano de 1974, con Luis Brandoni, Federico Luppi, Héctor Alterio, Pepe Soriano y Osvaldo Terranova en los roles estelares. Y dice la leyenda que como extra trabajó Néstor Kirchner, por entonces un militante de la JP, pero no hay un dato fehaciente que lo certifique.
Lo que se temía ocurrió: en junio de 1974 el ente calificador empezó a demorar la autorización para presentar la película, en tanto trascendía que Anaya, comandante en jefe del Ejército, presionaba en ese dirección porque su tío, aún vivo por entonces, represor en la Patagonia en el '23, afirmaba que la realización deformaba la verdad de los sucesos históricos.
Tras diversas gestiones, que incluyeron movilizaciones de los gremios del cine en pos del visto bueno, el propio presidente Juan Perón decidió que así fuera y el 13 de junio de 1974 la película, que había costado tres veces lo que una cinta común, inició una difusión que le valió dos millones de espectadores, el segundo premio en el festival de Berlín y la calidad de hito en los anales del cine criollo.
Olivera, quien en las casi tres décadas que mediaron entre el rodaje de "La Patagonia..." (1974) y estos días había vuelto a Río Gallegos hace algunos años y de pasada, comentó en conversación con Télam que "el filme tenía una enorme actualidad cuando se lo repuso con el retorno de la democracia y sigue teniéndola ahora".
Regresar unos días a Río Gallegos permitió a Olivera brindar una charla sobre "La Patagonia..." y presentar la película al público antes de una exhibición en la única sala comercial del lugar, todo en el marco del ciclo Proyección 2003 organizado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina.
Hace 29 años, cuando su rodaje y su accidentado lanzamiento, "La Patagonia..." devino uno de los casos más patentes de cine argentino que buscó funcionar dentro de los típicos lineamientos de la difusión comercial aunque su contenido y su significación la tornaban posible presa de trabas y vetos desde ciertas estructuras de poder.
En 1973, Olivera había coescrito un guión sobre "Los vengadores de la Patagonia trágica", libro de Osvaldo Bayer que echaba luz sobre un hecho casi olvidado: la sangrienta represión por parte del Ejército, en 1973, de los huelguistas de estancias patagónicas, conducidos por militantes anarquistas.
"En el filme se hablaba de cosas que tuvieron vigencia luego de estrenado -detalló Olivera-: amenaza de conflictos limítrofes con Chile, barcos de guerra ingleses en Malvinas, radicalismo en el gobierno. Y lo más importante: el militar actuado por Alterio que decía 'podré ser un oficial sanguinario pero no desobediente'. El film instalaba, dos años antes del golpe de Videla, el concepto de 'obediencia debida' que aún hoy está en el candelero".
Olivera imaginaba que a algunas mentes les caería "incómoda" la exhumación de una acción militar no precisamente honrosa, pero avanzó con el rodaje, que se consumó en locaciones santacruceñas en el verano de 1974, con Luis Brandoni, Federico Luppi, Héctor Alterio, Pepe Soriano y Osvaldo Terranova en los roles estelares. Y dice la leyenda que como extra trabajó Néstor Kirchner, por entonces un militante de la JP, pero no hay un dato fehaciente que lo certifique.
Lo que se temía ocurrió: en junio de 1974 el ente calificador empezó a demorar la autorización para presentar la película, en tanto trascendía que Anaya, comandante en jefe del Ejército, presionaba en ese dirección porque su tío, aún vivo por entonces, represor en la Patagonia en el '23, afirmaba que la realización deformaba la verdad de los sucesos históricos.
Tras diversas gestiones, que incluyeron movilizaciones de los gremios del cine en pos del visto bueno, el propio presidente Juan Perón decidió que así fuera y el 13 de junio de 1974 la película, que había costado tres veces lo que una cinta común, inició una difusión que le valió dos millones de espectadores, el segundo premio en el festival de Berlín y la calidad de hito en los anales del cine criollo.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE