Los adolescentes hacen crecer el consumo de bebidas blancas

Salir los fines de semana y consumir grandes cantidades de vodka, whisky o ron es una costumbre cada vez más común entre los chicos de 15 y 19 años. La mayoría las mezcla con energizantes para ingerirlas en mayor cantidad y, al mismo tiempo, evitar la "resaca" del día después

Que los chicos toman cada vez más los fines de semana ya no es ninguna novedad. Pero los nuevos estudios sobre consumo de alcohol, sin embargo, nunca dejan de asombrar: el último informe sobre los jóvenes escolarizados de entre 16 y 23 años elaborado por la Subsecretaría de Atención a las Adicciones de la Provincia reveló un llamativo incremento en el consumo de bebidas blancas, dato que se refuerza con otro igual de preocupante: pese a que la venta de alcohol está prohibida para menores de 18, de la mano de los jóvenes que usan bebidas como el vodka para mezclar, la venta de "espirituosas" creció casi un 30 por ciento en tres años.
En una encuesta realizada a estudiantes de entre 16 y 22 años, el 54 por ciento dijo que si tiene que comprar bebidas para una reunión calcularía como mínimo media botella de vodka por persona

De acuerdo a datos recientes de la Cámara Argentina de Destiladores Licoristas, en 2002 se vendieron 58,63 millones de litros y el año pasado, 61,87 millones. En esta tendencia, se apunta, hay bebidas mayoritariamente elegidas como el vodka, cuyo consumo creció un 64,23 por ciento, al pasar de 860.338 litros en el 2002 a 1.412.949 litros el año pasado.

Para Patricia Segovia, subsecretaria de Atención a las Adicciones de la provincia de Buenos Aires, en este fenómeno se observa también "el surgimiento de los energizantes", dado que, según explica la funcionaria, "adquieren gran protagonismo por su función estimulante y desinhibidora combinada con las bebidas espirituosas como el vodka, whisky o ron, las cuales poseen una alta graduación que puede ocasionar cuadros cardíacos de gravedad".

Aunque el consumo masivo sigue apuntando a bebidas como la cerveza (cuya graduación alcohólica es del 5 por ciento) o el vino (12 por ciento), desde la Subsecretaría de Adicciones se advierte sobre la peligrosidad de estos licores cuando se abusa de ellos debido a su alta concentración de alcohol. El gin, el ron, el tequila, el vodka o el whisky, hay que decir, tienen un 40 por ciento de alcohol.

"La escalada de la graduación alcohólica a través de las llamadas bebidas blancas -dice la psicóloga Laura Mariani, especialista en adolescencia y familia-, está en relación directa con la necesidad de aumentar el efecto que producen. Actualmente, como dicen algunos chicos, la cerveza es el mate de la noche".

Los números siguen siendo contundentes: si tomamos en cuenta la venta en litros de alcohol puro, el aumento en el consumo de bebidas blancas fue del 42,05 por ciento, de 13,15 millones a 18,68 millones. Y su participación en la venta total de alcohol en el mercado, se apunta desde la Cámara de Licoristas, también creció notablemente, al punto que está en su valor más alto desde 1990, cuando era el 4,88 por ciento del total de ventas de alcohol puro. Ahora llegó al 8,49 por ciento.

"Hay chicos que no miden el pasaje de beber una cerveza a una bebida blanca con 40º de alcohol mezclada con energizantes", dice Segovia, para quien resulta fundamental que los llamados "energy drink" tengan un marco regulatorio "que restrinja la disponibilidad de su venta exclusivamente en farmacias y dejen así de ser ofrecidos en las góndolas de supermercado como un 'pack promocional junto a la bebidas blancas'".

Concretamente, el Observatorio de la Subsecretaría de Atención a las Adicciones hizo una encuesta entre 1.831 estudiantes de entre 16 y 22 años. El 54 por ciento dijo que si tiene que comprar bebidas para una reunión calcularía como mínimo media botella de vodka por persona, para mezclar con algún refresco o energizante. Y el 68 por ciento, dos botellas de cerveza, mínimo, por persona.

En cuanto a las bebidas "espirituosas", el 31 por ciento dijo que se inicia entre los 14 y 15 años, y el 43 por ciento entre 16 y 17 años. Sobre esto, Segovia apunta otra opinión: el aumento en el consumo de bebidas blancas, dice, "se enmarca en lo que en marketing se denomina la 'modalización' del producto. Esto significa que la publicidad de bebidas alcohólicas además de vender el producto también propone una modalidad, es decir, una manera de consumirlo. Este fenómeno revela un cambio cultural en los patrones de consumo de bebidas alcohólicas en la sociedad".

Tras asegurar que se está trabajando para intentar "regular la comercialización" de estas bebidas estimulantes, las autoridades de la subsecretaria de Atención a las Adicciones del Ministerio de Salud provincial apuntan otro dato preocupante: "en este último tiempo, hemos tenido casos en la guardia del Hospital de La Plata de chicos con cuadros cardíacos relacionados con el consumo de estas bebidas".

Desde la Federación de la Industria Licorista Argentina, en tanto, se asegura que las bebidas espirituosas son productos que consumidos con moderación "hasta son recomendados para la salud. El problema es el mal uso". Algo similar se opina en la subsecretaría de Planificación, Prevención y Asistencia del Sedronar, donde sus especialistas coinciden en que el consumo de bebidas destiladas de alta concentración de alcohol "está en relación, en episodios agudos, con la velocidad de la ingesta, la presencia o no de alimentos, la edad, el sexo, y el tipo de bebida".

Otro estudio realizado por el Observatorio Argentino de Drogas del Sedronar en escuelas medias, por su parte, indaga sobre lo que se pone en juego a la hora de consumir bebidas blancas. De acuerdo a las conclusiones a las que llegaron los responsables del trabajo, la ingesta de estas bebidas entre los adolescentes "es un ritual con ceremonias determinadas. Se limita al viernes y al sábado a la noche. En los pre-boliches, cuando se juntan en alguna casa a entonarse, a producirse para la salida o no, aparece un sentido de producción. El alcohol deja de lado el imaginario tradicional de 'hacerme el canchero' con el vaso en la mano, y se vuelve un insumo para la producción del yo, que debe dejar de ser como es en la semana y tomar una nueva identidad: una persona desinhibida".

Los especialistas indican además que es este tipo de consumo lo que hace que el chico "pueda aguantar hasta la hora de salir y después también. Si bien la cerveza es la bebida base, las bebidas blancas son importantes por que son las que cumplen más exitosamente con esta función de producción".

Lo que dicen en el Sedronar coincide con la mirada de Mariani: "el consumo compulsivo de bebidas fuertes está relacionado con todo aquella que invita a comunicarse con soltura. Es evidente que la moderación no forma parte de las propuestas de la sociedad de consumo. Y las conductas de los chicos no hacen más que reflejar esta realidad".



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