Por año, 24 patovicas son heridos de gravedad
En General Rodríguez, un “controlador” fue atacado por patota y lucha por vivir
| 23 de Agosto de 2009 | 00:00
Por MAXIMILIANO F. MONTENEGRO
Sebastián Marchiano tiene 28 años, es padre de dos hijos y trabaja de "patovica". Desde el sábado pasado se encuentra internado, con fracturas múltiples de cráneo, luego de que una patota lo "molió a golpes", en venganza porque habían sido expulsados de un boliche de General Rodríguez. Este caso, extremo por su brutalidad, es apenas una pequeña muestra de lo que ocurre semanalmente en las discotecas, donde las agresiones a los empleados de seguridad se repiten y aumentan de manera preocupante. De hecho, sólo en territorio porteño y provincial, un promedio 24 patovicas terminan cada año con heridas de gravedad y más de 40.000 recibieron agresiones -físicas y verbales- en sus puestos de trabajo en los últimos tiempos.
Marcela Marchiano, hermana de Sebastián, contó a este diario que el muchacho masacrado trabaja como empleado de seguridad de la disco "Gondwana" de General Rodríguez, en cuyos alrededores fue "emboscado" por una patota integrada por ocho jóvenes. "Le pegaron sin piedad. Primero con un objeto contundente en la nuca, que lo desmayó, y en el suelo entre todos le pegaron patadas, principalmente en la cabeza", contó la familiar.
Leandro Nazarre, secretario general del Sindicato Unico de Trabajadores de Control de Admisión y Permanencia de la República Argentina (SUTCARPA), dijo que "lamentablemente, el caso no sorprende, porque venimos contabilizando dos casos de ataques gravísimos por mes, al tiempo que casi todos los trabajadores de este rubro, más de 40.000 en provincia y Capital Federal, sufrieron agresiones de los concurrentes a boliches".
Con armas y cuchillos
El caso de Sebastián Marchiano ocurrió el fin de semana pasado, aunque en realidad comenzó unos días antes, cuando el patovica intervino en una pelea dentro del boliche, y tomó la decisión de expulsar al grupo de jóvenes más violento. "Todo parece indicar que le juraron venganza, y lo emboscaron cuando iba para el local, a unos 100 metros. Bajaron de una camioneta, le pegaron de atrás y entre todos lo atacaron salvajemente. Si no intervenía un compañero creo que lo mataban, porque tenían esa intención", dijo la hermana del trabajador.
"Los pibes están sacados, muy violentos, y encima toman mucho alcohol y drogas cuando van a bailar. Siempre se habla de los patovicas como gente violenta, pero nada se dice de los que son permanentemente insultados y golpeados por los pibes", dijo Marcela, agregando que "mi hermano tiene politraumatismos de cráneo, heridas cerebrales graves y nadie sabe si quedará bien, si podrá recuperarse por completo".
"Después de algunos días en terapia intensiva, lo pasaron a terapia intermedia, y lo primero que me dijo fue que ama su trabajo, lo hace de alma, pero nunca más arriesgará su vida en un boliche. Me dijo que no vale la pena, porque muchos pibes no tienen códigos, y van con armas de fuego o cuchillos", dijo Marcela.
"Un trabajo insalubre"
Desde el gremio que nuclea a los empleados de seguridad en bares y boliches, el secretario general Leando Nazarre contó que él mismo fue víctima de la violencia en la noche. "Años atrás, tuve que separar a dos grupos que se enfrentaban en un boliche, y cuando sacamos a los más revoltosos, en la vereda uno de los pibes sacó una cadena con un candado en el extremo y literalmente me abrió la cabeza", relató Nazarre.
"En provincia y territorio porteño somos más de 40 mil empleados de seguridad, y la gran mayoría atravesó por varias situaciones de agresiones. Tenemos un promedio de dos heridos de gravedad mensuales, que son acuchillados, baleados o golpeados por patotas", dijo el secretario general de SUTCARPA.
También contó el caso de "un compañero de Lanús, que hace cuatro meses intercedió en una pelea, no le hicieron caso, y como pretendía expulsarlos del local, sacaron una faca y lo hirieron por la espalda. Actualmente, este es un trabajo insalubre, extremadamente estresante, porque sabemos que en cualquier momento viene un ataque, inesperado, que te puede costar la vida".
"El objetivo en esta profesión es no utilizar la violencia, de hecho los muchachos se preparan para eso, pero en ocasiones la situación sale de cauce, se descontrola. Es muy importante la capacitación de los hombres de seguridad, pero al mismo tiempo es positivo que la sociedad comprenda que hay un desafío enorme en lograr que la juventud tome conciencia de que el otro también tiene derechos, que no se puede avasallar a cualquiera".
Sebastián Marchiano tiene 28 años, es padre de dos hijos y trabaja de "patovica". Desde el sábado pasado se encuentra internado, con fracturas múltiples de cráneo, luego de que una patota lo "molió a golpes", en venganza porque habían sido expulsados de un boliche de General Rodríguez. Este caso, extremo por su brutalidad, es apenas una pequeña muestra de lo que ocurre semanalmente en las discotecas, donde las agresiones a los empleados de seguridad se repiten y aumentan de manera preocupante. De hecho, sólo en territorio porteño y provincial, un promedio 24 patovicas terminan cada año con heridas de gravedad y más de 40.000 recibieron agresiones -físicas y verbales- en sus puestos de trabajo en los últimos tiempos.
Marcela Marchiano, hermana de Sebastián, contó a este diario que el muchacho masacrado trabaja como empleado de seguridad de la disco "Gondwana" de General Rodríguez, en cuyos alrededores fue "emboscado" por una patota integrada por ocho jóvenes. "Le pegaron sin piedad. Primero con un objeto contundente en la nuca, que lo desmayó, y en el suelo entre todos le pegaron patadas, principalmente en la cabeza", contó la familiar.
Leandro Nazarre, secretario general del Sindicato Unico de Trabajadores de Control de Admisión y Permanencia de la República Argentina (SUTCARPA), dijo que "lamentablemente, el caso no sorprende, porque venimos contabilizando dos casos de ataques gravísimos por mes, al tiempo que casi todos los trabajadores de este rubro, más de 40.000 en provincia y Capital Federal, sufrieron agresiones de los concurrentes a boliches".
Con armas y cuchillos
El caso de Sebastián Marchiano ocurrió el fin de semana pasado, aunque en realidad comenzó unos días antes, cuando el patovica intervino en una pelea dentro del boliche, y tomó la decisión de expulsar al grupo de jóvenes más violento. "Todo parece indicar que le juraron venganza, y lo emboscaron cuando iba para el local, a unos 100 metros. Bajaron de una camioneta, le pegaron de atrás y entre todos lo atacaron salvajemente. Si no intervenía un compañero creo que lo mataban, porque tenían esa intención", dijo la hermana del trabajador.
"Los pibes están sacados, muy violentos, y encima toman mucho alcohol y drogas cuando van a bailar. Siempre se habla de los patovicas como gente violenta, pero nada se dice de los que son permanentemente insultados y golpeados por los pibes", dijo Marcela, agregando que "mi hermano tiene politraumatismos de cráneo, heridas cerebrales graves y nadie sabe si quedará bien, si podrá recuperarse por completo".
"Después de algunos días en terapia intensiva, lo pasaron a terapia intermedia, y lo primero que me dijo fue que ama su trabajo, lo hace de alma, pero nunca más arriesgará su vida en un boliche. Me dijo que no vale la pena, porque muchos pibes no tienen códigos, y van con armas de fuego o cuchillos", dijo Marcela.
"Un trabajo insalubre"
Desde el gremio que nuclea a los empleados de seguridad en bares y boliches, el secretario general Leando Nazarre contó que él mismo fue víctima de la violencia en la noche. "Años atrás, tuve que separar a dos grupos que se enfrentaban en un boliche, y cuando sacamos a los más revoltosos, en la vereda uno de los pibes sacó una cadena con un candado en el extremo y literalmente me abrió la cabeza", relató Nazarre.
"En provincia y territorio porteño somos más de 40 mil empleados de seguridad, y la gran mayoría atravesó por varias situaciones de agresiones. Tenemos un promedio de dos heridos de gravedad mensuales, que son acuchillados, baleados o golpeados por patotas", dijo el secretario general de SUTCARPA.
También contó el caso de "un compañero de Lanús, que hace cuatro meses intercedió en una pelea, no le hicieron caso, y como pretendía expulsarlos del local, sacaron una faca y lo hirieron por la espalda. Actualmente, este es un trabajo insalubre, extremadamente estresante, porque sabemos que en cualquier momento viene un ataque, inesperado, que te puede costar la vida".
"El objetivo en esta profesión es no utilizar la violencia, de hecho los muchachos se preparan para eso, pero en ocasiones la situación sale de cauce, se descontrola. Es muy importante la capacitación de los hombres de seguridad, pero al mismo tiempo es positivo que la sociedad comprenda que hay un desafío enorme en lograr que la juventud tome conciencia de que el otro también tiene derechos, que no se puede avasallar a cualquiera".
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