Con el pelo largo y la lengua picante
| 4 de Julio de 2014 | 00:00
Séptimo disco de estudio de los rockers platenses Guasones, definitivamente despegados del lote nacional de bandas “stone”, el flamante “Locales calientes” apuesta al rock americano, ése que mezcla apuntes de blues, country y folk con instantáneas urbanas y ruteras en la vena -salvando las distancias- del gran Lou Reed.
Para esta ocasión, la banda liderada por Facundo Soto decidió profundizar su búsqueda sonora y contrató como productor al estadounidense Jimmy Rip, guitarrista de Mick Jagger e invitado estable hace dos décadas de los legendarios e inmejorables neoyorquinos de Television.
La presencia de Rip se percibe en el disco, en especial en las canciones que se meten en aguas del estilo “americana”, o que suenan con cierto toque new wave rememorando el disco “Damn the torpedoes” de Tom Petty & The Heartbreakers.
Para sumar temperatura al comienzo del álbum, el ágil rockito “Pobre tipo” muestra a Soto ventilando sin sutilezas su antigua rencilla con José Tedesco, ex guitarrista y co-compositor de la banda (y ex amigo personal del cantante), que se bajó del barco por “diferencias creativas” en 2004.
El corte tiene una particular afinación de batería y colchones de teclados que le dan mayor elegancia a las guitarras y la voz mordaz de Soto.
VERTIGO SOBRE RUEDAS
Los Guasones más “stonianos” vuelven con “Una razón”, mientras que “Locales calientes” toma ese aire new wave, con los tradicionales tópicos de drogas, noche, alcohol a los que, cual Pichuco, siempre está volviendo el “Titu”.
Canción y disco fueron bautizados en alusión a Hot Locals, un emblemático team skater platense del que el cantante, avezado fanático de la disciplina y poseedor de una rampa especialmente diseñada en su hogar de las afueras platenses, es integrante histórico.
La puntería compositiva de Guasones vuelve a elevarse en la bien rockera “Tan distintos”, que habla de una noche a puro reviente en nuestra ciudad, con la colaboración del español Carlos Tarque, vocalista de MClan, a puro vozarrón.
Unos minutos después llega uno de los puntos sensibles del disco, con la balada country “La sangre de Dios”, delicada elegía al vino y a la provincia de Mendoza, embellecida por la guitarra slide de Maxi Tymczyszyn.
Soto se desgarra románticamente en la midtempo “Extraña sensación”, hecha a medida de las radios FM y apta para cualquier living, que una vez más muestra al guitarrista luciéndose en la coda, con un solo muy trabajado.
“Pequeños ojos”, a continuación, es otro rocanrol con adrenalina cuasi punk, pegadizo y coreado en plan festivo. Sigue “Vos”, balada rockera dedicada por el frontman -que cambió la química por el skate-, a su hijo sobre el entramado de violas que tejen Tymczyszyn y Gonzalo Serodino.
La romántica “Mi última vez”, clásica incursión fogonera en la que el narrador se pone en la piel del “loser”, es el epílogo formal del disco, que cierra con un inesperado cover de “Dr.Tazo”, clásico de la etapa blusera de Pappo Napolitano.
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