Parejas con la cordillera en el medio: amores limítrofes y vendetta trasandina

Por ALEJANDRO CASTAÑEDA (*)

Mail: afcastab@gmail.com

Los chilenos se quedaron con la sangre en el ojo cuando el presidente Carlos Menem le arrebató a Cecilia Bolocco. Les dolió en el alma que su buque insignia cruzara Los Andes para darle el sí en una polvorienta ciudad a un playboy con mandato cumplido. La autoestima de los galanes trasandinos cayó en picada desde el Aconcagua. El de Carlos y Cecilia fue un vínculo con algo más que una cordillera de distancia. Los dos ex (Miss Universo y Presidente) se conocieron sin tronos a la vista y el amor creció a despecho incluso de la familia de la belleza chilena, que nunca entendió cómo una muchacha despampanante y con tantas opciones había decidido casarse con una figura que ya había dejado de ser y que sólo parecía ofrecer menguantes promesas de notoriedad, poder y pasión. En el país vecino se atacó el romanticismo “vintage” de la Bolocco y también cargaron contra ese abuelo querendón que la hizo madre y esposa abandonada casi en un mismo fin de semana.

Los chilenos disfrutan hoy de Vicuña y su exitoso paso de conquistador por la escena argentina

Los chilenos siempre esperaron con mucha paciencia poder vengar ese traspié. En su mapa amoroso, lo de Menem y Bolocco se vivía como un escabroso litigio fronterizo. Por eso hoy sienten a lo de Benjamín y Pampita como revancha extra en un año donde el fútbol ya les había proporcionado un gran desquite. Como se sabe, fue el servicio doméstico el que grabó y facilitó la difusión de las frecuentes trifulcas de una pareja que se peleaba en voz alta y en cadena oficial. El personal de la casa trabajó en equipo y fue recogiendo paso a paso las secuencias salientes de una relación que reiteraba cada día a un libreto lleno de recriminaciones y silencios. El tema y el tono se repetían tanto, que alguna mucama creyó que estaban ensayando un melodrama para la temporada de verano. El personal de servicio, con grabadores bien repartidos, fue siguiendo con deleite y suspenso y en horario corrido las alternativas de este alborotado reality hogareño. “Fue un complot”, aseguró esta semana Ana Rosenfeld, abogada de Pampita, dándole aire de espionaje al lamentable episodio. ¿Jardineros y mucamas participaron sin saber del operativo venganza? No sólo al papa Francisco lo espían. En Chile fue bien recibido el complot.

“La verdad -explicó Benjamín, intentado bajar el tono- es que fue una violación tremenda a la privacidad, y fueron capturadas (las peleas) en el interior de mi casa, por parte de gente que trabajaba ahí, que cuidaba a mis hijos. Es una traición… la verdad es que fue muy doloroso, pero bueno, ahora hay que encontrar cómo los audios, que obviamente fueron comprados, llegaron a los medios”.

Los chilenos disfrutan hoy de Vicuña y su exitoso paso de conquistador por la escena argentina. Como Pampita en su momento dejó colgado a su ex para seguir a Benja, los trasandinos entonces consideran que ella de entrada le dio símbolo y contenido a este amor nacido de engaños y escapadas. Y que ahora no debería quejarse por este cambio de roles. Pero de este lado se apiadan por un lado de una madre sufriente que ruega por amor y, por el otro, dejan ver el descuido de un correcaminos al que las criollas le hacen un buen lugar y a quien los chilenos lo ven como artífice de la esperada venganza.

De este lado se apiadan de una madre sufriente que ruega por amor

Las grabaciones acabaron confirmando la crisis de un vínculo que desde sus señales de identidad ya presentaba diferencias: los libros definen a Pampita, sustantivo tan nuestro, como un lugar de distancias enormes que incitan a la escapada y que “pueden ser altas o deprimidas”. Y en Wikipedia se lee que “los grupos familiares de las vicuñas están formados por un macho y tres o cuatro hembras”. Y agregan: “Estas familias ocupan territorios bastante fijos donde tienen revolcaderos”. O sea.

La Bolocco en su día cruzó los Andes para amar a un riojano que a esa altura pedía más recursos de amparos que caricias. Y años después Pampita rehizo esa travesía en sentido inverso. La Cordillera, ¿une o desune? Al amor le cuesta circular entre tantos abismos. La moraleja es la de siempre: Todo gran amor obliga a sortear más de una montaña. Y de precipicios y raros equilibrios están hechos los sueños de cada pareja.

 

(*) Periodista y crítico de cine

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