Operativo captura: perros y caballos en medio de una zona pantanosa
| 10 de Enero de 2016 | 03:16
Campo adentro, herido y desarrapado. Así escribió Martín Lanatta sus últimas horas de prófugo, como si fuese el protagonista de una película filmada en escenarios pantanosos, con una jauría de perros rastreadores sobre su espalda y vecinos dispuestos a prestar sus caballos para darle a la persecución una emoción artesanal, improvisada y casi cinematográfica. Como en una película de enredos y aventuras pero real. Increíblemente real.
El principio del fin para la fuga del menor de los Lanatta comenzó luego de que la camioneta en la que iba con su hermano y su cómplice volcara. Según los investigadores, los Lanatta y Schillaci habían partido ayer a la madrugada del departamento de San Jerónimo y Suipacha -en pleno microcentro de la capital santafesina- a bordo de una camioneta Amarok blanca que le habían robado a un ingeniero agrónomo y que, en una acción que plantea más dudas que certezas (ver “El misterio...”), plotearon aparentemente por las suyas con la palabra y filetes alusivos a la Gendarmería.
En el distrito de Arroyo Leyes, su paso rápido con el vehículo sin sirena ni luces en el techo, no hizo más que llamar la atención de la policía del lugar y así se dio aviso al retén instalado en Santa Rosa de Calchines, donde tampoco se detuvieron ante las fuerzas policiales y siguieron marcha por la ruta provincial 1 hasta tomar la ruta provincial 62, lugar en el que, a pocos kilómetros nomás, quedaron empantanados y volcaron.
Ayer, cuando todavía se creía que los tres prófugos habían sido atrapados, la secretaria comunal de Cayastá, Viviana Agusti, comentaba que el trío de fugitivos se metió “por un camino transversal y volcaron con la camioneta porque se quedaron empantanados. Tuvieron que caminar, llegaron a una casa en un campo, secuestraron otra camioneta y se volvieron a quedar empantanados. La ruta 1 va paralela al río Paraná, y tiene muy pocos caminos transversales, ahora hay plena creciente o inundación y los campos están todos inundados”.
CAMPO ADENTRO
Luego de que la camioneta se empantanara y diera un vuelco, según fuentes de la investigación, los Lanatta y Schillaci se internaron varios kilómetros campo adentro, apenas ocultos bajo el follaje débil de los arrozales y al amparo de una madrugada que a esa altura ya era interminable.
Estaban golpeados, sedientos, acaso escuchando el galope de los caballos cercanos y tratando de esquivar las luces que, por tierra y aire, las fuerzas de seguridad echaban sobre la inmensidad del campo y su oscuridad de caverna antes de que el sol saliera.
No existen certezas sobre el momento preciso en que los tres fugitivos decidieron separarse. Tampoco si fue por el accidente inesperado o porque ya estaba pactado de antemano. Pudo haber sido en plena madrugada, con las primeras luces del amanecer o incluso ya entrada la mañana, cuando, luego de permanecer oculto durante la noche, Martín Lanatta se acercó hasta una vivienda para pedir agua.
Faltaban algunos minutos para las once y el más conocido de los fugitivos tenía un aspecto que daba miedo, con un corte en el ojo y sangre en la cara. No le importó. O sí, pero entendió que no tenía más opción y decidió correr el riesgo.
“Le presté tres caballos a la policía porque es difícil buscar con autos”, decía con orgullo Juan Carlos, un ganadero de 66 años que vive y trabaja en la zona donde fue capturado uno de los tres prófugos
“Por la pinta que tenía pensé enseguida en los fugados -contó el vecino que lo recibió-, tenía un tajo en el ojo”. Los vecinos de Cayastá sabían de la posibilidad de que los prófugos anduviesen cerca y tenían la consigna de actuar con naturalidad en caso de encontrarse con ellos. Y así fue. “Vi que venía un señor del medio del campo y me pidió agua”, relató el dueño de la finca a donde llegó Lanatta. Como no quería levantar ninguna sospecha, el vecino volvió a la casa para sacar a su esposa por la ventana de atrás y luego regresó donde estaba Lanatta para darle agua y algo de comer. Incluso le deseó suerte y en ningún momento mostró que lo había reconocido. Cuando se fue, sin embargo, llamó a la policía para dar aviso que al menos uno de los prófugos había pasado por su casa.
Claro que no fue el único vecino que ayudó. Horas antes, otro pueblerino había entregado sus caballos para que la policía pudiese adentrarse con ellos en medio del campo y recorrer así lodazales imposibles de atravesar con vehículos.
“Le presté tres caballos a la policía porque por acá es difícil buscar con autos”, decía con orgullo Juan Carlos, un ganadero de 66 años que vive y trabaja en la zona donde fue capturado uno de los tres prófugos. “La única posibilidad de búsqueda era con los caballos -aseguró el vaqueano-. Toda esa zona está afectada por inundaciones y además hay muchos arrozales que hacen que entrar con vehículos sea muy difícil”.
Según el relato del vecino, fue la propia policía quien le pidió ayuda para capturar a los prófugos. “Me pidieron colaboración -detalló-, y esto es algo que hay que hacer entre todos. Nosotros colaboramos con lo que podemos. Creo que fue un trabajo bien hecho, porque es una zona difícil. Los caballos valen más que los móviles acá, porque con autos no te podés movilizar bien”.
La intensa búsqueda por los tres prófugos del penal de Alvear, hay que decir, se había reducido desde ayer a la zona cercana a Cayastá, a unos 80 kilómetros de Santa Fe. La logística desplegada por las fuerzas de seguridad para dar con los criminales había reducido el margen de maniobra de los prófugos, y si bien el alerta rojo se había extendido a otras provincias, la mirada más atenta de los investigadores seguía puesta en esta zona santafesina.
Pero no sólo el llamado de un vecino al que le pidieron agua o la ayuda de otro que decidió prestar sus caballos le aportan a la captura de Lanatta un toque artesanal y, por qué no, casi azaroso. Para muchos, de hecho, el mal estado de las rutas ayudó a que la policía pudiese al menos dar con uno de los prófugos.
Y no es exagerado: la camioneta Volkswagen Amarok que volcó en la ruta provincial 62, que una las arterias de la ruta 11 y la ruta nacional 1, no es la primera que sufre un accidente por esos lados y por estos días. Sucede que la crecida de los ríos y arroyos complicaron el tránsito a todo el litoral, y la ruta provincial sólo está semiasfaltada y el desborde del arroyo Saladillo, aseguran en los pueblos cercanos, convirtió en intransitable y peligroso todo ese camino. Como un pantano. O como una trampa.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE