Ultimo concierto del año en el Argentino

El programa doble marcará el final de temporada de la Orquesta y el adiós de Carlos Vieu

El domingo, desde las 18.30 en la Sala Alberto Ginastera, el Teatro Argentino cierra su ciclo anual de conciertos con la presentación, a cargo de la Orquesta Estable dirigida por Carlos Vieu, del Concierto para violín y orquesta de Alban Berg, que contará con la participación como solista de Nicolás Favero, y la Sinfonía Nº 10, en mi menor, Op. 93, de Dmitri Shostakóvich.

El doble programa marcará la octava presentación en el marco del ciclo, que será la despedida del Maestro Carlos Vieu como director de la Orquesta Estable, además del adiós para la Orquesta de la sala hasta marzo o abril de 2017, debido a que el Teatro comenzará a refaccionar durante los próximos meses sus espacios.

El programa comenzará con la obra de Berg, considerada, explica el violinista Nicolás Favero, “uno de los grandes conciertos para el instrumento, y además es un hito de la historia de la música del siglo XX, que generó un precedente, fue muy trascendente”.

Comisionada por el violinista Louis Krasner a Berg durante la década del ‘30, el músico no se mostró en principio interesado porque estaba concentrado en la composición de su ópera “Lulú”. Pero Krasner lo convenció con adecuados honorarios.

Pero el artista atravesaría una tragedia durante la composición: el fallecimiento, con sólo 18 años, víctima de la poliomielitis, de Manon, una de las hijas de Alma Mahler, viuda del compositor, y de su segundo esposo, el arquitecto Walter Gropius, joven a la que Berg amaba como si fuera su propio padre.

El concierto fue escrito por Berg en memoria de “Mutzi” y titulado desde ese momento “A la memoria de un ángel”.

“Detrás del concierto se esconde este significado: hay canciones de cuna, valses y sobre el final está transcripta una cantata de Bach, acerca de que el sufrimiento es suficiente y que el alma irá al cielo”, detalla Favero sobre la obra que, afirma, fue “grabada por todos los mejores violinistas de los últimos 80 años”: para él, será la primera interpretación del concierto, al que “siempre tuve entre mis desafíos”.

“Es una pieza muy demandante musicalmente y también desde lo emocional”, afirma el violinista, para quien el trágico contexto del concierto, y su trasfondo histórico, brindan un particular volumen emotivo a la pieza, crucial para que la obra “transmita”.

La reflexión de Favero se inserta en el debate entre quienes piensan que la música puede ser apreciada (y “debe” ser apreciada) liberada de todo contexto, y de todo texto incluso, y aquellos que atan las expresiones musicales a textos y contextos.

“Creo que la música se puede disfrutar sin el trasfondo, pero si uno conoce lo que hay detrás, cobra mucho más significado”, explica Favero, y agrega: “En este caso, es una obra que a la primera audición es difícil de digerir, pero a medida que uno la conoce y la desentraña es realmente una obra maestra”.

Tras el concierto de Berg, llegará el turno de la Décima de Shostakovich, escrita poco después de la muerte de Stalin. Se trata de una obra casi autobiográfica que simboliza la libertad conseguida después de la desaparición del dictador.

El resultado es una pieza de hondo contenido trágico, que por su pesimismo no fue bien recibida en su patria, tras el estreno producido en Leningrado, el 17 de diciembre de 1953. “De las quince de Shostakovich es quizás la mejor, tiene una orquestación monumental”, afirma sobre la obra Favero, que invita al público a acercarse a ver “dos obras de gran calibre, muy significativas”.

Los socios del Club EL DIA podrán acceder, con este concierto, al beneficio del 2x1.

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