Siguen la pista de un asesino serial y le imputan 5 crímenes
| 27 de Febrero de 2016 | 01:42
No abundan los asesinos seriales en la historia criminal argentina, pero, al parecer, la magra lista sumó el nombre de un joven al que vinculan con cinco homicidios cometidos el año pasado en Capital Federal, Rosario y Salta. Lo complica un patrón casi idéntico en la mecánica de los hechos, pero, sobre todo, el cotejo balístico que demostró que su pistola 9 milímetros fue utilizada en todos los casos, informaron fuentes judiciales.
La mayoría de las víctimas fueron ejecutadas con un tiro en la cabeza y por detrás, pese a que algunas presentaron más balazos. Este no es el único rasgo distintivo del homicida: actuaba con frialdad pese a que previamente trababa amistad con quien iba a matar y no hubo personas que escucharan los disparos, ya que habría utilizado silenciador.
Según informó la Procuración General de la Nación en su página, el imputado es Javier Hernán Pino (26), quien está preso desde el 21 de octubre, cuando fue detenido en la ciudad santiagueña de Frías mientras era buscado por el homicidio de dos hermanos rosarinos y de un playero salteño.
La identificación de Pino se logró tras el análisis de las vainas encontradas en todas las escenas de los crímenes a través del entrecruzamiento de datos del Sistema Nacional Automatizado de Identificación Balística (SAIB).
Esto permitió establecer que los proyectiles utilizados en todos los hechos habían sido disparados por la misma pistola: la de Pino.
El primer hecho que se comenzó a investigar, a pedido del fiscal Justo Rovira, fue el crimen de Ni Qi Fu, un comerciante chino asesinado el 16 de febrero de 2015 en el barrio porteño de Balvanera.
La víctima tenía cinco balazos en el tórax y dos en el antebrazo izquierdo y en el lugar se secuestraron tres vainas servidas calibre 9 milímetros, dos plomos deformados y un proyectil intacto.
“Si bien al comienzo se relacionó el hecho con un ataque de la llamada ‘mafia china’, surgían datos que no eran consistentes con la modalidad utilizada por los sicarios”, dijo un investigador.
Desconcertaba a los investigadores que el autor se hubiera tomado el tiempo de cerrar la puerta del supermercado con llave y tapar con unos cajones de cerveza la visión del cuerpo. Posteriormente, el 15 de abril de 2015, se halló el cádaver de Claudia Sosa (32) en su departamento de la planta baja de Tucumán 1545, en la zona de Tribunales y frente a la comisaría tercera.
La mujer, que según su familia daba masajes con electrodos en su casa, presentaba un disparo en la nuca. Del lugar se secuestró una vaina 9 milímetros y se determinó el faltante de una computadora.
Los peritos establecieron que había correspondencia entre las vainas halladas tras el homicidio del comerciante chino y el de Sosa. Es decir que fue utilizada en ambos hechos la misma arma.
Esto reorientó la investigación, pero no se halló relación entre las víctimas, salvo por el robo y que “actuaba con tranquilidad y frialdad al matar”, señaló un pesquisa.
Tiempo después llegó la información de que las vainas estaban relacionadas con un doble homicidio cometido en Rosario y otro en Salta.
El 13 de julio de 2015 fue asesinado de un tiro en la cabeza, por arriba de la oreja izquierda, el playero Daniel Ríos (28) en una estación de servicio de la localidad salteña de El Galpón, luego de que robaran 70.000 pesos de la recaudación.
En tanto, el 16 de octubre del mismo año fueron hallados los cádaveres de los hermanos Agustina (28) y Javier Ponisio (25) en su departamento de Rosario.
La chica tenía un disparo en la cabeza, cerca de la oreja derecha, y el muchacho cuatro impactos en el cráneo, tórax, un brazo y cintura.
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