¿Celíacos no pueden comulgar por culpa de las hostias?

Según el Vaticano, las que no tienen gluten son inválidas para la Eucaristía. ¿Se pueden reemplazar?

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La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano elaboró recientemente un comunicado, por encargo del papa Francisco, en el que se recuerdan “las estrictas normas para la elaboración del pan y el vino destinados a la Eucaristía, como que las hostias no puedan ser sin gluten”, y mencionó especialmente que “las hostias sin nada de gluten son materia inválida para la Eucaristía”.

De esta manera, muchos católicos que sufren de celiaquía se verían imposibilitados de consumirlas, ya que esta enfermedad impide a quienes la padecen ingerir gluten, una proteína presente en el trigo, el centeno, la avena y la cebada (pero no en el arroz o el maíz), que daña las vellosidades del intestino delgado y puede producirles trastornos graves e irreversibles.

En el documento dirigido a los obispos de todo el mundo, se les indica que son ellos quienes tienen que “vigilar la calidad del pan y del vino destinados a la Eucaristía y, por tanto, a aquellos que los preparan”.

La Congregación recordó las rígidas disposiciones y sugirió algunas indicaciones prácticas debido al cambio de los tiempos, pues si antes eran las comunidades religiosas de monjas las que se ocupaban de preparar el pan y el vino para la misa, “ahora se pueden encontrar en los supermercados, en otros negocios y a través de internet”.

Además, el documento del Vaticano insistió en la necesidad de “comprobar quién es la persona encargada de proveer el pan y el vino para la celebración, así como la idoneidad de la materia, y que esta sea una persona honesta”.

Sobre la elaboración de las hostias, se recordó que deben ser de pan ázimo, sólo de trigo, y por tanto está prohibido con otras sustancias, aunque sean cereales”, y que incluso se considera un “abuso grave introducir otras sustancias como frutas, azúcar o miel”.

También se destacó que “está totalmente prohibido utilizar un vino del que se tiene duda en cuanto a su carácter genuino o a su procedencia”, y “no se debe admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier género”.

A su vez, ante las intolerancias alimenticias cada vez más frecuentes, el Vaticano respondió que está permitido “el uso del pan con poca cantidad de gluten, pero no totalmente sin él”, lo que igualmente dañaría a las personas celíacas.

Del mismo modo, y con respecto a la bebida, el Vaticano puntualizó que “está permitido tomar el mosto, el zumo de uva fresco o conservado, cuya fermentación haya sido suspendida por medio de procedimientos que no alteren su naturaleza”, y también se especifica que tanto el pan como el vino de la eucarística puede estar preparados “con organismos genéticamente modificados”.

“HAY OTRAS ALTERNATIVAS”

Consultado por EL DIA, monseñor Alberto Bochatey, obispo auxiliar de La Plata, señaló que “la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos nos recuerda algo ya establecido, pero que especialmente en otras regiones se estaba desvirtuando, por ejemplo en algunos países de Europa como Holanda, donde se llegó a reemplazar al vino por cerveza y a las hostias por galletitas saborizadas o con miel, como si fueran caramelos”.

“Pero para todo existen alternativas y no se excluye a nadie, sino todo lo contrario- expresó el obispo platense-. En el caso de quienes no pueden beber alcohol, la Iglesia autoriza al mosto, que es un vino sin fermentar y por lo tanto sin alcohol. Y en el caso de los celíacos, los hay de muchos grados y hay quienes pueden consumir una hostia pequeña con muy poco gluten. Pero quienes tampoco pueden ingerir ese poquito, igual pueden comulgar reemplazando el cádiz de la hostia por el del vino, mojando suavemente los labios”.

“Lo que ahora nos recuerda la Congregación para el Culto Divino, es acercarnos lo máximo posible a la sangre y el cuerpo de Cristo”, concluyó el obispo.

Las hostias son discos de pan ázimo, es decir que en su elaboración no se ha utilizado levadura.

Se utiliza agua y una mezcla de harinas de diferentes variedades de trigo. Una de ellas, rica en gluten, es la que da a la forma su textura acorchada.

La masa, previamente extendida, se calienta entre dos planchas a 170 ºC, para que el agua se evapore. De este modo, se obtienen láminas de pan seco y crujiente que son apiladas y humedecidas con agua. Luego, con un cortamasas especial se cortan y se dejan airear durante 5 días.

Se llegó a reemplazar al vino por cerveza y a las hostias por galletitas saborizadas o con miel, como si fueran caramelos”

La receta

 

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