“Empecé Zumba hace un año, a los seis meses de haber tenido a mi bebé. También empecé pilates. Es divertido, voy a despejarme y a la vez hago gimnasia. Las clases son intensas. Antes no me gustaba bailar y me daba vergüenza, pero como cuando yo empecé también empezaron otras chicas, no me sentí incómoda. El ambiente es relajado. Después de la segunda clase le agarré la mano. Voy dos veces por semana. Hasta que encontré Zumba era súper inconstante con la actividad física, pero ahora me gusta ir, y no pienso dejar. Me atrapó bastante”.
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