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Deportes |RECALCULANDO...LA NUEVA VIDA DE LOS EX JUGADORES
Mannarino, de la pelota al mostrador y del delantal al buzo: "Dolió el retiro pero todo cicatriza"

Por: NICOLÁS LAMBERTI

Nicolás Lamberti

Por: Nicolás Lamberti
nlamberti@eldia.com

27 de Octubre de 2018 | 07:20


Puede sonar discordante, pero a la vez tiene sentido. Rolando Mannarino aseguró que cuando se retiró de la actividad profesional de fútbol no estaba preparado para hacerlo y por eso, decidió alejarse por completo de todo lo que tuviese que ver con el ambiente. 

Sin muchas más vueltas que darle al asunto, se hizo cargo de una carnicería, reemplazó camiseta por delantal y cambió drásticamente de vida sin que se le cayeran los anillos.

El Tano, como lo llaman habitualmente, tocó Primera División con la camiseta de Gimnasia. De gambeta en gambeta su carrera fue creciendo a la misma velocidad que mostraba cuando escalaba por los "wines". En la década del 90, instalado como una de las promesas del fútbol doméstico, su nombre empezó a retumbar en los pasillos de los grandes clubes argentinos y estuvo a un paso de firmar con Boca

Era un puntero típico, con mucho desborde, veloz y potente. Hoy no veo ese tipo de jugadores, punteros clásicos. Si hoy tuviera 20 años sería difícil jugar en un equipo importante porque no hay esos jugadores. Hoy todos corren y es muy físico. No se ven jugadores de fútbol, tal vez los hacen jugar mal, pero no se ven”, se autodescribió en diálogo con el EL DIA.

El xeneize, River, San Lorenzo y Racing discutían para quedarse con él y las revistas más importantes reflejaban el auge de un futbolista en pleno ascenso, con proyección a la Selección argentina. Se puso la celeste y blanca bajo el mando del Coco Basile, cumpliendo el sueño máximo de todo jugador y compartiendo vestuario con futbolistas de estirpe.

Finalmente, ninguno de esos clubes de elite fue su destino, porque llegó una oferta del fútbol alemán, obviamente mucho más jugosa y seductora. Su entusiasmo por triunfar en una de las ligas más fuertes del mundo iba en aumento y su vida podía cambiar para siempre concretando un gran salto profesional. El “7” picante vivía un momento de esplendor y su carrera estaba en la cúspide.

Pero los castillos que había levantado amparado en una ilusión lógica se derrumbaron como si tuviesen cimientos de naipes. Decidió no irse. Fichó con Talleres , no reniega de eso, pero la curva ascendente comenzó a transformarse en meseta. El apogeo se volvió efímero.

Algunas cuestiones familiares lo empujaron a quedarse en el país y, mudarse a Córdoba, fue la mejor decisión que encontró en un momento que ya se figuraba en las antípodas del anhelo. Tras pasar por algunos clubes de los denominados chicos, su carrera se fue apagando lentamente y su retiro llegó prematuro, encontrándolo con la guardia baja, vestido con los colores de Douglas Haig y envuelto en motivos que decide guardarse.

Me retiré cerca de los 30 años. Fueron motivos personales y ajenos al fútbol que hicieron que dejara de jugar. No lo tenía planeado pero se dio así. Yo no estaba preparado para dejar de jugar, pero todo con el tiempo pasa y cicatriza. En su momento costó mucho”, admitió

Tuve la posibilidad de ir a Europa, a Alemania. Estaba hecho el pase y decidí no ir porque pensé en la familia, en el abuelo, la vieja y ahí fue cuando di marcha atrás y arreglé con Talleres de Córdoba. Y a veces hay decisiones que repercuten en uno”, agregó.

No seguí vinculado al fútbol porque no me sentía preparado para dejarlo, me sentí muy mal anímicamente y no quería mirar nada, ni saber nada de nada”, añadió, admitiendo que cortó por lo sano y decidió enterrar el pasado para abocarse a un negocio que ya tenía tradición familiar. Lo comenzó su padre y lo continuaron él y sus hermanos (foto con Fernando quien sigue con la tradición).

El rubro venia de familia, de chico aprendí el oficio, cuando dejé el fútbol algo tenía que hacer y ya teníamos la carnicería y decidí trabajarla yo. Estuve detrás del mostrador por un largo tiempo”, subrayó.

Claro que más allá de la experiencia acética de su retiro, conserva recuerdos lindos de una etapa que lo marcó y que no borra: “Uno hacía lo que le gustaba. Hoy pagamos para jugar y antes nos pagaban para eso. Para hacer lo que nos gustaba nos pagaban. Hacíamos lo que queríamos y pocos pueden darse ese lujo. Uno va conociendo lugares, viajes, los mejores hoteles, te tratan muy bien, tenés el reconocimiento de la gente y eso a uno lo llena y le gusta. Yo lo disfrutaba mucho”.

De su época dulce añoró haber tocado el cielo con la manos cuando Alfio Basile lo convocó para formar parte de la Selección Nacional. “Estuve un mes y medio en la Selección, anduve bien y fue algo muy lindo porque integré esa Selección del 90/92 que ganó todo,con grandes jugadores y fue un honor haber compartido vestuario con ellos. Fue un sueño, el de todo jugador”.

Pero después fue el momento de tomar aquella decisión fuerte de dejar todo y fue algo que según él, lo movilizó mucho, pero...¿se arrepintió en algún momento de haberla tomado?.

Lo hice porque lo sentía, pero tal vez sí me arrepiento de haberme ido como fui de Gimnasia. La Comisión Directiva de ese entonces, encabezada por gente que no quiero mencionar, no hizo mucho para que me quedara. Le hicieron mucho daño a Gimnasia”, dijo sin tapujos y no guardó para sí lo que cree es una realidad y cualidad dentro del fútbol: la falsedad

Hay mucha falsedad, traición y eso es lo malo que tiene el fútbol. No fue un ambiente para hacer amigos, pero sí grandes conocidos. Hoy todo el mundo dice amigos, pero la palabra es profunda. El fútbol me dejó grandes conocidos pero no amigos” aseveró.

VOLVER A EMPEZAR

Después del paso de la tormenta y toda la turbulencia que significó colgar los botines y con un proceso de reestabilización en cuanto a lo personal, el Tano está dispuesto a reinsertarse en el ambiente de la pelota. Decidió cerrar su carnicería y mientras participa en el Senior del Lobo, ya cree que es momento de volver a empezar en serio dentro de un mundo que le perteneció. 

Con la herida cicatrizada y con todas las ganas de empezar a construir una carrera desde otro lugar, a un costado de la cancha, pero estando cerca, admitió que tiene proyectos que le permiten volver a ilusionarse.

Después de tantos años de comercio decidí este año tomarme un descanso. Cerré la carnicería hace poco para desenchufarme de todo. Ahora tengo algunos proyectos que no tienen que ver con el comercio. Tengo ganas de hacer otras cosas. De meterme en el fútbol. Me han ofrecido algunas posibilidades, así que el año que viene una de las cosas que quiero es iniciar el proyecto de técnico”.

Pasaron varios años desde su retiro pero a Mannarino le sirvió para tomar impulso, para reconstruirse. Ya está listo para volver a empezar, para saltar otra vez el mostrador y empezar a respirar fútbol. La herida se cicatrizó y ahora el buzo de DT reemplazará al delantal.

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En la carnicería de su hermano Fernando-Roberto Acosta/EL DIA

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