La noche de los cristales rotos
Edición Impresa | 10 de Noviembre de 2018 | 03:05

Berlín
Rodrigo Zuleta
Los ataques contra los judíos el 9 de noviembre de 1938 anticiparon lo que fueron después los campos de exterminio y la confrontación con su recuerdo se ha ido transformando a lo largo de la historia de la Alemania de la posguerra.
La reconstrucción de los hechos, de sus antecedentes y de la manera cómo Alemania se ha confrontado con todo ello a lo largo de ocho décadas es el objetivo de una exposición en el centro de documentación “Topografía del terror”.
El 9 de noviembre, ya desde antes de los pogromos, no era una fecha más para los nazis: el 8 de noviembre de 1923 Hitler, en una cervecería de Múnich, proclamó la “revolución nacional”.
El detonante, o el pretexto que aprovecharon los nazis para desatar los pogromos, fue el asesinato del diplomático alemán Ernst von Rath en París, perpetrado por Herschel Grynspahn como venganza por la deportación de su familia de Alemania a Polonia en una acción ordenada por la Gestapo.
Hitler recibe la noticia de la muerte del diplomático y acuerda con su ministro de Propaganda Joseph Goebbels hacer que la población judía sienta “la ira del pueblo”.
Tres días después se celebraría una reunión en el Ministerio de Aviación, presidida por Göring, en la que se acordó coordinar en el futuro las medidas contra los judíos. “No quisiera ser judío en Alemania”, dijo Göring cínicamente tras esa reunión.
La Alemania de la posguerra tuvo al comienzo dificultades para enfrentarse con el recuerdo de la noche de los cristales rotos, en particular, y con el Holocausto, en general. La primera vez que un canciller alemán habló en un acto conmemorativo del 9 de noviembre fue en 1978 cuando Helmut Schmidt participó en un acto del Consejo Central de los Judíos en Alemania en la sinagoga de Colonia.
Hoy, la nueva ultraderecha, pide poner fin a la política del recuerdo. El 9 de noviembre de 2015, en una manifestación del movimiento Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente, una de las oradores, Tatjana Fensterling, pidió poner fin “al complejo de culpa alemán”. (EFE)
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