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Un día para celebrar y reflexionar

Historias de mujeres cuyos objetivos inspiran y realzan el valor de la igualdad

Cuatro ejemplos de lucha, solidaridad y reconocimiento en un mundo donde ellas, desde distintos lugares y diferentes recorridos, no se cansan de dar pelea y ayudar al otro

Lidia ortiz de burry - hace años que es ejemplo de solidaridad y lucha. su historia representa el valor de muchas mujeres / gonzalo mainoldi

Liliana ilari fue presidenta del banco alimentario de la plata durante varios años / gonzalo mainoldi

a los 72 años, María de los ángeles suárez es taxista y ejemplo de una pasión que muchos creían exclusiva de los hombres / alex meckert

blanca campostrini, otro ejemplo del rol clave de las mujeres / el dia

A Lidia Ortíz de Burry tal vez muchos conozcan: se hizo famosa hace poco más de quince años por su quijotesca tarea de recorrer barrios de la periferia platense para desarmar a los chicos. Pasados los noventa años y con un humor que nunca pierde, Lidia sigue incansable en su tarea altruista y ejemplificadora. “Ahora estoy enviando mercadería a Salta y Chaco”, cuenta, y no hace falta que explique nada para darse cuenta de que la suya es una historia que se escribe no sólo al calor de la solidaridad sino al ritmo de un mundo donde brotan y se multiplican las mujeres que inspiran. Mujeres anónimas y heroínas. Mujeres que son ejemplo.

Lidia es profesora de geografía y, como buena docente y mujer apegada a su pasión, nunca pudo desprenderse de los chicos ni de dejar de pensar en ellos. “Me sigue quitando el sueño que los chicos tengan algo para comer -admite-. Pero como muchas veces no está a mi alcance solucionarlo, me dedicó a buscar la manera de poder ayudarlos. En su momento fue comprando armas, después fabricando muñecos o almohadones para que tengan un lugar donde sentarse mientras estuvieran en clases. Y ahora sigo igual: mandando mercadería a las provincias del norte para ayudar un poco. No es mucho, tal vez sea ínfimo, pero creo que uno tiene que hacer todo lo que pueda para ayudar a los chicos que más lo necesitan”.

Uno de sus últimos emprendimientos, hace ya un año y medio, fue hacer cientos de espejos que envió a escuelas del Norte argentino porque, según explicó en su momento, “allí los chicos no se conocen la cara”. Esa misión nació cuando se enteró que los chicos de las escuelas rurales del Norte, que viven en el monte o aislados en los cerros, no se conocían la cara porque no tenían espejos, además de la turbiedad de los ríos que le impedían ver su rostro reflejado en el agua. Y Lidia no se detuvo. Envió unos 700 espejos a 16 escuelas rurales con 1300 chicos de Formosa. También hizo lo mismo para unas 40 escuelas con 3500 chicos de Jujuy.

Sobre los motivos por los que trabaja solidariamente, dijo que intenta colaborar para que la realidad no sea tan injusta para muchos chicos.

“Ya soy una mujer grande, prácticamente no salgo de casa, pero una lo hace porque lo siente y no se cansa de ayudar”, cuenta Lidia, quien parece inclaudicable en su lucha de trabajar por el otro. Hasta no hace mucho, además de pagar de su bolsillo los fletes para trasladar alimentos a las zonas más necesitadas de nuestro país también confeccionaba muñecos de trapo y almohadones para que los niños de comunidades aborígenes tuvieran un lugar donde sentarse en sus escuelas. “Decidí hacerlo porque me habían contado que muchos nenes se sientan en el piso de tierra”, cuenta ella.

Su historia, como la de tantas, se inscribe en una realidad donde, como se dijo, abundan cada vez más los casos de mujeres que la pelean todos los días y, a su modo y desde su lugar, sirven de referencia para otras mujeres. Si bien a mediados del siglo pasado muchos creyeron que con el voto femenino se acelerarían la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, lo cierto es que hubo que esperar varias décadas para que la discusión volviera con fuerza. En los últimos años comenzó en nuestro país un cambio de paradigma que, al decir de muchos, está generando una mayor conciencia acerca de la manera en que convivimos y en la que, sobre todo, ciertos valores y principios ganan terreno en la discusión de género.

“En los últimos años hubo algunos cambios importantes y eso arriba del auto yo lo siento”, asegura con una sonrisa que deslumbra María de los Angeles Suárez, quien desde hace 12 años conduce un taxi por las calles platenses. María se largó al ruedo del tránsito cuando su marido Miguel, propietario de un taxi, falleció y quedó en ella la responsabilidad de mantener el hogar. Al principio le advirtieron que si el coche no circulaba le quitaban la habilitación. Con cuatro hijos ya mayores y alentada por la dirigencia del sindicato donde fue a averiguar si podía alquilar o vender la licencia decidió hacerse cargo del servicio.

A María todavía se le iluminan más los ojos claros cuando habla de su trabajo: “soy la mujer más feliz del mundo; estoy en el taxi de domingo a domingo, a veces hasta doce horas. Me encanta, y más cuando veo que sale un viaje detrás del otro. Para mí lo mejor es trabajar los fines de semana. No paro nunca, y estoy segura que la de taxista es una profesión hermosa para cualquier mujer”.

Si bien no existen registros oficiales, se calcula que actualmente circulan al mando de un taxi, entre propietarias, choferes y franquistas, más de cien mujeres. La mayoría se ve los fines de semana, justamente cuando cubren los días libres de sus maridos, taxistas igual que ellas.

“Muchas cosas cambiaron y hoy puedo decir que muchos pasajeros prefieren viajar con una taxista mujer”, asegura María, para quien “fueron varios los hombres que tuvieron que cambiar la mentalidad y aceptar que no existen los trabajos de nosotras y los trabajos de ellos. Con amor, con pasión y responsabilidad, cualquiera puede dedicarse a lo que ama y quiere”.

De los tiempos en que muchos hombres veían como algo imposible que una mujer pudiera ser taxista, hoy María sólo recuerda sus resabios. “Puede haber algunos que todavía se hayan quedado en el tiempo -dice-, pero la mujer ganó un espacio que antes no tenía y eso, manejando y estando todos los días en la calle, una lo ve con claridad y con orgullo”.

El Día Internacional de la Mujer, se sabe, fue propuesto en 1910 por la alemana Clara Zetkin, integrante del Sindicato internacional de Obreras de la Confección, durante el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, Dinamarca. La fecha se eligió para honrar la memoria de un grupo de mujeres que, en 1857, ocuparon la fábrica textil en la que trabajaban en Nueva York exigiendo igualdad de salarios y una jornada de diez horas. Ante este reclamo, los dueños de la fábrica provocaron un incendio que causó la muerte de 129 obreras. A casi 160 años de tan trágico episodio, la realidad se hace un espejo que devuelve millones de imágenes e historias de mujeres distintas pero, como María o Lidia, con una historia para contar a modo de símbolo y reivindicación femenina versión 2018.

A la hora de reflexionar sobre los principios e ideas que rodean a este Día Internacional, otra de las que aportan su visión es Liliana Ilari, ex presidenta del Banco Alimentario de La Plata y ejemplo de lucha tenaz en el campo de la salud. “Me gusta pensar que Dios creo a la mujer para que todos nosotros tuviéramos una madre -dice Liliana-. Es un pensamiento del Papa Francisco y creo que sirve para reflexionar sobre nosotras, sobre mi yo. ¿Que es lo que me constituye? ¿Que factores confluyen para que sea esta que soy? Este ha sido y es el gran trabajo de mi vida: reconocerme, buscar la verdad, el sentido del tiempo y de la vida”.

Para Liliana, estando ya en una etapa del camino donde admite que puede mirar hacia atrás y ver los frutos del recorrido, sólo le queda dar las gracias. ”Estamos hechas para amar con ternura, para la entrega, el perdón; para valorar todo, sacrificarnos y hacer que el mundo sea mas vivible, humanamente vivible. Estas capacidades son las que no debemos perder, lo que nos tiene que ocupar. Y no hay nada que impida que se cumplan nuestros deseos. A veces nos resulta difícil pero no imposible. Basta mirar en la historia: mujeres que hicieron historia en las artes, las ciencias, en la política”.

No tan distinto es lo que aporta Blanca Campostrini, profesora titular en la Cátedra “A” de Ginecología de la UNLP y jefa de Servicio de Ginecología del hospital San Martín de La Plata. Nacida en Berisso y referencia ineludible a la hora de hablar de la presencia femenina en el campo de la medicina local, Blanca asegura que su especialidad le posibilitó conocer la gran diversidad de mujeres que hay.

“Aunque seamos iguales a los hombres como seres humanos -dice Blanca-, siempre vamos a tener características que nos distingan y nos definan. Creo que hay mujeres de todo tipo y las veo a diario: de distintas condiciones sociales y culturales. Y a todas, de distintas formas, las admiro y las valoro profundamente. Porque creo que le dan luz e impulso a la vida”.

“Me sigue quitando el sueño que los chicos no tengan para comer y siempre quiero ayudar”

Lidia Ortíz de Burry - Jubilada

“A veces las cosas, por ser mujeres, nos resultan más difíciles, pero no imposibles. Basta con ver la historia”

Liliana Ilari - Ex presidenta del Banco Alimentario de La Plata

“Mi especialidad me permite conocer a distintos tipos de mujeres y a todas las admiro”

Blanca Campostrino - Jefa del Servicio de Ginecología del Hospital San Martín

“Hoy muchos pasajeros prefieren que sea una mujer quien esté al volante”

María de los Ángeles Suárez  - Taxista

 

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