Editorial

Demoras y otras graves fallas de las líneas de micros

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Los centenares de miles de habitantes de nuestra región que dependen de los medios de transporte de pasajeros para acudir a sus trabajos, a sus escuelas, a hospitales u otros tipos de destino, se encuentran cotidianamente obligados a soportar crecientes demoras en las paradas, entre las otras varias dificultades que plantean las líneas que corren por el centro y los barrios de La Plata, Berisso y Ensenada, así como por localidades cercanas.

La situación actual parece haber llegado a un punto límite, que obliga a las autoridades responsables a repensar acciones destinadas a reformular en forma integral este servicio público. Las larguísimas colas de pasajeros aguardando micros en los horarios centrales constituye un testimonio cotidiano de los problemas que plantea los colectivos locales.

Se habla no sólo de frecuencias cada vez más espaciadas –en un fenómeno que se agudiza, como bien se sabe, durante las vacaciones de verano y en el receso invernal, y que se vuelve ciertamente traumático, durante todo el año, para los vecinos de las zonas sur (barrio Aeropuerto, Villa Elvira) y Oeste (Los Hornos, Abasto, Olmos y otras barriadas)- sino de otras deficiencias ya endémicas de la prestación.

Así podrían mencionarse el mal estado mecánico que presentan algunas unidades, la obsolescencia o falta de higiene en otras, la inexistencia de rampas que permitan a los desiguales físicos a subirse a los micros y, entre muchas otras, también a la caótica manera en que se desplazan por las calles céntricas –como es el caso de la avenida 7 y otras de La Plata- donde los micros, al sobrepasarse unos a otros (en lugar de desplazarse en hilera por esas cuadras, tal como ocurre en muchas ciudades del mundo) ocupan la totalidad de la calzada y perjudican al tránsito.

Estos problemas, que suscitan renovadas protestas vecinales, contaron ciertamente con la confirmación de las conclusiones ofrecidas desde el Observatorio de Movilidad del Gran La Plata (Iipac/Conicet/UNLP), con elocuentes referencias acerca de la profundización del déficit del servicio de colectivos en barrios de la periferia, en los horarios nocturnos y en los feriados.

Los investigadores señalaron el año pasado que la calidad del viaje en colectivo en la Región en la actualidad “tiende a ser mala” y que la Ciudad cuenta con menos unidades circulando hoy que hace treinta años, aunque la población creció y los barrios se extendieron. En el caso de los micros interurbanos o de media distancia, para corroborar esa conclusión, cabe consignar que hace seis décadas, con una cantidad de habitantes en el país y en nuestra zona mucho menor, entre La Plata y Buenos Aires circulaban cuatro líneas de colectivos, dos de ellas después desaparecidas.

El trabajo reflejó asimismo que otras causas que influyen en el mal servicio de colectivos se relaciona con la forma desordenada en que se expandió la Ciudad en los últimos años, el crecimiento exponencial del parque de automóviles, el efecto de las congestiones de tránsito y el déficit de los controles.

Se impulsaron en su momento acciones –como la división de las líneas de acuerdo a los puntos cardinales- o iniciativas como la de habilitar un Metrobus en el camino Centenario, de imposible concreción.

Se necesita, en suma, de una profunda modernización de un servicio que responde cada vez menos a las demandas de la población. Y para ello, como se ha dicho, existen en nuestra zona profesionales e investigadores universitarios capacitados en el tema, que debieran ser consultados.

Ellos podrían aportar consistentes criterios de estudio y conocimientos que debieran ser aprovechados por las autoridades municipales, para profundizar y buscarle soluciones a un problema que se presenta desde hace largo tiempo, con mayor complejidad cada año y con trastornos concretos para una población que no debiera padecerlos.