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Qué nos falta saber sobre educación sexual integral

Cómo hablamos de sexualidad con niños y adolescentes en tiempos de feminismo y diversidad. Con qué herramientas contamos padres y docentes. Los chicos de la secundaria platense Carlos Vergara produjeron su propio material de estudio

Andrea Beratz y Algunos de Los alumnos de la Escuela Secundaria nº14 Carlos Vergara que escribieron el libro “¿Dónde está mi ESI?”, realizado en el marco del programa Jóvenes y Memoria

Jorgelina Herrera y sus hijas Milagros, Juana y Martina

Pía Ríos y sus hijos Juana y Pablo

Amanda Atenea, junto a su hija Inés: Esta mamá concibe la crianza en clave de género y usa lenguaje inclusivo / foto: Eva Cabrera

Por YAEL LETOILE / Fotos GONZALO MAINOLDI

vivirbien@eldia.com

¿Quién no se hace el distraído cuando los chicos preguntan sobre sexualidad? ¿Cómo enfrentamos la curiosidad sexual de nuestros hijos en tiempos de feminismo y diversidad? ¿Qué herramientas tenemos papás, mamás y docentes?

A los clásicos temas sobre iniciación sexual y cuidados, se sumaron nuevos vinculados a machismo y violencia de género, infancias libres de estereotipos, identidades diversas y despenalización y legalización del aborto. En ese contexto, los manuales de concepción biológica-reproductiva quedaron viejos.

En La Plata, alumnos y alumnas de la escuela secundaria Nº 14 Carlos Vergara, pusieron manos a la obra y produjeron su propio material de estudio para llenar el vacío: tras un año de investigación publicaron ¿Dónde está mi ESI?, un antimanual hecho por y para los chicos que repasa éstos y otros temas desde una perspectiva de derechos humanos. Veamos.

EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL, ESE HORIZONTE. En Argentina rige hace 13 años la Ley 26.150, que creó el Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ESI) para estudiantes de todos los niveles del sistema escolar de establecimientos educativos públicos, de gestión estatal o privada, de todas las jurisdicciones. Sin embargo, su grado de alcance e implementación es dispar.

A tal punto, que un proyecto de ley recientemente presentado en la cámara de Diputados provincial que busca garantizar la capacitación docente en estos temas, indica que sólo dos de cada diez chicos en edad escolar reciben contenidos vinculados a la ESI, y la misma proporción se da en la formación docente en esa asignatura.

No obstante, durante el debate por la interrupción voluntaria del embarazo el año pasado en el Congreso, tanto quienes votaron a favor como los que se expresaron en contra, coincidieron en la necesidad de fortalecer la presencia de la ESI en el ámbito escolar.

En esta nota, padres, docentes y chicos alzan la voz para hablar de educación sexual y compartir sus experiencias. Para que la próxima vez nadie se pueda hacer el distraído.

LA ESI COMO DEMANDA. “En el aula nos preguntamos todo el tiempo por qué se da una charla de ESI cada tres años y no de manera transversal. La ley dice que debería dictarse en todas las materias, independientemente de que no sean sociales”, dice Vic Piga, de 17 años, estudiante de 6° año del Vergara.

El reconocimiento de esa falta hizo que un grupo de 10 adolescentes –entre ellos Vic– guiados por la profesora de Literatura Andrea Beratz (32), publiquen una investigación de 180 páginas sobre los contenidos de la ESI que consideran fundamentales con un anclaje local.

El proyecto se enmarca en el Programa Jóvenes y Memoria, dependiente de la Comisión Provincial por la Memoria, que convoca a chicos de las escuelas medias provinciales a reflexionar y producir piezas en distintos formatos sobre un derecho que consideren vulnerado.

“Ya en 2017 trabajaron con género, con entrevistas a chicos y adultos de la comunidad educativa sobre qué es el género y qué es la violencia de género. En función de esos resultados, el año pasado encaramos el tema de la falta de implementación de la ESI”, cuenta Beratz, sobrepasada por el inesperado impacto que tuvo el libro.

Es que si bien en la biblioteca de la escuela contaban con algunos cuadernillos vinculados a la temática, la mayoría de ellos estaban desactualizados. “No había material que contemple la aprobación del matrimonio igualitario ni la ley de identidad de género”, explica Vic y agrega “y si el Estado no lo hace, dijimos, lo vamos a hacer nosotros”. Y cumplieron.

Aún inédito, está disponible en http://www.comisionporlamemoria.org/jovenesymemoria/wp-content/uploads/sites/21/2019/03/donde-esta-mi-esi.pdf

DE DÓNDE VENIMOS. La experiencia de los chicos del Vergara era inimaginable algunos años atrás. Todavía hoy son muchos los que evocan la edición española de Peter Mayle ¿De dónde venimos? –considerado el primer manual sobre educación sexual– cuando se los interroga sobre transformaciones del cuerpo, relaciones sexuales, orgasmo y reproducción.

Jorgelina Herreros (49) dice que esa colección le fue de gran ayuda para encarar las inquietudes de sus hijas, hoy de 14 (Juana), 19 (Martina) y 22 años (Milagros). El abordaje de la educación sexual en su casa casi siempre fue a demanda de las chicas y ella aplicó el consejo que alguna vez le dio un profesional para otro problema: no dar más información que la que los niños están en condiciones de recibir.

La ESI es fundamental para promover el cuidado del propio cuerpo y prevenir el abuso en los niños pequeños

 

Una vez, cuando una de las chicas estaba en sexto grado, junto a una compañerita la encararon y sin filtro le preguntaron cómo se masturbaban las mujeres. “Se me atragantó todo”, se ríe nerviosamente con el recuerdo “pero pensé que no podía desaprovechar el momento y su necesidad de saber”.

Entonces, no sin dificultad les explicó que “la mujer se hace mimos que le provocan placer”, aunque la acomplejaba la idea de devolver a esa nena a su casa sin hablar con los padres sobre lo que había sucedido. Al final, fue, les contó la situación y por suerte no se hicieron problema, dice Jorgelina y asegura: “Ahora será que las más grandes ayudan, pero es mucho más descontracturado”.

Las preguntas, ¡hay las preguntas! asaltaron a Pía Ríos (44) cuando sus hijos Juana (22) y Pablo (20), eran chicos. Iban por diagonal 73 y vieron a una chica trans. A él le llamó la atención porque era grandota y le preguntó si era un nene o una nena. Entonces les explicó que “era una nena que había nacido en un cuerpo equivocado”.

La reacción de los hermanos fue de desconcierto, pero después de pensar un poco el más chico dijo: “es re fácil: es un nene que se comió a una nena”. Fue hace 15 años y en el momento, Pía se dio cuenta que le faltaban elementos para explicarles.

“Eran otros tiempos. Los adultos no teníamos incorporado el hecho de que un travesti era una chica trans. Fue la primera vez que les hablé a mis hijos de sexualidad o algo relacionado. Después pasó mucho tiempo hasta la adolescencia cuando empecé a aconsejarles para que se cuiden”, añade Ríos, docente de la Facultad de Bellas Artes.

ANTIMANUAL PARA TODAS LAS MATERIAS. El libro de los alumnos platenses fue prologado por la periodista Mariana Carbajal y está organizado en cinco capítulos que repasan lo que para ellos son los ejes principales de la educación sexual integral: mujeres y conquista de derechos; identidad de género y diversidad sexual; trata de personas; violencia de género y medios de comunicación e interrupción voluntaria del embarazo.

Para cada tema, hay enfoques, poesías, películas, preguntas sugeridas, fragmentos de canciones, material de archivo y la voz directa de los protagonistas. “Uno de los aciertos del libro es que no tiene un ´yo creo´ o ´a mí me parece´. Se hizo un gran trabajo de investigación y, como pide la CPM, está anclado en la comunidad que le dio origen”, explica Beratz y a punto de recibirse de psicóloga.

Desde esa perspectiva, argumenta la profesora, “no podían faltar las entrevistas a Marta Ramallo – mamá de Johana, desaparecida en julio de 2017 en un presunto caso de trata de personas y cuyos restos fueron encontrados hace un mes–; Quimey Ramos, docente y activista trans platense y el caso de Sandra Gamboa”, la joven estudiante de medicina que fue violada y asesinada en La Plata en 2006.

“El libro es legible y no tan lineal como la mayoría de los manuales de educación sexual. Puede servir como material para trabajar en todas las materias. Por ejemplo: el tema de la legalización del aborto o del matrimonio igualitario que trabajamos a nivel mundial se puede utilizar en Geografía, el capítulo mujeres y conquista sirve para Historia y la situación de trans y travestis en Argentina se puede usar para las estadísticas en Matemáticas”, detalla Vic.

“Es un material dinámico y entretenido para sus propios pares. No está la mirada del adulto y a la vez sí. La coordinación de Jóvenes y Memoria es eso: hacé que tu voz se escuche”, se enorgullece la docente y confirma la transversalidad de los contenidos.

“Soy profe de Literatura y siempre di ESI, desde por qué Penélope teje y desteje esperando a su marido, hasta pensar el contexto histórico de la China del Martín Fierro”, propone y los mismo en Matemáticas –le recomienda a su mamá que también es profe– “¿Por qué siempre es Juan el que compra clavos en la ferretería? Se puede dar ESI desde el planteo de problemas matemáticos”.

HACIA DÓNDE VAMOS. La ESI es obligatoria para todos los niveles educativos incluido el inicial y se ha demostrado como una herramienta fundamental para promover el cuidado del propio cuerpo y prevenir el abuso en los niños pequeños.

Amanda Atenea, comunicadora social y mamá de Inés, de 4 años, está convencida de eso. Martín Castro, empleado de ABSA y papá de Pedro, de 3, también. Cada uno desde su experiencia, reivindica los contenidos que los niños reciben en el jardín y que ellos mismos refuerzan en sus casas.

Esa colección fue de gran ayuda para encarar las inquietudes de mis hijas, hoy de 14 (Juana), 19 (Martina) y 22 años (Milagros)”

Jorgelina Herreros (49)

 

“Hablar de ESI con una niña de 4 años implica comprender la amplitud que propone la educación sexual integral, desde las vinculaciones con otres, otras y otros, hasta la postura del cuerpo, de qué manera arraigamos nuestra identidad y el cuidado del cuerpo”, explica esta joven comunicadora social que concibe la crianza en clave de género y usa lenguaje inclusivo.

Martín, que recibió 0 educación sexual cuando era chico, se sorprendió gratamente un día cuando su hijo lo corrigió por usar el término “pitulín”. Es pito, dijo el nene. En el jardín San Cayetano, les habían informado a los padres que trabajarían los contenidos de ESI desde sala de 3. “Ahora pide ir al baño solo”, cuenta agradecido el papá.

¿Y cómo puede reforzar uno desde la casa esta enseñanza? “Se aborda en el juego, en su idioma pero también con seriedad y mucha responsabilidad”, propone Amanda y da ejemplos: “Cómo llamamos a nuestras partes íntimas: vagina, enseñarles quiénes pueden acceder y quienes no, y esto es fundamental porque son pequeñes y hay mucha maldad circulando, mucho patriarcado”, asegura.

Otro tema es el reconocimiento del propio cuerpo. Amanda admite que aún siendo alguien que trabaja estos temas en primarias, secundarias y con adultos, se encontró buscando más información para saber cómo abordar el hecho de que “les niñes son seres sexuales desde el nacimiento y esas prácticas se van incrementando a lo largo del desarrollo”.

Desmitificar los roles de género es otra cuestión fundamental. Un día Inés le contó a Amanda que en el jardín ella cuidaba a los bebés y el “papá” salía a trabajar. Entonces, simplemente, le hizo pensar en el ejemplo inverso, algo cotidiano en su casa. “Porque está muy arraigado. En todo lo que nos rodea hay un ejemplo de cómo ser niña o cómo ser niño, ahí está el desafío de lo que compramos y compartimos con nuestros hijos”.

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