El dilema de enfrentar al coronavirus y sin agua en las canillas

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Miles de platenses se ven enfrentados en estos días al verdadero dilema que significa prevenir el flagelo del coronavirus, tener en claro que lavarse las manos varias veces al día es una de las formas básicas para lograrlo y, al mismo tiempo, no contar con agua en las canillas de sus domicilios. Se trata, ciertamente, de un problema concreto, que se presenta en forma cotidiana a lo largo de todo el año, pero que, en estas jornadas, se convierte en una suerte de dramática disyuntiva.

Una vez más, como ha ocurrido desde hace años con muchas campañas de vacunación, el Estado reclama de la población determinados comportamientos y, al mismo tiempo, se desentiende de suministrar los recursos indispensables. En el caso de esas campañas sanitarias, ocurre que suelen ser insuficientes las dosis de vacunas disponibles o, directamente, faltan. Ahora insta a la población a higienizarse debidamente, pero no hay agua.

“Cuando más se la necesita, el agua falta”, sintetizó un vecino de 6 y 78 bis, en un testimonio reflejado ayer por este diario. Previsiblemente inquietos ante el avance del coronavirus sin poder lavarse o bañarse, pobladores de diferentes barrios pusieron el grito en el cielo por las deficiencias del suministro de Absa, que son reiteradas, pero que, como se ha dicho, en estas instancias resultan poco menos que intolerables.

Resultaría tedioso volver a relatar la rutina frustrante de las protestas ante la empresa, que responde por contestadores automáticos y ofrece, como casi siempre, pocas explicaciones a los vecinos.

Muchos usuarios del servicio aludieron a la falta de agua en la amplia zona que va de 54 a 71, desde la avenida 122 a la 31. “Soy rehén de un sistema que colapsó y no puedo hacer nada”, expresó un vecino, que aseguró haber realizado más de diez reclamos a Absa sin obtener ninguna solución. Puso de relieve que en un mes y medio nadie de Absa lo llamó ni fue a su domicilio para ver qué se puede hacer, aunque, consignó, “el servicio me lo cobran”. Similares protestas se realizaron desde 19 y 71, así como desde 524 y 120 en Tolosa, con las canillas casi secas todo el día.

Está claro que la población se ve urgida en estos días a realizar toda clase de acomodamientos a la nueva realidad que plantea el coronavirus. Esos esfuerzos, imprescindibles, que pueden servir para aumentar los niveles de salud de la población, debieran verse multiplicados en los organismos oficiales y en las empresas concesionarias de servicios públicos, cuyas prestaciones deberían ser, inexcusablemente, eficaces.

Cuando en los períodos que pueden calificarse como de normalidad -no expuestos a contingencias sanitarias graves o a otro tipo de calamidades- se insta a las autoridades de turno a ajustar los mecanismos de las distintas empresas de servicios, así como que los hospitales y centros de salud se encuentren suficientemente provistos de medicamentos y de recursos humanos. En esas ocasiones se pone el acento, justamente, en la aparición de eventualidades que obliguen a contar con estructuras aptas para enfrentar futuras emergencias.

Esa situación está vigente ahora, cuando hace falta agua para higienizarse y prevenir así el coronavirus, tal como lo proclaman las autoridades de Salud. Sin embargo, agua corriente es lo que sigue faltando o se la recibe en forma muy retaceada, ya en el transcurso de jornadas que pueden considerarse críticas. Tanto la empresa Absa -como el Estado provincial, en su condición de cedente de la prestación- debieran tomar conciencia de la responsabilidad que les incumbe y cumplir con la obligación de garantizar el servicio.

 

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