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Policiales |Teléfonos y computadoras, también son zonas de riesgo
En cuarentena no descansan el “cuento del tío” ni el ciberdelito

Las estafas, el robo de datos y el comercio de pornografía infantil, son modalidades criminales que crecieron en momentos en que aumentó el uso de dispositivos

En cuarentena no descansan el “cuento del tío” ni el ciberdelito
30 de Junio de 2020 | 04:30
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Correos electrónicos, llamados, mensajes de texto o redes sociales, son algunas de las vías de comunicación moderna. Entre allegados, familiares o por cuestiones laborales, toda razón es válida. Sin embargo, cada uno de esos modos conlleva un peligro que en el marco de la cuarentena obligatoria parece haber tomado una fuerza mayor: el “cuento del tío”.

A esa estafa se le suma otro delito que, según información brindada por fuentes policiales y judiciales, aumentó un 80 por ciento en épocas de aislamiento. Se trata del ciberdelito, que contiene una gama amplia de infracciones a la Ley, como en el caso de la explotación sexual infantil o el robo de datos personales.

En ese mundo, la “Deep Web” cobra un protagonismo especial, ya que es el segmento más amplio de toda Internet y en el que predomina el anonimato. “Es el lugar perfecto para cualquier transacción ilícita, ya sea de información robada o de materiales como armas de guerra”, explicó un experto.

La dimensión de las situaciones presentadas es nacional, aunque en La Plata y localidades vecinas se registraron casos recientes en los que vecinos lograron evadir a los timadores y otros que cayeron en sus trampas.

Tal es la experiencia de un frentista de Tolosa, quien prefirió no dar su nombre, pero le contó a este diario que recibió un llamado “desde una línea telefónica con prefijo de la provincia de Córdoba, donde alguien que se identificó de una empresa de celulares me contactó para informarme que había sido beneficiado ‘con un premio de 150.000 pesos en efectivo más dos equipos de celulares de la marca Samsung con 5 G, por haber salido en el puesto octavo en un sorteo realizado por la compañía en un reciente evento’”.

La voz le pedía “que me conectara desde algún aparato con wi-fi, para seguir una serie de instrucciones y me aseguró que iba a comprobar el depósito de los 150.000 pesos a través del home banking”.

Asimismo, citó que al notar el escepticismo con que recibía la noticia del presunto beneficio, “llegó a asegurarme que no se trataba de ningún engaño. Y que a cambio del premio, debía prestar mi imagen a través de una foto propia, que la empresa la iba a difundir durante un mes como parte de su publicidad y marketing”.

Emocionado con su propio relato, el estafador le aseguró que “me iba a contactar el gerente de la empresa, y que el dinero que ganasen con mi imagen lo iba a donar a un hospital u otra institución comunitaria”. La treta culminó con un “finalizar la llamada”.

Marta, por su parte, contó que “lo llamaron a mi esposo Claudio, y le dijeron que el IPS había determinado que le correspondía cobrar los 10 mil pesos del IFE. En vez de cortarles, les pasó mi teléfono. El supuesto empleado del Ministerio de Salud me repitió la mentira -un hombre que se identificó como Federico Palacios-, y me explicó que yo tenía que ir a un cajero, que me iban a volver a llamar en ese momento”.

Entonces le pidieron “que les aclare la hora exacta en la que iba a poder estar en el cajero, que en ese momento me darían un código que mi esposo tenía que introducir y luego me detallarían los pasos a seguir”, prosiguió.

Para darle más credibilidad a la mentira, utilizaron el nombre real de una directora del IPS. “Me aseguraron que nos iba a contactar por este tema”, sostuvo Marta. Ella les siguió la corriente y mientras tanto fue hasta la DDI, en 62 entre 12 y 13. “Me llamaron cuando estaba en la seccional y les respondí que no podía hacer el trámite, que la única forma era que me ayudasen en forma personal, para que los agarren. Pero los policías me hicieron cortar”, recordó.

Intentaron comunicarse una última vez. Marta le reveló que había hecho la denuncia y que sabía que se trataba de un engaño.

Otra vecina, que también prefirió el anonimato, repasó en diálogo con este diario la experiencia que tuvo su hermana, a quien llamó “un tal Carlos Ramacciotti, escribano matrícula 628, preguntando por mí papá”. Este sujeto, continuó, “le informaba, previo preguntar si cobraba la pensión de mí papá, que tenía disponibles para retirar $ 195.000 ‘si ella quería’, que era un dinero que le debían”.

Ante la extraña situación, “mi hermana le contestó que iba a consultar primero y que dejara un número en el que lo pudiera encontrar. Le dijo ‘al asterisco ciento treinta’ -el número de ANSES-, aunque este hombre afirmó que pertenecía a la Casa de la Provincia de la Nación con dirección en capital”. Quería los datos de la Caja de ahorro del padre de la joven, pero la estafa no prosperó.

“Por suerte nos dimos cuenta que se trataba de una mentira y colgamos”, sentenció la víctima.

DATOS Y DEEP WEB

El robo de datos personales o de información corporativa parecen más el argumento de un thriller que situaciones de la vida real. Sin embargo, no sólo ocurren de manera regular, sino que se volvieron un problema mayúsculo durante la cuarentena. El titular de la Unidad Fiscal Especializada en Cibercrimen (UFECI), Horacio Azzolin, explicó que antes del aislamiento “pasaban meses entre la captación de los datos y el uso de los mismos, y ahora ese uso es casi inmediato; lo que, en parte, obedece a una necesidad de las organizaciones criminales de financiarse rápidamente ya que no se pueden dedicar a otras actividades ilícitas”.

Otras de las razones, añadió, es que “no hay efectivo en la calle y el dinero es virtual, al tiempo que hay más gente comprando por Internet. Los delincuentes se aprovechan de eso y captan credenciales bancarias o se hacen pasar por el banco para quedarse con los datos”.

Desde el 20 de marzo, los ciberdelitos crecieron un 80 por ciento. La “Deep Web” (Internet Profunda en inglés), es casi tres veces más grande que la Internet “de la superficie”, es decir, aquella a la que accede el común de la gente.

Su fuerza radica en que las operaciones que allí suceden son de manera anónima. Y, como las restricciones no existen, se puede adquirir desde pornografía infantil hasta tanques de guerra.

“En la Deep Web ocurren muchos hechos lícitos e ilícitos -como la venta de pasaportes falsos, armas, bebes, tarjetas de créditos robadas e imágenes de abuso sexual infantil, porque los cibercriminales tienen asegurado el anonimato”, amplió Daniela Dupuy, a cargo de la Unidad Fiscal Especializada en Delitos y Contravenciones Informáticos (UFEDyCI) de la Ciudad de Buenos Aires.

“Esto ha aumentado con la pandemia y especialmente los casos de explotación sexual infantil, el Grooming y la difusión de imágenes íntimas sin autorización”, agregó.

En este contexto, la explotación sexual infantil desarrollada en la producción y comercialización de pornografía registró en el país un total de 2.692 casos en marzo, en abril fueron 4.879 y en mayo 4.175; lo que significó un aumento del orden del 80 % entre el primer y segundo mes; y del 55 % entre el primero y el tercero, según datos de la UFEDyCI.

La explotación de menores detectada en Internet subió el 80 % y el 55 % en meses sucesivos

 

 

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