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Emiliano Isla Verde: la fuerza emprendedora que llegó de España y dejó su huella en la Ciudad

Arribó a nuestra ciudad con 25 años y desde entonces no paró de hilvanar logros. Fue metalúrgico, fundador de una empresa de rectificación de motores, representante de la colectividad española y el gran impulsor del Hospital Español de La Plata, entidad de la que hoy, a sus 96 años, sigue siendo Presidente Vitalicio

Emiliano Isla Verde: la fuerza emprendedora que llegó de España y dejó su huella en la Ciudad

Emiliano Isla Verde, junto al León, el día que conoció la remodelada cancha de Estudiantes

3 de Julio de 2022 | 03:17
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Hace ya casi 72 años, en una tarde de noviembre de 1950, un joven nacido en el pueblo español de Villa Ciervo, en la provincia de Soria, Región de Extremadura, con una maleta cuadrada de color marrón y una carta de recomendación en su mano, se subía a un barco -el “Córdoba”- para poner proa rumbo a una ilusión y a un futuro que aquella España de la pos guerra parecía negarle y que aún se le ofrecía incierto en “la América”, donde unos tíos que vivían en la lejana ciudad de La Plata serían su único apoyo. Y hacia aquí partió.

Emiliano Abilio Isla Verde, a sus 25 años, dejaba atrás el cariño de sus padres, Antolin Isla Manrique y Victoria Verde Tello, y de sus hermanos Julio, Amancia, Santiago, Angelito, Pedro y Antonia, para aferrarse a un sueño que, años después, concretaría con creces.

“Certifico que Don Emiliano Abilio Isla Verde, de 25 años, de estado soltero, vecino de este Termino Municipal, no ha ejercido nunca ni ejerce la mendicidad, observando una conducta intachable”, firmaba con fecha 25 de agosto de 1950 el Alcalde de aquella comunidad para ser presentado a las autoridades argentinas. Ese documento, denominado “Carta de Llamada”, aún lo conserva Emiliano en su casa de Tolosa, donde a sus actuales 96 años se lo ve orgulloso, con la misma sonrisa que lo acompañó siempre durante toda su vida.

La Cruz Oficial de la Orden del Mérito Civil que le entregó la Realeza Española a Isla Verde

La misma sonrisa que muestra, feliz, en las fotografías que sus familiares le sacaron en una reciente visita a la cancha de Estudiantes -el club del que se hizo hincha desde que llegó a nuestro país-, a la que no conocía remodelada, y donde seguramente volvió a escuchar desde su interior aquellos mensajes que sonaban por los altoparlantes y que acompañaron a muchos platenses durante más de 25 años anunciando la presentación de los equipos que llegaban a nuestra ciudad, tanto en la cancha de Estudiantes como en la de Gimnasia. “Aaaaateeenciooón, Compañía Rectificadora IGC, la rectificadora de la Ciudad, presenta la formación de...”.

Es que IGC era la sigla de Isla, Giannelli y Cecatto, la empresa que Emiliano había fundado junto a sus amigos de toda la vida para llegar a ser la rectificadora oficial de la Mercedes Benz, uno de los tantos logros que aquel inmigrante español concretaría en nuestra ciudad como trabajador, emprendedor, empresario, dirigente y vecino dispuesto a solucionar cualquier problema que presentara la comunidad, desde las cloacas, las luces o el asfaltado de su barrio, hasta la de acrecentar el progreso del Hospital Español de La Plata, del que fue Presidente de su Consejo Directivo, el órgano superior de la centenaria entidad, durante 25 años.

“Emiliano lo es todo para el Hospital Español, es nuestro ejemplo, y personalmente para mí es como mi abuelo”

Alfredo Mendoza Peña,
Presidente Hospital Español

 

LA VIDA EN ESPAÑA Y LA LLEGADA A LA CIUDAD

Villa Ciervo era por entonces un pueblo de campiña dedicado a la agricultura y la ganadería. Los Isla se dedicaban al monte, juntaban leña, la dejaban estacionar y la vendían; una vida de sacrificios que ya venía de los abuelos. España sufría aun las consecuencias de la Guerra Civil, y después de la Segunda Guerra Mundial todo se presentaba para peor. Emiliano recordaba que “desde el año 36 hasta el 50 teníamos la comida racionada, y aunque hubiera pesetas no te daban más que un paquete de azúcar o una botella de aceite, y el pueblo vivía en una miseria muy grande. No había mucho más por hacer allí”.

Fue en esas circunstancias en que sus tíos, hermanos de su madre, Agapito y Pedro Verde Tello, que habían emigrado a la Argentina unos años antes, le ofrecieron al joven Emiliano venir a La Plata. Ellos se harían responsables de una cláusula que se exigía por entonces, que consistía en que durante un año le darían trabajo y alimentos, además del citado certificado de no mendacidad.

Emiliano Isla Verde recibió en su casa a EL DIA y posó para la foto junto a “la carta de llamada” / C. Santoro

“Yo tenía 25 años y mucha ilusión -recordaba Emiliano-. En el barco, que venía de Amsterdam, me hice amigo de otros españoles de Bilbao, y cuando nos dieron de comer panes grandes, pollo y jamón, pensamos que ya estábamos en la Argentina”.

El 16 de noviembre de 1950 Emiliano llegó a nuestro país, y ya en La Plata fue a vivir a la casa de su tío Agapito, un abogado socialista que solía frecuentar a figuras de la época como Moreau de Justo, Palacios o Ghioldi. Pero el recién llegado solo quería trabajar, y recordaba que su tío le había dicho que “los españoles que llegan a este país generalmente son almaceneros, mozos, hoteleros, y a la gran mayoría le va bien, pero vos vas a tener que estudiar”.

Y así fue que Emiliano se decidió a completar sus estudios -en España solo había terminado la primaria- en la escuela nocturna de 9 entre 47 y 48, donde egresó como Técnico en Tornería y, con esa preparación, se empleó en la fábrica de cojinetes Minoli, de la calle 56 entre 1 y 2, donde fue un operario calificado y donde conoció a quienes serían sus grandes amigos y socios, Juan Giannelli y Delfino Cecatto, dos inmigrantes italianos con los que años más adelante fundarían la Compañía Rectificadora IGC.

“Habíamos juntado unos pesos -recordaba Emiliano- y decidimos ponernos un taller por cuenta propia. Alquilamos un galpón en la calle 122 entre 40 y 41, que era de un tío de Giannelli, y allí nos largamos. Trabajábamos en Minoli desde las 6 hasta las 14, y a la tarde nos íbamos a nuestro taller. Hasta que en el año 55 hubo un paro muy grande, y nos quedamos solo con nuestro taller”.

“A Emiliano no lo paraba nada, él bailaba con todas y si había que cantar, cantaba”

 

Por entonces, Emiliano ya había conocido a quien sería su esposa, Perpe de la Vega Galileo, también española, con quien se casó el 28 de mayo de 1955 en la iglesia San Francisco de calle 12 entre 68 y 69, y con quien tendría dos hijos, Julio César y Susana Victoria.

En aquellos tiempos, la palabra era más que una firma, y con solo la palabra el taller de aquellos emprendedores se iría equipando.

“La palabra era como un documento -decía Emiliano- y nos dejaban máquinas a pagar como pudiéramos. Pero había trabajo y nos iba bien, y la primera máquina la terminamos de pagar antes de lo acordado. Hacíamos rectificación de motores de camiones y micros, y a los tres años pudimos comprar un lote en la calle 13 entre 37 y 38, donde construimos un galpón que con el tiempo se fue agrandando, y luego otro lote más, hasta llegar a nuestro máximo esplendor en los años 70, donde llegamos a ser la rectificadora oficial de la Mercedes Benz. Hacíamos más de 100 motores por mes”.

LA AVENTURA DEL ESPAÑOL

La vida de Emiliano Abilio Isla Verde no se quedó, sin embargo, con aquel gran éxito empresario de los motores. Su propio motor lo llevó a ser un embajador de todo lo que tuviera que ver con España en nuestra ciudad, y aconvertirse, fundamentalmente, en el motor de la Asociación Española de Socorros Mutuos y Beneficencia, Hospital Español de La Plata, donde fue el presidente con mayor antigüedad ejerciendo el cargo, guiando a la institución en momentos difíciles, y logrando objetivos deseados por mucho tiempo, tanto en obras como en calidad hospitalaria.

En el año 1982 había ingresado como directivo a la Asociación, ocupando diferentes cargos hasta concluir como presidente en 1993. Pero fue también directivo de la Federación Argentina de Mutuales de Salud, y participó activamente en la creación de la Asociación de Clínicas, Hospitales y Establecimientos de Alta Complejidad (ACLIBA).

Isla Verde junto al doctor Pedro Belloni / EL DIA

Fue además tal su presencia y participación en las actividades de la colectividad española en nuestro país que, en 1988, por decreto del Rey de España, se creó el organismo llamado “Consejo de Residentes Españoles”, en el que Emiliano fue elegido para representar a los ciudadanos españoles.

Claro que también creó el Centro Castellano Leones La Plata; presidió el Consejo de Administración de la Fundación Española de La Plata, y en el año 2014 fue condecorado por la realeza española con la Cruz de Oficial de la Orden del Mérito Civil por sus servicios prestados a favor de ambas naciones, Argentina y España.

“Emiliano Isla Verde es un prócer -asegura el doctor Pedro Belloni, quien fuera hasta hace poco tiempo Director Médico del Hospital Español- y a todos nos dejó su legado de servicio. El era la máxima autoridad del Hospital, y trabajaba todo el día para el Hospital, no solo de manera “ad honorem”, sino siendo además co-responsable económico con su patrimonio. Ejercía su autoridad con el ejemplo, visitaba a los pacientes que estaban internados, se interesaba por su salud y conversaba con los médicos sobre sus tratamientos. Es un hombre de una calidad humana excepcional, como que todos los días de Navidad y Año Nuevo subía piso por piso para saludar personalmente a todos y cada uno de los empleados del Hospital, que son más de 600 personas. Y ni hablar de su accionar durante la terrible inundación que sufrió el Hospital, cuando se perdió casi todo, y fue él quien nos impulsó a salir adelante, y no paró hasta que lo logró. Creo que nunca hubo imposibles para Emiliano”.

Isla Verde se hizo hincha de Estudiantes poco después de llegar al país

 

Si bien este hombre nacido el 8 de agosto de 1925 en la provincia de Soria, la mas chica de España, continúa siendo aún hoy Presidente Vitalicio del Consejo Directivo del Hospital Español, quien lo sucede actualmente en el cargo ejecutivo, Alfredo Mendoza Peña, sostiene que “Emiliano lo es todo para el Hospital, es nuestro ejemplo, y personalmente para mí es como mi abuelo. El nos eligió y nos fue formando a cada uno de nosotros. Hay que tener en cuenta que él fue aglutinando a toda la colectividad española, que la Sociedad era una mutual que funcionaba como un club de barrio, y que Emiliano trabajó hasta convertirla en un centro de alta complejidad. Todo lo hizo con una sonrisa, nos decía que con una sonrisa se cura más que con cualquier medicamento. Y con esa sonrisa lo conseguía todo, como en la inundación, donde logró ayuda de todo tipo. Fue siempre el alma y el gran impulsor del Hospital Español, nos transmitía que no hay imposibles, y con anécdotas nos marcaba el camino. Nos contaba por ejemplo que en el año 1963 el Hospital sufrió un gran incendio, y que con la ayuda del Diario EL DIA hasta se llegó a organizar un partido de fútbol entre Estudiantes y Gimnasia para recaudar fondos para el Hospital. Pero todavía nos queda por completar otro de los sueños de Emiliano, que es el del Colegio Español, que estamos desarrollando en 8 hectáreas en Villa Elisa, con la idea de tener un Jardín de Infantes, primaria y secundaria, y que esperamos que Emiliano vea pronto concretado”.

JOTAS, CANTARES Y REGATEOS

Quienes lo conocieron en cualquiera de sus múltiples actividades, reflejan sobre Emiliano la imagen de un hombre serio y emprendedor. Pero también la de alguien que disfruta del canto, el baile, y la música de su tierra. Aunque, para su pesar, no parecían esas sus mayores habilidades, aunque nunca dejara de intentarlo con las jotas y el paso doble.

“Hombre, deja ya de cantar que no te sale bien”, le decía una y otra vez su amigo de toda la vida José Luis Sánchez Garciandia (91), quien lo conoció cuando ambos eran dos jóvenes inmigrantes españoles que no dejaban pasar ninguna fiesta de la colectividad que se organizara en la Ciudad.

“Pero a Emiliano no lo paraba nada -cuenta José Luis, quien es original de Navarra- él bailaba con todas y si había que cantar, cantaba. Siempre fue así, hablaba con un paciente del Hospital o con un ministro, él no tenía problemas. Pero lo que a mí más me impresionaba era su capacidad para negociar. Yo era Tesorero del Hospital y lo acompañaba en las reuniones en las que había cuentas de por medio. Una vez me dijo, vení que vamos a hacer una compra importante. Creo que era un tomógrafo, y terminamos en la gerencia de una multinacional. El aparato en cuestión valía, digamos, 600, y Emiliano con su sonrisa de siempre fue regateando y regateando hasta que lo sacó por 400. No sé cómo lo hacía, pero tenía una habilidad innata”.

“Otras veces -recuerda Garciandia- venía con un proyecto y me consultaba por las cuentas. En alguna oportunidad yo le decía que no se podía, y él con su sonrisa me decía ‘tenés razón, no se puede. Pero lo vamos a hacer igual’”. Y se hacía. Y ni hablar de su insistencia, si había que llamar treinta veces a una persona, él lo hacía. Pero siempre sin pelear con nadie, todo con una sonrisa”.

“El día de la inundación -cuenta Juan José sobre Emiliano- la tormenta lo encontró en la calle. Me llamó desde no sé dónde para pedirme que consiguiera un micro y lo fuéramos a buscar, pero al final al micro lo consiguió él, uno de la línea 7. Cuando lo traje a mi casa estaba empapado, pasó la noche aquí y lo primero que me dijo fue ‘tenemos que ir al Hospital’. Y a la mañana siguiente lo hicimos, aunque tuvimos que entrar en una lancha”.

Luis Sánchez Garciandia y Emiliano Isla Verde / EL DIA

“Hay mil anécdotas sobre Emiliano -rememora Garciandia- le gustaba ir a Mar del Plata y a Pinamar, y escuchar a la gente. Es una mezcla de autodidacta, diplomático, soñador... él conocía a todos y todos lo querían conocer. Una vez, en una recepción, ingresó un Primer Ministro español, y lo primero que preguntó fue: ‘¿quien es Isla?’. Hablaba con presidentes o con los trabajadores del camping al que llamamos “Prado Español”. ¿Sabe como lo consiguió? Me llevó en el auto a recorrer terrenos en Villa Elisa y me dijo ‘hay un señor que quiere vender’, y en media hora de charla terminó comprándole 8 hectáreas. Es un misterio cómo conseguía todo, pero también es cierto que tenía una terrible capacidad de trabajo. Y antes de cualquier reunión siempre me decía, ‘acá no se habla ni de religión, ni de fútbol ni de política’. Pero además, siempre fue un tipo muy divertido”.

Mientras tanto, entre el recuerdo de sus logros y emprendimientos, y con esa capacidad que quienes lo rodean califican como “la capacidad de solucionar problemas y el don de que nadie pueda decirle que no”, Emiliano Abilio Isla Verde sigue con su sonrisa de siempre en su casa de Tolosa y, a sus 96 años -“en agosto espero los 97”, dice- aguarda poder recuperarse de una lesión en la cadera para seguir haciendo cosas, “porque así no puedo hacer nada”, según se queja. Casi como si en su vida no hubiese hecho tanto.

 

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