Los tesoros ocultos de las ferias: vinilos, libros e historia

En la Ciudad conviven puestos que rescatan objetos del pasado: vinilos, pósters, libros únicos, cámaras analógicas y más

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Hay una intuición que se activa apenas uno pisa una feria platense: todo podría ser un hallazgo.

La ropa vintage suele llevarse el protagonismo, pero a unos metros —en mesas improvisadas, mantas sobre el pasto o puestos mínimos— aparece otro universo: el de los objetos que sobrevivieron a mudanzas, abandonos y herencias.

Tesoros inadvertidos que, puestos bajo el sol, cuentan algo de los secretos platenses y de quienes la caminan.

En Meridiano V, uno de los puntos más activos del circuito, los vinilos son un imán. Los feriantes aseguran que el rock nacional se mueve mejor que nunca: ediciones de Charly y Spinetta rondan los $5.000 a $12.000, mientras que los discos internacionales trepan un poco más según el estado.

Además, no faltan las rarezas: algún simple de Sui Generis bien conservado o ediciones españolas de los Beatles que, si aparecen, superan los $15.000, aunque puede haber una gran disparidad de precios. Todo depende del ojo, del tacto y de la paciencia.

En Plaza Italia, era habitual la venta de los libros usados que arman su propio archipiélago.

Hoy, todavía habitan en rincones de la Ciudad librerías antiguas que venden ejemplares usados que trabajan con editoriales antiguas: colecciones de Sudamericana, Losada o Kapelusz, con precios que van entre $5.000 y $10.000 según el título y la edición.

En temporadas de mudanzas —dicen los feriantes— circulan primeras ediciones más buscadas: cuentos de Bioy, poemarios de Pizarnik, novelas de Manuel Puig. También se encuentran manuales escolares de los años 70, atlas amarillentos y recetarios familiares que parecen escribirse solos.

La Estación Provincial guarda los objetos más inesperados: cámaras analógicas Minolta o Pentax que oscilan entre $25.000 y $60.000, dependiendo del lente y la mecánica; lámparas retro restauradas desde $18.000; pósters originales de cine nacional y afiches de recitales que arrancan en $10.000, entre otros.

Muchos compradores llegan sin buscar nada en particular y se van con una pieza que no sabían que necesitaban. Ese es el encanto: el hallazgo como forma de destino.

Caminar por estas ferias es asomarse a otra temporalidad. No hay algoritmos ni filtros: solo objeto, historia y cuerpo a cuerpo. Quizás por eso, aunque uno vaya por una campera o un jean, siempre termina husmeando estos otros rincones donde está lo imprevisible. Allí, entre polvo, sol y conversación, La Plata ofrece sus pequeños milagros.

 

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