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Victoria “Ducky” Melita: la princesa que se animó a desafiar la corona
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Nieta de la reina Victoria, la princesa Victoria Melita rompió con las reglas de su tiempo: se divorció en medio del escándalo, desafió a las cortes europeas y luchó por vivir su amor con el gran duque Kiril de Rusia, aun cuando la tradición y la política se lo impedían
Victoria Melita rodeada de dos de sus hermanas, María y Sandra / Web
Virginia Blondeau
Hoy celebramos el Día Internacional de la Mujer en recuerdo a un grupo de trabajadoras que en 1857, en Nueva York, lucharon por sus derechos. Esto nos da la pauta de que el nuevo rol de la mujer en la sociedad se viene gestando desde hace siglos y es, junto con el avance de la tecnología digital, la gran revolución que ha cambiado al mundo.
En las monarquías, una institución tradicionalmente machista, estos cambios fueron mucho más lentos y resistidos. Era común que las princesas no recibieran la misma educación que los príncipes ni tuvieran iguales derechos y libertades. Sin embargo hubo mujeres que se rebelaron y lucharon por lo que querían.
En nuestra entrega anterior hablamos de divorcios escandalosos pero nos quedó en el tintero el que pinta de cuerpo entero a una de las nietas más interesantes de la reina Victoria de Inglaterra.
La mayoría de las 22 nietas de Victoria que vivieron a caballito de los siglos XIX y XX hoy ocuparían los programas de chismes y las portadas en las revistas del corazón.
De personalidades fuertes, cinco de ellas llegaron a ser reinas y otras tantas ocuparon sitios destacados en las cortes de Europa, entre ellas la princesa Victoria Melita.
Ducky, como se la conocía, era hija del cuarto hijo de la reina Victoria y de la única hija del zar de Rusia Alejandro II. No le faltaba prosapia y la sangre azul que corría por sus venas le insufló orgullo, rebeldía y seguridad. Se llamó Victoria por su abuela y Melita porque nació, en 1876, en Malta, destino militar de su padre.
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La gran duquesa María, su madre, estaba muy arraigada a su Rusia natal y solía visitar el país una vez al año. En una ocasión la acompañaron sus hijas mayores, María y Ducky que quedaron prendadas de sus primos Boris y Kiril, unos mellizos guapos con quienes comenzaron a cartearse. El correo entre Malta y San Petersburgo ardía de pasión y cada encuentro anual les subía la temperatura. Para Boris y María el cuento no pasó a mayores pero Ducky y Kiril se enamoraron aún sabiendo que era una unión imposible: la iglesia rusa prohibía el casamiento entre primos hermanos.
La reina Victoria, que seguía de cerca los romances de toda su descendencia, consideraba a los rusos seres horripilantes así que para sacarle al Romanoff de su cabecita le hizo gancho a Ducky con otro de sus nietos. El elegido fue el príncipe Ernesto de Hesse, gobernante de un ducado alemán. También eran primos hermanos pero en las iglesias reformistas no era impedimento.
Ducky y Ernie se casaron en 1894 más porque debían qué porque querían y ya la noche de bodas fue un fiasco. Ducky le confesó a su hermana que la experiencia la había dejado “completamente destrozada y desilusionada”. Sin embargo eran almas gemelas a la hora de descuidar los deberes institucionales para irse de fiesta y la adusta corte germana se volvió un jolgorio solo interrumpido durante el embarazo de Ducky.
El fin de siglo XIX fue la época de oro de las cortes europeas. Bodas, jubileos y coronaciones hacían que los monarcas y sus familias fueran de aquí para allá con los baúles cargados de sedas, pieles y joyas. Casualidad o no, algunas veces coincidieron en los eventos Ducky y Kiril.
Evitarse no querían y vivir su amor a pleno, no podían. Ahora no solo eran primos hermanos sino que Ducky estaba casada y Kiril estaba bajo las órdenes de su primo el zar, quien debía autorizar las bodas de la familia.
Los acontecimientos se precipitaron en los últimos años del siglo y pusieron a Ducky en la mayor encrucijada: ser espectadora de su vida o convertirse en protagonista.
La pareja de Hesse estaba en crisis y solo los unía su hija. Ducky viajaba constantemente al extranjero y en unas de sus vueltas a casa encontró a su marido retozando en la cama con un muchacho. Sin deshacer valijas volvió a irse hasta que Ernesto enfermó y le pidió que regresara a su lado. Ducky lo cuidó con tanto esmero que quedó embarazada pero, como si estuvieran destinados al desastre, el niño murió antes de nacer.
Si no se divorciaron inmediatamente fue porque la reina Victoria, el zar de Rusia y todo el establishment monárquico pusieron el grito en el cielo. Y porque para Ernie su matrimonio representaba una comodísima pantalla.
Nadie es eterno y muerta la reina Victoria, en 1901, Ducky pidió el divorcio por “mutua antipatía invencible” y se bancó que todas las culpas recayeran sobre ella. Fue un escándalo mayúsculo, un atrevimiento. Ducky se convirtió en una de las pocas mujeres de la realeza que no desoyó a su corazón y que decidió no soportar humillaciones en nombre de la corona.
El zar de Rusia no dio el consentimiento para la boda así que Ducky y Kiril vivieron como amantes hasta 1905 en que se casaron en una sencilla ceremonia. Kiril, herido en la guerra, cayó en la cuenta de que era más importante enaltecer a la mujer de su vida que quedar bien con el zar quien, inmediatamente, lo despojó de títulos y estipendio. Finalmente en 1910 lo necesitó para dirigir sus tropas y pudo recuperar su estatus. Ducky se convirtió a la ortodoxia rusa y pasó a ser la gran duquesa Victoria Fiódorovna.
Fue una pareja unida pero su vida estuvo signada por la revolución rusa, que los obligó a emigrar, y por los avatares políticos.
Las muertes y abdicaciones de los Romanov convirtieron a Kiril en una especie de zar en el exilio. Vivieron entre Finlandia, Francia y Alemania y se mantuvieron con la venta de joyas y con las herencias. Tuvieron dos hijas y un hijo, que fue pretendiente al trono de Rusia con el nombre de zar Vladimir. Hoy su hija María es la autoproclamada jefa de la dinastía.
Ducky no tuvo una vida fácil y siempre eligió el camino más incómodo pero fue una de las pocas mujeres de su generación y estatus que luchó por su felicidad. marioyvirginia@yahoo.com.ar>
Victoria Melita rodeada de dos de sus hermanas, María y Sandra / Web
Victoria Melita y Kiril / web
Boda de Ernesto y Victoria Melita
La gran duquesa María, nieta de Kiril y Melita, con su hijo / web
Victoria Melita y Kiril / web
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